Compartir
Deportes

Análisis. El otro triunfo de Zielinski: la normalidad también es exitosa

Dirige sin exaltarse, sabiendo que las alegrías y las tristezas nunca son definitivas. "El Ruso" llegó a lo más alto lejos de los estereotipos. Con visión de economista, sabe admistrar recursos escasos. Y salió campeón.

27 de mayo de 2026, 16:05
El otro triunfo de Zielinski: la normalidad también es exitosa
Belgrano le ganó 3-2 a River en el Kempes y es el campeón del Torneo Apertura.

No conozco personalmente a Ricardo Zielinski. Nunca hablé con él. Trabajé en Deportes de La Voz 15 años y nunca lo entrevisté. Sobre su vida privada, sé cómo le dicen y no mucho más; y lo he visto decenas de veces en conferencias de prensa, después de triunfos resonantes y también tras derrotas duras. Con toda esa data, “el Ruso” siempre me produjo la misma impresión. La de un hombre que parece inmune al clima histérico del fútbol argentino.

No exagera, no se autopercibe un revolucionario táctico, y nunca convierte una victoria en una batalla cultural ni una derrota en un drama existencial. Mientras el fútbol se llena de técnicos que parecen influencers motivacionales, Zielinski siguió transmitiendo algo mucho más extraño y mucho más valioso. El DT transmite normalidad.

Y la normalidad, hoy, tiene algo de revolucionario.

Hay entrenadores que necesitan explicar todo como si acabaran de descubrir una teoría científica. Como si el bloque bajo fuera un concepto de la relatividad. Hablan de procesos, de volumen de juego, de ADN futbolístico y de ideas superadoras mientras sus equipos pierden seguido y juegan peor. Zielinski pertenece a otra tradición. A una mucho menos vistosa, bastante menos marketinera y probablemente más honesta. La de los que entienden el material que tienen entre manos y desde ahí trabajan.

Sus equipos suelen parecerse a él. Son sobrios, incómodos, resistentes y pragmáticos. Pero no se sienten menos que nadie, aunque tampoco necesitan actuar superioridad. Lo interesante es que detrás de esa aparente simpleza hay una inteligencia profunda. Porque uno de los grandes problemas del fútbol argentino es la negación de la realidad. Técnicos que quieren jugar como el Manchester City con planteles armados a las apuradas, dirigentes que prometen proyectos europeos en clubes quebrados, y periodistas que confunden estética con eficacia.

En mi opinión, Zielinski nunca pareció interesado en ese teatro.

Su foco estuvo siempre en el fútbol, y en cómo lograr resultados con lo que tiene. Y esa frase, que parece sencilla, en realidad define una de las habilidades más difíciles que hasta, diría, es de buen economista. “El Ruso” tiene claro que hasta hoy los recursos siempre fueron escasos y que a partir de entender las limitaciones supo, y sabe, potenciar virtudes. Sin necesidad de inventarse un personaje estrafalario.

Con una salvedad importante que ya no podrá omitirse cuando se hable de él: Zielinski no es un sacapuntos. Ziellinski ya es campeón.

River pegó primero y le gana 1-0 a Belgrano la final del Apertura en el Kempes.
River pegó primero y le gana 1-0 a Belgrano la final del Apertura en el Kempes. (Ramiro Pereyra / La Voz)

Eso incomoda prejuicios muy instalados en el ambiente. Durante años, una parte del fútbol argentino miró con desconfianza a los entrenadores pragmáticos, como si el único fútbol legítimo fuera el que puede explicarse en una charla universitaria entre comentaristas de cadenas internacionales. Zielinski siempre se movió por fuera de esa necesidad de aprobación intelectual. Dirige para competir, no para agradar.

Si hasta su cara parece expresar esa filosofía.

“El Ruso” tiene siempre la misma expresión. La de andar sintiendo mal olor. No porque no sea afectuoso (los que lo conocen saben que lo es), sino porque le sale así. Es auténtico. Algo que incluso muchas veces se le criticó, pero no le importa. En las buenas y en las malas, sus gestos nunca se desbordan. No hay euforia descontrolada cuando gana ni dramatismo teatral cuando pierde. Está ahí, en una especie de punto medio que en otro contexto podría parecer aburrido, pero que en el fútbol es casi contracultural. Entendió algo básico que el ambiente olvidó hace tiempo y que sirve para todo: no se puede vivir en los extremos.

Tal vez por eso transmite adultez. En un ecosistema donde muchos viven cada partido como si estuvieran peleando por el destino de la civilización, Zielinski conserva una calma extraña. Con la certeza de que el lunes hay que volver a trabajar.

Tanto es así que, me contaron, el domingo a la noche una escena terminó de explicar a Zielinski mejor que cualquier análisis táctico. Entre las 22 y las 23, en una pizzería de la zona de Trejo y San Luis, de la Capital, tres chicos esperaban una pizza para llevar. En eso entró un hombre con capucha y zapatos de vestir. Se acercó al mostrador, retiró su pedido y se fue sin hablar.

Cuando se dio vuelta, uno de los pibes le reconoció la cara escondida debajo de la capucha y le preguntó a la chica del local si era Zielinski. Ella le respondió que sí, que va seguido a buscar pizza.

A pocos metros de ahí, miles de hinchas festejaban en el Patio Olmos. Y Zielinski, mientras tanto, caminaba solo con una pizza en la mano, como si nada. La escena parece menor. Pero en realidad, explica todo.

Empatía

Y a mí, eso me genera una empatía silenciosa. Como debe pasarle a una enorme cantidad de gente común que también vive así, lejos de las épicas permanentes y de las sobreactuaciones emocionales.

En síntesis, me cae bien la gente normal. La que no necesita un relato de héroe para sentirse importante. La que hace su trabajo, entiende el contexto y no transforma cada decisión en una obra conceptual. Vivir es laburar día a día como se puede y con lo que se tiene. Y es que hay algo profundamente sano en los hombres que no necesitan exagerarse.

Quizás por eso Zielinski genera respeto más en el interior que en Buenos Aires. Porque transmite coherencia. Porque parece uno de los pocos del fútbol argentino que nunca sintió la obligación de convertirse en personaje. Y que, en un ambiente más hostil y circense como el porteño, le costó caro y le acortó los tiempos.

Vivimos una época llena de vendedores de humo, de líderes performáticos y de discursos inflados. Por eso, encontrarse con alguien que simplemente parece un tipo serio produce alivio. Sobre todo, si así le va bien.

Y lo dice un hincha de River, que ha sufrido dos veces en carne propia a los equipos de Zielinski. Un hincha que, nobleza obliga, también ha sido testigo del respeto del DT por su rival. Siempre.