Desde Francia. El Festival de Cannes sigue viento en popa y le tocó el turno a lo femenino

"La vida de una mujer" y "Las notas de Nagi" exploran la vida de mujeres y su sexualidad.

14 de mayo de 2026 a las 06:09 p. m.
Redacción La Voz
El Festival de Cannes sigue viento en popa y le tocó el turno a lo femenino
La vie d’une femme (La vida de una mujer) película francesa. 

La preocupación por el cupo femenino detrás de cámara se hizo saber apenas se dio a conocer la selección oficial: de 22 películas, solo 5 eran de directoras mujeres. La inquietud no proviene de ninguna sobreactuación histérica sobre la igualdad de género.

Es una cuestión fáctica y vergonzosa de la historia del cine: ¿cuántas películas fueron filmadas por mujeres en todo el mundo hasta la década de 1960? ¿A cuántas recordamos?

La vie d’une femme (La vida de una mujer) es una de las cinco películas dirigidas por una mujer. Detrás de cámara está Charline Bourgeois-Tacquet, delante de cámara, la extraordinaria Léa Drucker.

La película consta de once capítulos que dividen en episodios distintos momentos de la vida de una cirujana de renombre. A Drucker se le puede pedir que sea astronauta, mendiga, asesina, policía o funambulista, y cumplirá. El papel asignado en esta oportunidad no parece exigirle demasiado, excepto por una escena amorosa con otra mujer. Los matices los puede transmitir con un minúsculo movimiento de una ceja. Tal vez un desnudo a los 54 años no implica ningún riesgo sustantivo, pero el pudor existe y frente a cámara nadie es exactamente como cree ser. Drucker, por sus personajes, acepta lo que sea.

Bourgeois-Tacquet compila situaciones cotidianas asociadas al trabajo −el de una médica que milita su profesión− con otras que delimitan su vida personal: la relación con su pareja y sus hijos de otro matrimonio, las clases dictadas a los practicantes, las conferencias profesionales, los problemas familiares definen los capítulos.

El punto de inflexión es el encuentro con una escritora que escribirá sobre ella. Lo más interesante de ese vínculo es la relación amorosa que tardíamente surge entre las dos mujeres, porque no conlleva el final de la relación de pareja de la médica, porque su coompañero sabe de ese amor paralelo y no interfiere en el vínculo.

No es necesariamente el cliché de la pareja abierta y la presunta libertad de no prometerse exclusividad con quien se vive. En todo caso, es una vía poco transitada del entendimiento entre personas que se acompañan pero que no proyectan sobre quien dicen amar el concepto de propiedad. El resto de la trama es propio de la burguesía francesa, con sus tribulaciones azarosas y sus privilegios apenas vistos como tales.

Las notas de Nagi

La segunda película de competición es sobre mujeres, se titula Nagi Notes (Las notas de Nagi), pero está filmada por un hombre: Fukada Kôji. El erotismo sobrevuela la trama, pero nada se ve y todo lo que se dice (más de lo habitual) viene acompañado de los rituales característicos de la cultura japonesa con sus inflexiones en el tono del habla y las reverencias correspondiente a la materia afectiva que esté en juego. ¿Es solamente eso?

Nagi es un pueblo al sur del Japón en el que viven apenas unos 6000 habitantes. El plano inicial es la página de un calendario: 13 de marzo. El relato termina el 21 del mismo mes. El tiempo coincide con el de la visita de una arquitecta a la hermana de un hombre que fue su pareja mucho tiempo atrás. La anfitriona es escultora, y durante la semana completa, que es el tiempo de la película, la arquitecta posa mientras ella talla cuidadosamente su figura en madera de alcanfor. Observar, esculpir y conversar, los tres verbos que definen la trama.

Las notas a la que refiere el título podrían ser musicales, como también las de un diario. Cada personaje representa un tono, y las dos mujeres no son las únicas. Los otros: hay un viudo, padre y enamoradizo, y dos adolescentes que no saben muy bien qué hacer de sus vidas, aunque tienen talento para el dibujo; en la trama no son un decorado simbólico.

La sexualidad es una misteriosa e inesperada constante: se habla de amores fallidos entre un hombre y una mujer, como también entre dos mujeres, y el propio relato, además, es testigo del nacimiento del amor entre dos adolescentes varones.

El erotismo no es igual para todos. Amar en japonés no es igual que hacerlo en inglés o en castellano. El lenguaje talla las pasiones y en la palabra se encastran las pulsiones que se reorganizan según costumbres. Fukada es muy preciso en la escenificación microscópica de los rituales. La intimidad japonesa no se muestra de inmediato; es más bien un trazo que delinea un sentimiento revestido de procedimientos que retienen su expresión directa. También puede verse en los sueños, donde es más fácil desinhibirse y decir lo que se necesita.

Varias escenas tienen lugar en el museo de arte contemporáneo conocido como Nagi MOCA, en el que hay exhibiciones diversas y los niños pueden ser partícipes de talleres y conferencias.

En una escena clave y hermosa, se puede apreciar una clase sobre la cámara obscura; se habla de Johannes Vermeer, de la naturaleza de la percepción humana, y los niños y las niñas atienden y se maravillan. Todos los presentes miran desde la cámara, lo que es parte del atractivo. Y Fukada entiende muy bien que es un buen momento para incluir planos subjetivos.

El mundo invertido entonces se ve invertido, y se vuelve así más misterioso, en particular cuando las personas caminan. Es el momento elegido por Fukada para que un personaje dé a conocer sus secretos. Es delicado el cineasta japonés, es delicada su película.