El pulso del Mundial. Argentina en modo campeón: el clima interno que ilusiona en el Mundial y la señal que preocupa a sus rivales

La Selección transmite una armonía total dentro y fuera de la cancha: tranquilidad, confianza y un vestuario unido que refuerza su candidatura. En medio del Mundial, el equipo de Lionel Scaloni llega a los 16avos de final ante Cabo Verde con sensaciones positivas, pero también con la obligación de confirmar todo lo bueno mostrado hasta ahora.

27 de junio de 2026 a las 04:03 p. m.
Joaquín Balbis
Joaquín Balbis
Enviado especial a EE.UU.
Argentina en modo campeón: el clima interno que ilusiona en el Mundial y la señal que preocupa a sus rivales
Messi y un momento soñado en el Mundial 2026.

El seleccionado argentino transmite buenas sensaciones. Sus integrantes y todos quienes lo rodean lo hacen. Hay armonía, hay calma, hay seguridad, hay paz. Cada vez que se abren las puertas de los entrenamientos —aunque sean solo 15 minutos—, en cada conferencia de prensa previa o posterior a los partidos que brindan el entrenador, Lionel Scaloni, o algún jugador, o en la zona mixta tras los encuentros, cuando todos los futbolistas pasan y hablan con los periodistas, las impresiones son positivas, alentadoras, auspiciosas.

El buen clima, pero sobre todo la tranquilidad y la naturalidad con las que se lleva adelante todo, se perciben en el ambiente: es evidente. Esa atmósfera favorable se confirmó con lo observado durante estos 16 días desde que comenzó el Mundial. A veces, sobran las palabras.

Hoy, las redes sociales de los jugadores y de quienes comparten el día a día con ellos son la rendija de los vestuarios de antaño. Los gestos, las fotos, las dedicatorias, las imágenes, los videos y los memes reflejan ese círculo virtuoso en el que habita la selección nacional.

Pero, si hicieran falta testimonios, también los hay. Sin dar nombres —la máxima reserva es lo primero que se les pide a los visitantes o a quienes colaboran a diario con la delegación albiceleste—, los que tuvieron o tienen la oportunidad de relacionarse con ellos solo relatan elogios.

“Son simples, educados, solidarios; colaboran como si fueran cualquiera de nosotros, sin aires de fama”, confesó alguien que cumple una función clave dentro de la delegación. “Es gente común: ni se nota que muchos son estrellas. Uno tiene que ubicarse y mirarlos nomás”, agregó.

“Son unos fenómenos todos. Estuvimos hablando con varios: la verdad es que son increíbles”, contó otro, que tuvo la oportunidad de acceder días atrás a la concentración en el Origin Hotel, en la apacible zona del Riverfront, en la tranquila Kansas.

Ese estar en eje, sin dudas, se traslada a la cancha. Esa misma seguridad es la que transmite el equipo de Lionel Scaloni cada vez que juega. Son muy contadas las ocasiones en las que la selección pierde el control, incluso cuando le ha tocado sufrir en algunos pasajes de partidos de este Mundial.

Ni aun entonces —por ejemplo, en tramos frente a Austria— el seleccionado irradió señales negativas. Al contrario: en esos momentos asomó un perfil solidario para afrontar unidos la adversidad, otra virtud que este plantel arrastra desde su concepción y que debió exhibir con fuerza, por ejemplo, tras aquel inicio con derrota frente a Arabia Saudita en el debut en Qatar. O en la final de ese mismo Mundial, cuando le ganaba con claridad a Francia, que reaccionó en el tramo decisivo del partido y estuvo cerca de imponerse. Después, los penales le devolvieron el pulso a Argentina, que celebró su tercera copa.

Con esa positividad, Argentina afrontará los 16avos de final frente a Cabo Verde. El campeón del mundo contra un debutante absoluto: el segundo país más pequeño en disputar un Mundial (el primero fue Islandia, en 2018, también rival de la Albiceleste).

Ante ese rival que ya hizo historia, toda la presión será para una Argentina que tiene los recursos para avanzar, pero que el viernes deberá ratificar esas señales positivas y potenciarlas para sostener la ilusión.