Reedición. Reseña de Esa chica, novela de Lilia Lardone
El libro explora el dolor y la resistencia de una mujer que enfrenta su agonía en un contexto familiar opresivo, con una narrativa que atrapa al lector.
Los estados liminares encierran una ambigüedad de la que sólo el lenguaje poético puede dar cuenta en su plenitud. Entre el ser y no ser está Nilda, la protagonista de una novela que narra su presente de mujer enferma y su pasado de obligaciones y deseos truncos. Nilda (se) habla por última vez en Esa chica de Lilia Lardone, una novela que este año cuenta con una reedición a cargo de Bardos.
A lo largo de 18 días de agonía, la narradora despliega una meditación a través de evocaciones dolorosas, conjeturas sobre lo que pudo ser y unas pocas decisiones realmente tomadas.
Piensa en la vez que dejó a sus padres en un pueblo cordobés; en su llegada a una pensión de la ciudad de Córdoba en los comienzos de una década turbulenta como los '70; en el deseo incontenible de convertirse en profesora de inglés.
Evoca la figura de un hombre deslumbrante que luego se convierte en su esposo, unión que le impone el papel de intrusa en la aristocrática familia Olmos Dupré. Rápidamente, su suegra le hace saber, sin eufemismos, el secreto para sobrevivir en esa constelación de cartón: cada uno debe saber el rol que ocupa y ajustarse a él. Ni los hijos paridos ni el matrimonio sin amor harán que Nilda pueda librarse de ser “esa chica”.
La mujer que agoniza sabe cuándo se desvanecieron los contornos de su personalidad. Se perdieron cuando se alejó de sus amigas de pensión, cuando aceptó los silencios que su suegra le imponía, cuando sus hijos tironearon de ella y su marido le dejó claro que lo único que disuelve un matrimonio es la muerte.
Los pasajes que colman la agonía de Nilda se destacan por una vivacidad que da cuenta de la maestría de Lardone para las síntesis punzantes, y para la mirada clínica que arroja retratos magistrales de personas, de clases y de esa escurridiza doble moral aristocrática que habita en las sutilezas.
La autora se compromete con una mujer que se resiste a la santificación instintiva por su proximidad con la muerte, una mujer que anhela su forma de odiar, que se aferra al último secreto que le queda y no olvida los errores.
La disposición de los recuerdos y el diálogo que mantienen con el presente de la historia sostienen el involucramiento que se intensifica hacia al final, hacia ese punto trágico cuando ya está todo dicho y no hay nada más para hacer. Después de tantas palabras, después de escuchar una voz tan nítida, íntima y derrotada, el silencio se convierte en el grito que a Nilda le fue arrebatado.

Para leer Esa chica
Lilia Lardone.
Editorial Bardos.
2026.

