Aves de Córdoba. La historia detrás de la foto: el muy vistoso naranjero, o siete colores
Es una de las especies más atractivas para el avistaje en Córdoba, y posible de hallar en diversos ámbitos. La marcada diferencia entre macho y hembra y las curiosidades de su nombre.
Es uno de los pájaros más fotogénicos. La imagen colorida corresponde a una de las aves más lindas que tenemos en Argentina y, particularmente, en Córdoba. Se trata del famoso siete colores (Pipraeidea bonariensis).
Y digo siete colores porque, aunque hoy en la mayoría de las guías de aves y en sitios de internet aparece con el nombre de "naranjero", para muchos cordobeses siempre fue conocido por el otro nombre, alusivo a sus colores.
Esto nos permite reflexionar sobre algo interesante: las aves, como muchas otras expresiones de la naturaleza, también forman parte de la cultura de cada región.
Durante generaciones, las distintas especies recibieron nombres populares que surgieron de la observación cotidiana y fueron transmitiéndose de forma oral entre pobladores, aficionados y naturalistas.
Con el desarrollo de nuevas guías y publicaciones especializadas, se hizo necesario unificar criterios y adoptar nombres comunes para todo el país. Esto facilitó enormemente la comunicación, el estudio y la divulgación de las especies.
Sin embargo, ese proceso también fue dejando en segundo plano muchos nombres regionales que habían acompañado a estas aves durante décadas.
En el caso de esta especie, el nombre "naranjero" terminó imponiéndose en la bibliografía moderna, mientras que "siete colores" quedó asociado a una forma tradicional de nombrarla en buena parte de Córdoba y en regiones cercanas.
No se trata de elegir entre un nombre y otro. Ambos son válidos en sus respectivos contextos. Pero es importante recordar y conservar estos nombres populares porque forman parte de la historia natural y cultural de cada lugar. Son una muestra de cómo las comunidades se relacionaron con las aves mucho antes de que existieran las guías modernas.

Desplazamiento y selección sexual
Entre sus aspectos más llamativos, se encuentra la notable diferencia de plumaje entre machos y hembras. Los siete colores cambian entre ambos.
Mientras el macho exhibe una combinación de tonos negros, celestes y anaranjados que lo convierten en una de las aves más vistosas de nuestros montes, la hembra presenta colores mucho más discretos, dominados por verdes oliváceos y pardos que le permiten confundirse con la vegetación.
Esta diferencia responde a un proceso evolutivo conocido como "selección sexual". A lo largo de miles de generaciones, las hembras han elegido para reproducirse a los machos con colores más intensos y llamativos, una señal de buena salud, de capacidad de obtener alimento y de aptitud para sobrevivir.
Al mismo tiempo, las hembras conservaron una coloración más críptica, una ventaja fundamental durante la incubación y la crianza de los pichones, cuando pasar desapercibidas puede marcar la diferencia entre el éxito o el fracaso reproductivo.
Pero el naranjero no sólo resulta interesante por sus colores. También lo es por la forma en que se desplaza a través del paisaje.
Cuando hablamos de migraciones de aves, solemos pensar en especies que recorren miles de kilómetros cada año, como las golondrinas o las tijeretas, que viajan entre distintas regiones del continente siguiendo las estaciones. Sin embargo, no todas las aves migran de la misma manera.

Existen migraciones parciales, altitudinales y también movimientos denominados "erráticos" o "nómades". En estos casos, las aves no siguen una ruta fija ni se desplazan siempre en las mismas fechas. Su presencia en un lugar depende principalmente de la disponibilidad de recursos.
El naranjero es un excelente ejemplo de este tipo de comportamiento. En gran parte de Argentina, se lo considera una especie residente, pero realiza desplazamientos locales y regionales siguiendo la oferta de frutos. Allí donde los árboles nativos o exóticos producen abundantes frutos, los naranjeros aparecen con mayor frecuencia. Cuando ese recurso disminuye, se desplazan hacia otras áreas en busca de nuevas fuentes de alimento.
Por eso hay años en los que parecen abundar en determinados sitios, también en Córdoba, y otros en los que resulta mucho más difíciles de observar.

No se trata de una migración regular como la de otras especies, sino de movimientos flexibles vinculados a la dinámica natural de los ambientes que habitan.
Así, tanto sus colores como sus desplazamientos cuentan una misma historia: la de una especie moldeada por la evolución y estrechamente ligada a la salud y diversidad de los ecosistemas donde vive.
- Guillermo Galliano es fotógrafo de naturaleza y presidente de la Fundación Mil Aves, de Córdoba



