Discos. Viaje al centro de lo nuevo de Paul McCartney: se completa el rompecabezas Beatle
The Boys of Dungeon Lane, la obra en cuestión, es un viaje a los primeros años del músico, que tiene una expresión dulce y melancólica para referirse a ellos.
A los 83 años, Paul McCartney podría estar tranquilamente regando las plantas de su granja en Sussex o contando anécdotas de cuando conoció a Elvis. Pero no. El hombre que inventó el manual del usuario del pop moderno decidió, tras cinco años de silencio en el estudio, que todavía tenía algo que decir. O mejor dicho, algo que recordar.
El pasado viernes llegó The Boys of Dungeon Lane. Y no es un disco más. Es, según se desprende de sus propias entrañas, el álbum más personal e introspectivo de toda su trayectoria solista.
McCartney ha decidido apagar los amplificadores de estadio y encender la luz de la mesita de luz para contarnos cómo era todo antes de que el mundo se volviera loco con la flequillo-manía.
Campaña de cercanía
La campaña de lanzamiento no fue un despliegue de marketing frío de Silicon Valley. Fue un viaje puramente emocional.
En Liverpool, el mítico bar The Jacaranda (donde los Beatles dieron sus primeros pasos) se rebautizó temporalmente como The Maccaranda. Allí, entre “macarritas” y vinilos, los fans pudieron escuchar las canciones por primera vez en un ambiente que olía a puerto y a nostalgia.
Porque de eso trata este disco: de la resiliencia de sus padres, de la infancia en la posguerra y de esas primeras aventuras con George Harrison y John Lennon, cuando solo eran tres chicos con guitarras baratas y un hambre voraz de mundo.
The Boys of Dungeon Lane es, en palabras del propio material promocional, “la historia antes de LA historia”.
Uno de los momentos más magnéticos de esta previa fue el encuentro en el Dungeon Lane Cafe. Allí, Sir Paul se sentó a tomar el té con el actor Paul Mescal.
Al igual que la estrategia antes mencionada, no fue una entrevista acartonada; más bien fue un cruce generacional donde las historias detrás de las canciones brotaron de una manera distinta, permitiendo que los recuerdos de Dungeon Lane fluyeran con la naturalidad de quien le habla a un amigo.
Esa misma cercanía se vivió en el Estudio Dos de Abbey Road, donde Paul McCartney invitó a un puñado de elegidos para escuchar el álbum y, entre tema y tema, se dedicó a desgranar el origen de cada acorde.
Para quienes no estuvimos ahí, queda el consuelo (y el tesoro) de The Boys of Dungeon Lane: Track by Track en plataformas, un mapa guiado por la voz del maestro.
La crítica, rendida otra vez
Cuando el disco finalmente “encontró su lugar en tocadiscos, autos y auriculares”, el veredicto de la prensa especializada fue unánime: el genio melódico de Macca sigue intacto.
The Guardian dice que su don para la melodía “sigue asombrando”, mientras que Rolling Stone no duda en calificarlo como una “obra maestra de la última etapa de su carrera”. No es para menos. Billboard destaca esa dualidad tan suya: una voz que por momentos suena “firme y robusta” y, de repente, se vuelve “delicada y vulnerable”.
Es esa vulnerabilidad la que atraviesa el disco de punta a punta. McCartney escribe con una franqueza inusual sobre el paso del tiempo, pero —como bien señala The Times— siempre nos deja con una sensación de optimismo. Es “puro Macca”.
Los impulsos
¿Qué hace que un hombre que lo ha ganado todo siga buscando la canción perfecta? Quizás la respuesta esté en esas 14 canciones que el Mail On Sunday describe como “sorprendentemente modestas y sencillas”. McCartney no necesita demostrarle nada a nadie, y es precisamente esa falta de pretensión lo que hace que The Boys of Dungeon Lane sea tan potente.
No es un disco para robots. Como bien apuntó Metro, está tan impregnado de honestidad que tendrías que ser de metal para no sentirte conectado.
Es el trabajo de un maestro artesano que, mirando hacia adentro, ha logrado que su infancia en Liverpool sea un espejo para todos nosotros.
Paul McCartney nos ha regalado un álbum que es un alegre recordatorio de su genio. Es un disco que se siente como un regreso a casa, incluso antes de que termine la primera escucha.
Para los que crecimos (y seguimos creciendo) con su música, The Boys of Dungeon Lane es un regalo inesperado. Es la prueba de que la “larga y sinuosa carrera” de Sir Paul no va a terminar con un suspiro, sino con la vigencia de quien sabe que la melodía es la única forma de ganarle al tiempo.
En el último correo que recibimos aquellos suscriptos al newsletter de Sir Paul, tiene por encabezado el siguiente encabezado “Este álbum es tuyo”. Y es verdad, tras la escucha de The Boys of Dungeon Lane nunca nos sentimos tan dueños de un pedazo de su historia.
No tan a favor
Sin embargo, hay un crítico que no se alineó al consenso antes relevado. Fue David Bauder de la agencia AP, para quien “no hay que esperar profundas cavilaciones sobre la mortalidad de McCartney mientras se acerca a su cumpleaños 84”.
“De todos modos, ese no sería su estilo. En su mejor momento, el álbum (que toma su nombre de una calle de Liverpool) ofrece recuerdos entrañables de su juventud”, añade.
Y luego detalla que en Down South evoca viajes en colectivo con George Harrison que fueron una buena manera de conocerlo, antes de que aprendieran a twistear y a gritar; y que en Days We Left Behind “mira hacia atrás a la impermanencia de la vida con cariño, no con arrepentimiento”.
Más adelante, esta review se mete con el hecho de que lo nuevo de Paul McCartney esté producido por el productor de moda. “McCartney trabaja con un productor casi 50 años menor que él, Andrew Watt, quien recientemente inyectó nueva vida a los Rolling Stones. Watt acierta al no intentar vestir a McCartney con ropa musical nueva y de moda”, observa el periodista especializado.
“McCartney toca más del 90% de los instrumentos aquí, pero el disco no tiene un aire de ‘hacelo vos mismo’. Es un álbum directo de pop-rock —agradable por momentos, inofensivo en otros”, suma Bauder antes de pegar duro en serio.
“La edad ha pasado factura a la voz antes flexible de McCartney, algo más evidente cuando busca notas altas o cuando, en la canción que abre el álbum, As You Lie There, intenta rockear”, sostiene.
“Suena como un hombre mayor en Days We Left Behind, aunque eso potencia la canción dado su tema. Su capacidad, antes inigualable, para crear melodías memorables también se ha desvanecido, y como resultado The Boys of Dungeon Lane avanza con pesadez en algunos tramos”, desarrolla a continuación.
Y termina con esta sentencia: “¿Es justo comparar a un McCartney de 83 años con su mejor versión juvenil? Por supuesto que no. No sería justo para nadie. Aun así, también es prudente moderar las expectativas al escuchar The Boys of Dungeon Lane”. Totalmente en desacuerdo, David.
Detalle histórico
Un detalle que suma para la historia es que esta obra contiene a Home to Us, el primer dueto entre Paul McCartney y Ringo Starr, los dos Beatles sobrevivientes. “La canción habla de dónde venimos. Como mucha gente, vinimos de la nada y nos construímos. Ringo era de Dingle, y eso era muy duro. Solían asaltarlo cuando volvía a casa, porque trabajaba. Ese era nuestro hogar. De ahí salimos”, cerró Paul.



