Estreno. Por qué Núremberg: el juicio del siglo es un filme al que le falta profundidad
El filme sobre uno de los hechos históricos más relevantes del siglo pasado se queda a mitad de camino. Las actuaciones de Rami Malek y Russell Crowe tampoco hacen la diferencia. Calificación: regular.
Los juicios de Núremberg son un hito de decencia en el siglo precedente que acopió episodios vergonzosos por doquier. Que los responsables del terror sistemático hayan tenido que comparecer ante un tribunal internacional por crímenes de lesa humanidad y tras ser juzgados acatasen la sentencia dejó jurisprudencia.
Lo que sucedió con los nazis entre el 1 de septiembre de 1945 y el 1 de octubre de 1946 en Alemania fue exactamente lo mismo que pasó con nuestros fascistas vernáculos en el juicio a las juntas militares en 1985, entre el 22 de abril y el 9 de diciembre.
En ambos casos, el debido proceso tenía un propósito: hacer justicia; también prever que nunca más se pudiera repetir formas de exterminio y violencia estatal de esa índole.
No es la primera vez que el cine intenta retratar el juicio a los jerarcas nazis; y probablemente no será la última que se intente filmar los rostros de la abyección. Pero Núremberg: el juicio del siglo, de James Vanderbilt, nunca será recordada como la referencia ineludible en la materia. Su ubicua didáctica puede llamar la atención de aquel que recién siente el deseo de saber algo sobre lo sucedido después del final de la Segunda Guerra Mundial.
La información que ofrece no difiere mucho de la que podría suministrar ordenadamente cualquier inteligencia artificial, más allá de que el punto de vista elegido pretende situarse desde la psicología de mediados del siglo 20. El origen de la película es un libro: El nazi y el psiquiatra, de Jack El-Hai, que compendia la interacción entre el psiquiatra del Ejército de Estados Unidos, el doctor Douglas M. Kelley, y Hermann Göring, el nazi más poderoso, tras los suicidios de Hitler y Heinrich Himmler.
El relato comienza en el último día de la guerra y culmina cuando Hermann Göring parece vencer la retórica del fiscal Robert H. Jackson, hasta que el informe del psiquiatra suministra, en el último minuto, un signo capaz de doblegar la defensa del acusado.
Todo eso sucede en 148 minutos, tiempo suficiente para administrar, con la eficiencia propia de un relato pedagógico para principiantes, la ilustración del contexto histórico, las implicancias políticas de la institución del juicio y la psicología del fascismo.
El corazón del relato pasa por la relación entre Kelley y Göring, una relación entre paciente y analista cuya puerilidad se verifica en la pereza de los intercambios verbales y en una codificación gestual que parece el remedo de una partida de truco.
Que el alemán de Russell Crowe y su inglés germánico resulten verosímiles es lo de menos, porque poco tiene para trabajar a favor de su interpretación de Göring, ni tampoco se beneficia del contrapunto dramático con Rami Malek, cuya actuación desdibujada, se erige en expresiones faciales de catálogo y números de magia que resultan vistosos para los niños e incluso para los monstruos.
El mejor momento de Núremberg ocurre cuando algunas imágenes de archivo de los campos de concentración toman la película; en ese instante, la verdad de una imagen vuelve completamente banal la puesta en escena de un filme que, al menos, tiene la voluntad de recordar que el fascismo nunca está derrotado para siempre.
Para ver Núremberg: el juicio del siglo
Núremberg, Estados Unidos, Hungría/2025. Dirección: James Vanderbilt. Guion: James Vanderbilt. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Brian Tyler. Edición: Tom Eagles. Elenco: Rami Malek, Russell Crowe, Michael Shannon, Leo Woodall, John Slattery, Richard E. Grant, Colin Hanks, Wrenn Schmidt, Andreas Pietschmann, Lotte Verbeek, Lydia Peckham, Dieter Riesle. Duración: 148 minutos. Calificación: solo apta para mayores de 13 años con reservas. Distribuidora: Diamond Films. En cines.

