Mundial en cordobés. Cuando la ansiedad te lleva a mirar tiburones para esperar el Argentina-Inglaterra
Los argentinos copan el Georgia Aquarium para matar el tiempo antes de la semifinal del Mundial. Entre ballenas tiburón, mantarrayas y peces tropicales, la conversación siempre termina en el mismo lugar: Messi, Scaloni y el partido que nadie puede dejar de pensar.
Antes del partido hay un rival al que ningún hincha argentino le puede ganar: el reloj. Las horas pasan demasiado despacio. Tanto que algunos ya caminaron el Centennial Olympic Park, dieron vueltas por el Fan Fest, recorrieron el centro de Atlanta, hablaron de fútbol con ingleses, compraron recuerdos... y terminaron metidos en uno de los acuarios más importantes del planeta.
No porque fueran fanáticos de los tiburones. Simplemente porque ya no saben qué hacer hasta que llegue el miércoles y la pelota empiece a rodar frente a Inglaterra.
Hay algo que une a todos los argentinos que llegaron a Atlanta. No importa si viajaron desde Córdoba, Rosario, Buenos Aires o Mendoza. Tampoco si vienen siguiendo a la selección desde el debut en Kansas City o si recién aterrizaron para las semifinales. Todos dicen más o menos lo mismo.
La espera interminable antes del partido
"No aguantamos más". La frase aparece una y otra vez mientras las puertas del Georgia Aquarium reciben a miles de visitantes. El lugar, considerado uno de los acuarios más importantes de Estados Unidos y durante muchos años el único fuera de Asia que albergó tiburones ballena, parece una elección extraña para la previa de un Argentina-Inglaterra. Pero no lo es.
Cuando faltan todavía un par de días para el partido, cualquier excusa sirve para hacer más corta la espera. El recorrido dura más de una hora. Hay enormes ventanales que parecen pantallas de cine, túneles rodeados de vida marina, peces tropicales de todos los colores, mantarrayas que pasan a centímetros del vidrio y enormes especies que obligan a levantar la cabeza. Cada sala sorprende más que la anterior.

Todo está pensado para que el visitante se detenga, saque una foto y se quede un rato contemplando un mundo completamente distinto al del ruido de las tribunas. Pero con los argentinos es imposible.
Pueden tener enfrente uno de los acuarios más espectaculares del continente y, aun así, la conversación siempre vuelve al mismo tema.
"Queremos que arranque ya el partido", dice un cordobés mientras observa uno de los gigantescos tanques del acuario.
Más adelante, entre risas, otro resume el sentimiento general. "No sé más qué hacer. Estamos dando vueltas esperando que llegue Argentina-Inglaterra. No aguantamos más la ansiedad. Que llegue el miércoles como sea".
La ansiedad invade a los hinchas argentinos
No hace falta preguntar demasiado. La respuesta se repite en cada rincón. La clasificación sobre Suiza dejó una mezcla de alivio y entusiasmo que transformó la espera en una cuenta regresiva interminable.
Atlanta todavía no explotó de camisetas celestes y blancas como ocurrirá en las horas previas al partido, pero cada vez aparecen más argentinos caminando por el centro, en los restaurantes, en el metro o en los principales atractivos turísticos.
Y el Mundial, claro, aparece donde menos se lo espera.
Hasta en un acuario. En medio del recorrido aparece un chico puertorriqueño que se llama Messi. Sí, Messi. La coincidencia provoca sonrisas inmediatas. Él posa orgulloso mientras su familia cuenta la historia y aprovecha para enviar saludos. La escena dura apenas unos minutos, pero alcanza para confirmar que el apellido más famoso del fútbol ya dejó de pertenecer solamente a la Argentina.
Unos metros más adelante surge otra sorpresa. Una joven de Nepal lleva puesta una camiseta de Lionel Messi que asegura haber conseguido después de mucho buscar. Dice que en su país el capitán argentino despierta una pasión enorme. Cuando le preguntan qué representa Nepal, responde con una sola palabra. "Everest".

Desde la cima del mundo también alientan por el 10. No deja de ser una imagen curiosa. En Atlanta conviven hinchas llegados desde todos los rincones del planeta. Algunos hablan inglés, otros español y otros apenas conocen un par de palabras. Pero cuando aparece Messi, casi todos encuentran un idioma en común.
Scaloni y su mensaje de calma
Mientras tanto, Lionel Scaloni intenta que el clima no se desborde. Después de eliminar a Suiza volvió a repetir que Inglaterra será "un partido más". Un mensaje pensado para que la historia no juegue antes del silbatazo inicial.
Afuera ocurre exactamente lo contrario. Los hinchas cuentan las horas, recuerdan a Maradona, evocan el 86 y ya imaginan otra noche para guardar en la memoria. Por eso Atlanta se convirtió en una ciudad atravesada por la ansiedad.

Algunos la combaten caminando. Otros buscan refugio en un museo, en un parque o frente a un inmenso ventanal donde tiburones, mantarrayas y miles de peces nadan con una calma envidiable.
Los argentinos, en cambio, hacen todo menos eso. Miran el reloj. Hablan del equipo. Discuten si juega este o aquel. Cantan un rato. Vuelven a mirar el celular. Y repiten la misma frase."No aguantamos más". Porque cuando del otro lado espera Inglaterra y hay una final del Mundial en juego, ni siquiera uno de los acuarios más impresionantes del planeta alcanza para distraer la cabeza.



