Mundial en Cordobés. El llanto de la gente en un post-partido mágico: las reacciones del Argentina-Inglaterra

La Voz recorrió la salida feliz de la gente luego del 2-1 a Inglaterra. Y sí, y como siempre, había cordobeses.

15 de julio de 2026 a las 08:16 p. m.
Sebastián Roggero
Sebastián Roggero
Enviado especial a EE.UU.
El llanto de la gente en un post-partido mágico: las reacciones del Argentina-Inglaterra
Los argentinos y otra emocionante jornada, tras la clasificación de la Scaloneta a la final del Mundial 2026.

Lloró antes de poder terminar una respuesta. Bajó la cabeza, respiró hondo, buscó las palabras y no las encontró. Alrededor seguían los bombos, las banderas y los abrazos de miles de argentinos que no querían irse del Mercedes-Benz Stadium. Pero ese cordobés ya había dicho todo sin decir casi nada. "Estoy muy emocionado. Hablé con mi familia...". No hizo falta más. Porque Argentina acababa de ganarle 2-1 a Inglaterra y de meterse en otra final del mundo. Parece normal. Pero no lo es.

Atlanta explotó como pocas veces se vio. La popular argentina siguió cantando cuando el partido ya era historia. Nadie quería abandonar esa tribuna que acababa de ser testigo de otra noche eterna de la Scaloneta. Había gargantas rotas, camisetas empapadas de transpiración, ojos llenos de lágrimas y celulares haciendo videollamadas a Córdoba, Mendoza, Buenos Aires o cualquier rincón del país para compartir una felicidad que no entraba en una pantalla.

"Se vuelve a la final, loco. Se vuelve a la final", repetía ese hincha entre lágrimas. Después apareció otra frase que terminó explicando mucho más que una semifinal ganada. "Parece normal, pero no es normal". Y tenía razón. Llegar a dos finales consecutivas del Mundial puede dar la sensación de costumbre. Pero no existe la costumbre de vivir algo así. Mucho menos para esos argentinos que cruzaron un continente entero detrás de un sueño.

Durante un mes aparecieron en cada rincón de Estados Unidos. Estuvieron en Kansas City cuando todo empezaba y nadie sabía hasta dónde llegaría este equipo. Fueron parte de los banderazos en Dallas. Coparon Miami en aquella clasificación sufrida ante Cabo Verde. Aguantaron el infarto contra Egipto en Atlanta. Celebraron el triunfo ante Suiza que abrió las puertas de las semifinales. Y ahora estaban otra vez ahí. Los mismos de siempre. Los que hicieron miles de kilómetros en auto, en avión o en motorhome. Los que gastaron los ahorros de toda una vida. Los que prometieron volver si Argentina seguía avanzando. Los que se transformaron, sin quererlo, en protagonistas de este Mundial en cordobés.

A unos metros del hincha que lloraba, el desahogo era distinto. Más salvaje. Más de garganta. "¿Sabés qué? Les rompimos bien el o... porque tenemos huevos, porque somos Argentina. Vamos a salir campeones, carajo". Otro se abrazaba con cualquiera que pasara cerca mientras repetía: "Este equipo no te deja tirado". Era imposible encontrar una definición mejor. Porque cuando Inglaterra golpeó primero, cuando parecía que el partido se escapaba, este grupo volvió a responder como tantas otras veces.

Entre los que saltaban también estaban Los Herrera. Los hermanos cuarteteros habían recorrido buena parte del Mundial alentando a la selección y ahora casi no podían creer lo que acababan de vivir. "Qué felicidad. Gracias a los jugadores. Fue una emoción tremenda". Uno de ellos recordó, entre risas, que había pronosticado el 2-1 en el banderazo. Pero enseguida dejó una frase que quedó flotando entre los cantitos de la tribuna. "El cuarteto te da felicidad. La vida te da felicidad. Pero esto... Esto era más que un partido". No hacía falta agregar nada. Todos entendían de qué hablaba.

Porque sí. Era más que un partido. Era Inglaterra. Era otra semifinal del mundo. Era volver a comprobar que Messi sigue escribiendo capítulos imposibles. Era Enzo sacando un derechazo de esos que cambian historias. Era Lautaro empujando a Argentina a otra final. Era una multitud sintiendo que la felicidad podía abrazarse.

El estadio empezó a vaciarse de a poco. Los jugadores ya estaban lejos. Pero la gente seguía ahí, cantando como si quisiera estirar la noche unos minutos más. Nadie tenía apuro. Después de recorrer miles de kilómetros detrás de la selección, después de sufrir en cada eliminatoria y de convertir a ciudades como Kansas City, Dallas, Miami y Atlanta en pequeños pedazos de Córdoba, nadie quería despedirse de ese momento.

Todavía queda un capítulo. España espera en la final. Pero esa noche, mientras un cordobés lloraba de felicidad y miles de argentinos seguían cantando sin pensar en el reloj, quedó claro que este equipo volvió a regalar algo que no se compra, no se explica y tampoco se olvida. Una alegría para toda la vida.