El pulso del Mundial. Argentina-Inglaterra: la noche en que la Selección escribió otra página eterna en la historia de los Mundiales
La Albiceleste perdía, reaccionó con carácter, fútbol y orgullo, y terminó arrasando a Inglaterra en Atlanta. Messi, Enzo Fernández, Lautaro Martínez y un equipo que volvió a demostrar por qué es campeón del mundo llevaron al país a otra final inolvidable.
Cerremos los ojos e imaginemos cómo querés ganar el partido que más querés ganar. Ese que jugás “en honor a”, ese que está repleto de condimentos futbolísticos y de los otros. Ese en el que tu historia te marca que debés dejar huella.
Argentina ganó este miércoles en Atlanta una semifinal que quedará grabada en el recuerdo de los mundiales. Es el partido que, si te dan a elegir cómo te gustaría recordarlo, es así como querés que haya sucedido: como pasó en Atlanta. Ir abajo, reaccionar con carácter y fútbol, borrar a tu rival, dejarlo en su mínima expresión. Sí, el adversario fue ese que no saltaba y presenciaba, callado, resignado y rendido, los festejos de los de celeste y blanco. Porque demos fe de que “el que no salta es un inglés” fue más himno que nunca.

La convicción era que íbamos a presenciar uno de los partidos más icónicos de los mundiales, al menos para argentinos e ingleses. Y para eso había que prepararse: para un acontecimiento único, en un estadio también único y con un marco espectacular.
Y los argentinos impusieron condiciones de ambiente desde el inicio. Primero, cuando impidieron escuchar el mítico himno inglés; luego, cuando lograron que el Himno Nacional argentino sonara fuerte, pese al intento de taparlo.
Sin dudas, para una generación de futboleros —entre los que se cuentan periodistas—, fue un encuentro a la altura de la rica historia que, en Copas del Mundo, tuvo un pico de emoción en aquel de los dos goles de Diego: el de Dios y el del Siglo.
Y la presunción se confirmó: con intensidad, con tensión, con dramatismo. Argentina, el campeón del mundo, pareció un boxeador enfurecido dispuesto a hacer justicia después de estar 1-0 abajo. Tal vez para ponerse a tono con Michael Buffer, el histórico presentador del boxeo mundial que tuvo el privilegio de abrir la velada del miércoles en el estadio de Atlanta.
Argentina jugó su mejor partido en este Mundial, con un segundo tiempo extraordinario. Perdía 1-0, sí, pero desde entonces arrinconó a su rival hasta noquearlo con la prepotencia de quien somete a los prepotentes. De la mano de Messi, de los goles de Enzo y de Lautaro, y de los cambios.

Hay que sacarse el sombrero por estos futbolistas y su cuerpo técnico, que han prestigiado la historia grande del fútbol argentino. Estar, una vez más, en una semifinal después de haber sido campeón del mundo en 2022 y haberlo logrado con seis victorias (siete ahora), más allá de lo que costaron algunas, confirma la brillantez de un ciclo que comenzó en 2018 y sigue en curso, liderado por el entrenador Lionel Scaloni y el capitán Lionel Messi, acompañados por un fuerte sentido colectivo por encima de las individualidades.
Identidad, pertenencia, solidaridad, empatía, sacrificio, simpleza, unidad, carácter, temperamento y esfuerzo fueron algunos de los valores a los que hace honor esta selección, siempre más cerca de la causalidad que de la casualidad.
“Dar el máximo hasta que el árbitro no termine el partido. Me parece fantástico que se haya festejado llegar a una semifinal. Es espectacular. Se le da mucho mérito a esto. Hay que disfrutar”, fue el mensaje en la previa de un Scaloni siempre mesurado, cauteloso y simple, que nunca se cansa de remarcar el orgullo que siente por su equipo y por su proceso.
Volvió a pasar, una vez más. Con una victoria que marcha directo a los registros de las grandes epopeyas del deporte albiceleste. A tono con el campeón del mundo, que quiere repetir y que siempre luchará hasta el final. Están avisados.

