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Espectáculos - Música

Punto de vista. Lo que deja el "affaire" Rosalía: la cultura de la cancelación, cada vez más brutal e impredecible

Un desafortunado movimiento de redes puede desatar una ola de descontento imparable y de consecuencias impensadas. Javier Bardem y Patti Smith, por su parte, dieron muestras de postureo imprudente.

22 de julio de 2026, 16:40
Lo que deja el "affaire" Rosalía: la cultura de la cancelación, cada vez más brutal e impredecible
Rosalía, durante su show en el Lollapalooza Argentina 2023.

Por estos días y en el mundo del espectáculo, la cultura de la cancelación está mostrando su cara más intolerante. Y su cara más imprevisible, por las derivaciones que tiene la decisión de cargar contra tal o cual artista. Pueden dar cuenta de ello los impulsores de “Rosalía en Concierto”, una ambiciosa apuesta sinfónica que recorre la carrera de la cantaora catalana y que está programada para este viernes en el Pabellón Argentina de la UNC.

Después de meses de recorte de repertorio, lluvia de ideas, decisión de enfoque y ensayos, se encuentran con que, a días del estreno, la sujeto de su homenaje es a su vez objeto de hostilidad digital por haber empoderado cierto sentimiento antiargentino, desatado durante el reciente Mundial de fútbol 2026.

El pecado de Rosalía fue compartir en sus perfiles de redes un video en el que la exactriz porno Mía Khalifa se burla de los hinchas argentinos, aún dolidos por la derrota en la final contra España.

Ese contenido consiste en la interpretación de La perla, un vals con marcadas influencias mejicanas y una estructura musical en compás de ¾, por parte de la ahora influencer-apostadora libanesa. Esa canción, la más cantable de Lux, el último disco de Rosalía, es un dardo a un extóxico al que ella llama “perla” con ironía maliciosa. El tema fue que Mía Kalhiha nos llamó “perlas” y ¡¡¡pum!!!, explotó el indignómetro argentino.

Indignómetro argentino cebado por la desazón de un resultado deportivo y que no sólo se mensuró en las respuestas a la publicación de Rosalía sino también en la de Impacto Producciones, la organizadora de la apuesta sinfónica del viernes. Tan espesa se puso la mano, que tuvieron que emitir un comunicado tanto para advertir cómo afecta esta situación a sus intereses artísticos-económicos como para dejar sentado un punto de vista.

“Somos una productora artística independiente que no representa ni actúa en nombre de Rosalía, no administra sus redes sociales ni participa en sus decisiones personales o profesionales”, dice el texto mencionado, en el que Impacto Producciones suma que, en su seno, comprenden el profundo significado que el fútbol tiene para la sociedad y la identidad nacional.

Para el ensamble cordobés, el desafío de este viernes será lograr que la música prevalezca sobre el ruido mediático, por lo que en la continuidad de su declaración reafirmaron su compromiso con “la promoción de espacios donde la música, el arte y el diálogo respetuoso puedan convivir, aun cuando existan diferentes puntos de vista”.

Está claro, entonces, que la cultura de la cancelación es brutal y, que hoy puede dispararse a partir de un simple me gusta o reposteo en redes de una posición medianamente incorrecta (no cargan contra Rosalía por abusar o por sumir a la esclavitud a alguien), con consecuencias inimaginables.

El video de Mia Khalifa que compartió Rosalía

Indignación desde el desconocimiento

Pero una cosa es esta supuesta “desatención” de Rosalía (se disculpó diciendo que lo compartió porque Khalifa cantaba La perla sin saber con qué intención lo hacía) y otra, muy distinta, representan los insólitos pronunciamientos de redes del actor Javier Bardem (español) y de la cantante, madrina del punk, Patti Smith.

En este caso se trata de una toma de posición sesgada e imprudente con la idea de reafirmar una posición propia desde el desconocimiento absoluto del encuentro de fuerzas intestinas propias de la Argentina.

Todo esto no debe leerse como un ataque directo a nuestra identidad, sino como una manifestación del postureo moral propio de una elite desconectada.

Es ese activismo de salón da lugar a que celebridades millonarias adopten causas para alimentar su propia imagen de superioridad ética y lancen consignas simplistas desde la seguridad de sus privilegios.

Durante la final del Mundial 2026, fuimos testigos de cómo se utilizó el deporte para impartir lecciones de moralidad.

Patti Smith, por ejemplo, llegó a calificar a la selección española como “los buenos”, sugiriendo que, por descarte, los argentinos representábamos el bando de la maldad, todo esto apoyado en imágenes generadas por IA que mezclaban el fútbol con símbolos del conflicto en Medio Oriente. Por su parte, Bardem politizó el encuentro al vincular el rechazo a la Selección con la afinidad del presidente Javier Milei hacia Netanyahu.

Un partido de fútbol funciona como un referéndum sobre política exterior sólo si el país de una de las selecciones competidoras ocupa ilegalmente el territorio de la otra. En cualquier otro caso, siempre habrá matices.

Lo más revelador de este narcisismo es la facilidad de su retractación. En cuanto la opinión pública les dio la espalda, Smith pasó rápidamente de los juicios morales a los elogios a Messi y fotos del Cementerio de la Recoleta, alegando un “profundo cariño” que no se vio por ningún lado en sus posteos originales.

Estas disculpas de compromiso demuestran que su supuesta solidaridad no es más que un eslogan de época, carente de profundidad o comprensión real de nuestra perspectiva. Bardem, por su parte, parece creer que no existente argentinos sensibles con la causa Palestina.

Al final, el ciudadano argentino queda atrapado en una pinza insoportable. Por un lado, debe lidiar con la compleja realidad interna del gobierno de Milei y, por otro, soportar la condescendencia de artistas que nos usan como escenario para sus poses éticas. Insoportable.