Mano a mano. Jorge Valdano: “El gol de Maradona fue el pico máximo del fútbol mundial”

Este lunes se cumplen 40 años del “barrilete cósmico” de Diego Maradona ante Inglaterra, en la semifinal de México 86. Habló uno de sus testigos directos.

21 de junio de 2026 a las 09:46 p. m.
Jorge Valdano: “El gol de Maradona fue el pico máximo del fútbol mundial”
Jorge Valdano. Habló con La Voz, a 40 años de los goles de Maradona a Inglaterra.

Acababa de presenciar la goleada de España a Arabia Saudita y enseguida se puso a disposición de La Voz del Interior, tal como se había pactado. Hablar con Jorge Valdano durante un Mundial es tener ante sí a un hombre capaz de analizar el juego sin pasar obligadamente por los caprichos del rebote de una pelota. Nunca cae en frases de ocasión o con quiebres de cintura para salir bien parado.

Sostiene lo que dice con argumentos de quien mira las cosas de manera integral, una característica que reflejó cabalmente en su columna habitual del diario El País, en referencia al 40.º aniversario del “barrilete cósmico” de Diego Maradona ante Inglaterra, en 1986, una efemérides que se cumplirá este lunes, cuando Argentina salga a la cancha a jugar ante Austria su clasificación a la segunda ronda de este Mundial.

“El día que Maradona explicó un país”, fue el título de un perfecto resumen y compendio en el cual Valdano escribió acerca de las virtudes y defectos de los argentinos. Todo ello, acercado por la magia de un partido que hizo historia grande en el fútbol mundial: el del choque en el mítico Estadio Azteca, cuando Argentina venció 2-1 a Inglaterra, con Valdano siendo testigo privilegiado, acompañando a Diego a escasos metros de “el gol del siglo”.

“Creo que ese gol es el pico máximo del fútbol a lo largo de la historia. Por quiénes eran los rivales, por quién fue el ejecutor, por la factura del gol… Tuvo todos los ingredientes para que todavía hablemos de eso 40 años después como si fuera hoy”, inició el diálogo en referencia al destino de esa corrida de Diego hacia el arco inglés.

-¿Fue una jugada de potrero elevada a una instancia de máxima jerarquía?

-Tuvo algo de potrero. Arrancó desde el medio del campo sin saber cuál era el destino de la jugada y lo fue descubriendo a medida que apilaba rivales. Cuando pisó el área grande, tomó conciencia de que podía llegar hasta el final y terminar en gol. Diego estaba en un momento futbolístico tan fantástico que solo se lo podía parar fuera del reglamento.

-Vos abrazaste la pelota en el fondo del arco mientras tus compañeros corrían a abrazar a Diego. ¿Tenés ese momento bien grabado en tu memoria?

-Efectivamente, fui adentro del arco a recoger la pelota medio enojado, porque me había parecido que la jugada había sido demasiado individual, que prácticamente el equipo no tenía nada que ver con lo que ocurrió. Fue una maniobra extraordinariamente personal, que cuando nos quisimos dar cuenta, había dejado atrás a un tendal de ingleses y ganábamos 2 a 0.

-Antes, en “la Mano de Dios”, se te vio a unos cinco metros de la jugada. ¿Viste el puñetazo?

-No lo vi. Pero sí fui consciente de que Diego no podía haber llegado por encima del manotazo de Shilton. Si me hubieran preguntado en ese instante, seguramente habría deducido que fue con la mano, pero la verdad es que no vi la mano. El hacia esas cosas como un arte más, de su juego. Hay que entender que ahora los jugadores tienen una procedencia muy académica, que Messi es mitad academia y mitad calle. Diego, en cambio, fue todo calle. Y allí la astucia es un talento más.

El Mundial hoy

-¿Te gusta el formato que tomó el Mundial? ¿Te motiva igual?

-Ya estoy metido en clima y en “modo entusiasmado”. Pero me costó. Haber aumentado el número de participantes no le agrega calidad al campeonato y por otra parte los precios de las entradas dejan fuera de este maravilloso fenómeno a la clase trabajadora. Este es un juego que nació en las universidades y que las clases populares les robaron a las élites. Resulta que en 150 años después, las élites parecen querer recuperarlo a toda costa. Es un giro un poco desagradable. De todas formas, la gente sigue atada al fútbol y si bien no pueden ir a los estadios como antes, manifiestan su alegría en las calles después de los partidos, pero sin tener la posibilidad de disfrutar del juego directamente. Porque hasta para verlo por televisión tienen que pagar.

-Parece que esta vez te costó más enfocarte…

-Me pasó exactamente eso. Pero después entramos a analizar el juego, a entusiasmarnos con las grandes individualidades, a involucrarnos como hinchas de nuestra selección…

-A propósito, ¿qué fútbol se está viendo en este Mundial?

-Un fútbol muy atlético, muy metodológico y táctico. Aun así, jugadores como Messi, Mbappé, Harry Kane o Lamine Yamal que ya pide su lugar como crack, terminan marcando diferencias, a pesar de que el juego colectivo cada vez tiene más protagonismo. Lo que nunca pueden es neutralizar los talentos superiores.

-No lo mencionaste a Cristiano Ronaldo…

¿Por qué todavía no se apersonó ante el gol. Es el único de los grandes que aún no encontró el arco, pero por supuesto que merece un lugar de honor, aunque solo sea por haber llegado a su sexto Mundial con más de 40 años. Es algo realmente extraordinario que tiene que ver con su condición de hombre que puso toda su personalidad al servicio de la superación personal, hasta al punto de quitarle un balón de oro a un genio como Messi.

-Jugaste el Mundial ’82, cuando Argentina fue a defender el título a España. ¿Cuánto pesa asumir ese protagonismo?

-El Mundial 82 tiene muchas singularidades. En primer lugar fue un Mundial que se disputó en medio de una guerra. Eso es un factor de distracción imposible de soslayar. Después algún error cometimos, porque aquella selección estaba formada por los mejores valores del ’78 y por los mejores del ’86. Sin embargo, terminamos undécimos y me animaría a hacer otra conclusión respecto a esto: la importancia de llegar a un Mundial en plenitud. En el ‘82, Mario Kempes ya había pasado su punto de madurez y, por el contrario, Diego no lo había alcanzado. Eso lógicamente nos penalizó. Son muy importantes los momentos en un Mundial. Llegar en plenitud te da una ventaja competitiva muy grande. Cuando los grandísimos jugadores no están en su momento mágico, todo resulta más difícil.

-¿Y qué transmite Messi en este momento?

-En primer lugar categoría. Cada Mundial lo juega a un ritmo un poco más bajo. Sin embargo, sigue siendo indescifrable. Lleva un reinado de 20 años, en un momento donde al jugador se lo estudia de una manera desproporcionada, con toda la tecnología puesta al servicio del análisis. A pesar de ello, nadie puede desactivar el genio de Messi. Por otra parte, da la sensación de que es una persona muy querida dentro del grupo y eso ayuda a que haya un liderazgo indiscutible y no solamente técnico, sino emocional. Todo eso termina ejerciendo una influencia muy grande, asociado a la intimidación que todo genio produce en el que está al frente.

-¿Qué esperás del partido ante Austria?

-Que Argentina siga marcando su superioridad. Es un equipo adulto, maduro, que es capaz de superar los malos momentos con orden y sacrificio. En los momentos de dominio hace pesar todo su talento y toda su experiencia. Desde luego que este partido va a tener un grado más de dificultad que el que tuvo ante Argelia, pero considero a Argentina muy favorita.

Para el final, la charla volvió a girar sobre Maradona y el nuevo aniversario de su obra de arte ante Inglaterra.

-¿Podés imaginarte una frase de Maradona sobre este Mundial?

-(Se ríe y hace una pausa). Lo que sé es que Infantino y Trump no se salvarían de la crítica devastadora de Diego. Nos está faltando una voz que se eleve para poner las cosas en su lugar en el fútbol y en la sociedad. Diego, en ese sentido, nunca elegía enemigos pequeños y en estos momentos el máximo mandatario futbolístico y el máximo mandatario mundial serían sus víctimas.

-Hablaría hasta en las pausas de hidratación…

-Esa es otra de las contradicciones de este fútbol. Modificamos las reglas para que nadie pierda tiempo, para que el ritmo de juego sea más alto y luego metemos una pausa de hidratación para interrumpir el partido durante tres minutos. No hay quien entienda todo esto, salvo la televisión.