Mundial en cordobés. Que de la mano de Leo Messi...": los 10 minutos que resumieron la felicidad argentina en Kansas City
Después del 3-1 sobre Suiza, la salida del Arrowhead Stadium se transformó en una fiesta interminable. Durante diez minutos, miles de argentinos cantaron sin parar el mismo tema mientras La Voz del Interior recogía historias, abrazos y el desahogo de una clasificación que alimenta el sueño de todo un país.
No hubo apuro por salir. Tampoco silencio. Apenas terminó el partido, el Arrowhead Stadium siguió latiendo como si todavía faltaran minutos por jugar. Durante diez minutos, los miles de argentinos que desbordaron las tribunas caminaron hacia la salida cantando la misma canción, una y otra vez, sin que nadie se cansara. "Vení, vení, vení, cantá conmigo... que un amigo vas a encontrar... que de la mano de Leo Messi... todos la vuelta vamos a dar".
No importaba si eran cordobeses, mendocinos, santafesinos o bonaerenses. Todos cantaban como si se conocieran de toda la vida. Como si el Mundial hubiera vuelto a demostrar que la camiseta argentina borra cualquier distancia.
Mientras ese himno improvisado envolvía cada rincón del estadio, La Voz del Interior fue recogiendo las historias y las emociones de una multitud que acababa de ver cómo la Selección derrotaba 3-1 a Suiza para meterse entre los cuatro mejores del Mundial 2026.
Las caras lo decían todo. Había abrazos interminables, ojos brillosos y gargantas destruidas de tanto cantar. "Felices. Fue un parto, un drama. Pero había que sufrir para ganar. Siempre vale", resumió un cordobés todavía con la adrenalina a flor de piel. No fue el único. Cada pocos metros aparecía otro grupo cantando, saltando o abrazándose. Muchos viajaron miles de kilómetros. Otros gastaron ahorros de toda una vida para estar ahí. Ninguno parecía arrepentirse. "La gente viaja, gasta lo que no tiene para venir. Pero siempre está. Siempre alienta", dijo otro hincha antes de perderse entre la multitud.
Y era verdad. La fiesta seguía mucho después del pitazo final. Nadie pensaba en el cansancio. Mucho menos en volver al hotel. Kansas City, por un rato, parecía una ciudad argentina.
"¡Mirá la fiesta! ¡Mirá esta locura!", repetía un simpatizante mientras filmaba alrededor suyo. Era imposible encontrar un rincón en silencio. Sonaban bombos, canciones de cancha, bocinas y miles de voces que volvían a arrancar, una vez más, con el mismo estribillo dedicado a Messi.
Hubo quienes eligieron resumir todo en una frase. "No tengo nada para decir, hermano. Mirá esto... ¿qué más te puedo decir? Ya está todo dicho". A veces el periodismo busca respuestas largas. Esa noche no hacían falta. Bastaba levantar la vista y observar a miles de personas saltando como si el reloj se hubiera detenido.
También aparecieron las historias que sólo deja un Mundial. "¡Yo dije 3-1!", gritó un hincha apenas vio el micrófono de La Voz. A su lado, entre risas, otro le respondió: "¿Ahora no me creés? ¡Si quedó todo grabado!".
La discusión duró apenas unos segundos. Después volvieron los abrazos. Porque nadie quería discutir. Todos querían celebrar.
El sufrimiento también apareció en cada testimonio. No hubo un argentino que hablara de un partido tranquilo.
"Demasiado sufrimiento. Ya no se puede más. Pero bueno... una más. Una más con Inglaterra", soltó un joven antes de volver a cantar con sus amigos. La semifinal ya empezaba a jugarse en las conversaciones. Inglaterra aparecía en cada ronda, en cada abrazo, en cada promesa. Pero no desde la rivalidad histórica. Más bien como el próximo escalón de un sueño que nadie quiere abandonar.
Entre tanta euforia también hubo lugar para una reflexión sencilla, de esas que explican por qué miles de personas cruzan continentes detrás de una pelota. "Argentina es hermosa. Con todos los problemas que tenemos, esto es lo que cuenta. No hay nada que nos haga más felices que esto. Qué bendición".
Quizá ahí esté la explicación de semejante movilización. El Mundial siempre ofrece noventa minutos de fútbol. Pero para miles de argentinos representa mucho más. Es la posibilidad de encontrarse lejos de casa y sentirse, aunque sea por una noche, otra vez en el mismo barrio.
Por eso nadie quería abandonar el Arrowhead Stadium. Porque mientras la Selección siga ganando, también seguirá ese viaje colectivo que mezcla kilómetros, sacrificios, canciones, abrazos y sueños.
Durante diez minutos, una sola canción alcanzó para resumir todo. "Vení, vení, vení, cantá conmigo... que un amigo vas a encontrar... que de la mano de Leo Messi... todos la vuelta vamos a dar".
Nadie sabía si esa vuelta finalmente llegará. Nadie podía asegurarlo. Pero después del 3-1 sobre Suiza, en la fría noche de Kansas City, miles de argentinos decidieron creer que sí. Y cantaron como si la final estuviera a la vuelta de la esquina.


