Entrevista. Dana Colley, de Vapors of Morphine: Suspendemos el tiempo para que te olvides del mundo
El saxofonista habla sobre los propósitos del proyecto que lidera, en el que rinde homenaje a su fallecido compañero Mark Sandman y que vuelve a Córdoba este sábado.
Vapors of Morphine, el trío estadounidense que mantiene viva (y que lleva a un nivel abrasivo a) la llama psicodélica de Morphine, tiene fecha agendada en Córdoba. Es la del sábado en Club Paraguay (Av. Marcelo T. de Alvear 651), para la que los organizadores convocan a las 19.
Las entradas están disponibles en Al Pogo.
Formado por Dana Colley, saxofonista original y cofundador de Morphine, Jeremy Lyons (voz, bajo de dos cuerdas y guitarras) y Tom Arey (batería), este proyecto deambula con desenfado y pretensión de suspensión sensorial por el blues, el jazz, la psicodelia y las raíces africanas. Y en sus directos, las sensaciones de transportarse, de huir e incluso la de curarse siempre se ponen de manifiesto.
En suma, Vapors of Morphine genera una propuesta “intensa y emocional: una experiencia musical profunda y única, anclada en el llamado ‘low rock’ que ayudó a definir el bajista Mark Sandman, el líder de Morphine fallecido en 1999.

“Para ser honesto, es toda una emoción para nosotros volver y tener recepciones tan increíbles como las que hemos tenido en Argentina y otras países de Sudamérica. Pero hay una cierta conexión que tenemos con ustedes que es... no estoy muy seguro de cómo explicarlo, pero es como un sentimiento, ¿sabés?”, comienza Dana Colley al ser contactado por La Voz y como si tuviera muy asimilado el cántico “Olé, olé, ole; olé/ Olé, olé, olé, olá/ Oh/ Soy Morphine/ Es un sentimiento/ No puedo parar”.
–Para empezar la entrevista me enfoco en “Cure of Pain”, título de uno de sus clásicos. ¿Es así como ves a Vapors of Morphine? Quiero decir, si tu música no cura el dolor, al menos te permite escapar de él.
–Se podría decir que sí. Creo que por eso la música ha sido tan importante para nosotros últimamente. Es la idea de que, por ese período de tiempo en que escuchas o asistís a un espectáculo, hay una suspensión del tiempo y de la realidad que te permite olvidar, tal vez por un rato, el estado del mundo o... A ves, no necesitamos ni siquiera ir por ahí, pero creo que todos sabemos a qué me refiero.
–Tengo una pregunta para eso al final, pero ahora te consulto sobre los aspectos musicales que preservaste y los que cambiaste, modificaste o eliminaste sin tu compañero Mark Sandman. ¿Qué tiene Vapors of Morphine de Morphine mismo?
–Bueno, Jeremy Lyons, por una parte, toca un increíble bajo de dos cuerdas con slide y, si lo escuchas, suena mucho al sonido que Mark obtenía. Es muy similar y tiene un matiz en su ejecución que realmente resalta ese sonido. Así que el sonido que sale del escenario va a sonar muy, muy único, de la manera en que solo Morphine sonaba. Pero, al mismo tiempo, son tres músicos diferentes tocando juntos y pueden ir a cualquier parte desde ahí. Buscamos hacer cosas que no hacíamos con Morphine; tenemos que evolucionar dentro de la estructura de la canción.
–Hacen cosas que no hacían.
–Sí. Bueno, yo no estaba electrificado; no tenía una configuración eléctrica con Morphine. Tocamos canciones diferentes: algunas canciones africanas, canciones del Delta y canciones que hemos escrito post-Morphine. Hay un catálogo diferente, se podría decir.
En vínculo de Vapors of Morphine con Sergio Dawi
–¿Sos consciente de la importancia del saxofón en el rock argentino? Y a propósito, el año pasado en Buenos Aires invitaste a Sergio Dawi (de Los Redondos) a tu show. ¿Cómo lo conociste?
–Nos presentó una amiga común, Misella. Mientras empezábamos a entender la historia del rock argentino y su importancia —la de Sergio y su grupo, la de Charly García, por ejemplo—, supimos por un amigo que Sergio era fan de Morphine y que estaría interesado en tocar con nosotros. Dijimos “por supuesto que sí”. Desde entonces, cada vez que volvemos, él sube al escenario y se une a nosotros. Eso conecta las cosas para nosotros en términos de comunicación con el pueblo argentino de una forma que no podríamos haber hecho de otra manera. Es una conexión increíble que dice más con esa colaboración que lo que podés decir con el lenguaje. Es un honor tenerlo como parte de nuestra noche.

–¿Van a estar conectados de nuevo en esta gira?
–El rumor dice que sí.
–¿En qué momento de tu vida te enamoraste del saxofón y cómo es tu relación diaria con él?
–Desearía poder tocar todos los días durante muchas horas, pero es una relación continua que requiere una cantidad enorme de atención, de lo contrario te dejará frío. Es muy parecido a un amante: si no le prestás atención, te abandonará. Es algo que tengo que practicar; cada oportunidad que tengo de tocarlo, lo hago. Estoy en mi estudio ahora y me están esperando por allí.
–Tu relación con el instrumento empezó en la escuela, ¿no?
–Prácticamente en la escuela primaria. Había un programa de música en mi escuela pública que permitía a cualquiera elegir un instrumento de banda. Empecé con el clarinete y luego pasé al saxofón en el séptimo grado. En la universidad empecé a tocar con otras personas en zapadas y me di cuenta de que quería centrarme más en mi ejecución, desarrollar mi sonido y ser más serio al respecto. Luego pude tomar eso y crecer junto con el inicio de una banda como Morphine, que me dio mucho espacio para explorar esa evolución.
–¿Recordás el momento en que se acuñó la expresión “low rock” para describir la música de Morphine? ¿A quién se le ocurrió?
-Es una de esas cosas de cuando hablás con la prensa. Para satisfacer a los periodistas que buscaban ponernos en una categoría, les dimos una. Creo que fue Mark, obviamente, quien lo apodó low rock. También lo llamó fuck rock, sólo para ver si la gente se animaría a escribirla. Alguien lo hizo y se convirtió en este género que no existía hasta que Mark lo inventó.
–En varias entrevistas consideras que “Cure of Pain” es la obra maestra de Morphine sobre “Yes” y “Good”. ¿Por qué?
–Porque ese disco habla por sí mismo. Es muy sólido de principio a fin. La batería de Jerome Deupree fue capturada en el pináculo de sus habilidades, de una manera muy espontánea pero fuerte y directa. Las canciones en sí son muy icónicas. Grabamos en cinta de dos pulgadas en Fort Apache y, para cuando entramos ahí, estábamos listos después de mucho tiempo en la ruta. De todos los discos, es el que más destaca para mí.

–¿Cómo describirías el legado artístico de Mark Sandman y cómo creés que lo honrás en los shows de Vapors of Morphine?
–Cualquiera que continúe un legado musical espera estar honrando a esa persona. Es nuestro intento. La música para mí es una relación muy personal y es uno de los únicos lugares donde siento que tuve algo que ver desde el principio hasta el final. Es parte de mi legado, del de Mark, del de Billy Conway y del de Jerome Deupree. Nuestro objetivo es continuar con lo que creamos durante el tiempo que podamos y honrar a nuestros colaboradores, especialmente a Mark como cantante y escritor.
–Ahora sí: ¿Cómo es vivir en los Estados Unidos cuando los Estados Unidos están en guerra?
–¿Por dónde empiezo? Cada día me despierto esperando que algo haya cambiado, esperando que él (tácito de Donald Trump) haya sido sacado del poder y que el sistema democrático se mantenga. Es tan descarado que te quedás paralizado para responder. Cuando tenés un gobierno comprado por el gran dinero, es difícil depender de esos ideales democráticos. Antes éramos un modelo para el mundo en cuanto a justicia y decencia humana, y ahora, en mi visión por lo que hemos hecho a Venezuela o Irán, este tipo se tiene que ir. Quiero que se vaya porque la ley lo sostenga. Así es como me siento siendo estadounidense.



