Análisis. Artemis II y una ética del espacio

Cuando el mundo es un caos, es válido encontrar cierto apaciguamiento en lo que se puede controlar, medir y anticipar: el cosmos, el orden. Una columna sobre las puertas que se abren con la expedisión Artemis.

11 de abril de 2026 a las 10:28 a. m.
Artemis II y una ética del espacio
Artemis II: la Nasa reveló las primeras fotos del lado oculto de la Luna.

Nunca nos deja indiferentes que miembros de nuestra especie viajen hacia las estrellas. El encantamiento con la inmensidad, esa seducción de un infinito que nos vuelca a la ciencia ficción, se vio renovado con la reciente misión Artemis II. Es un momento de grandiosidad humana y, por lo tanto, un momento de reflexión.

La semana pasada se dieron a conocer nuevas imágenes de la Tierra vista desde el horizonte lunar, una actualización de aquella de 1972: “La canica azul”. También se conocieron otras del lado oculto de la Luna, de sus colores nunca antes vistos, y hasta de un eclipse solar total que duró casi una hora.

Esta misión puso nuevamente a la Tierra bajo el lente de observación para recordar su singularidad y morigerar su narcisismo. Vivimos en una masa que flota en el universo entre tantos otros cuerpos; las estrellas no están encima de nuestras cabezas, sino que nos envuelven a pesar de que algunas ya están muertas.

Desde la Luna, somos insignificantes, aunque no tanto: somos una parte del universo empleada por el mismo universo para conocerse a sí mismo.

Artemis II: la Nasa reveló las primeras fotos del lado oculto de la Luna.
Artemis II: la Nasa reveló las primeras fotos del lado oculto de la Luna. (AP)

Lo sublime

El lanzamiento de la nave Orion fue el 1 de abril, en medio de serios conflictos mundiales que ponen en riesgo la supervivencia humana. Cuando el mundo es un caos, es válido encontrar cierto apaciguamiento en lo que se puede controlar, medir y anticipar: el cosmos, el orden.

Alzar los ojos y dejarse embargar por la inmensidad de un cielo estrellado es una inclinación esencialmente humana, al punto de que ha sido motivo de reflexión filosófica. Algunos de esos interrogantes recupera Norbert Bilbeny en Universo y sentido (Anagrama, 2025), filósofo español especialista en el campo de la ética.

En este extenso ensayo, el autor aborda los sentidos que la exploración del universo ha tenido para el hombre. Abreva en la filosofía y en la ciencia, en una evocación de Aristóteles, Kant y Spinoza, de Galileo, Einstein y Feynman, y realiza las debidas paradas en Carl Sagan y en Isaac Asimov.

Además del indudable valor científico y técnico, para Bilbeny la contemplación del universo tiene un valor ético: predispone a la armonía, a la verdad y al saber.

El intento por mensurar lo infinito nos obliga a aceptar nuestro carácter finito y a profundizar en la comprensión de que todo ser vivo merece respeto y compasión en tanto integra un dominio que nos excede. Al mismo tiempo, dispone al ser humano a dotar de sentido sus descubrimientos, una operación filosófica que nos devuelve a los interrogantes fundamentales: ¿qué somos?, ¿qué hacemos acá?, ¿qué debemos hacer?

Bilbeny recuerda cifras fascinantes y escalofriantes por partes iguales: el universo existe hace catorce mil millones de años, el cerebro humano hace un millón de años, y el estudio del universo llevado a cabo por ese cerebro, apenas tres mil.

Habitamos en esas escalas, nosotros que nos vemos atropellados por el aceleracionismo de nuestra época.

Lo terrible

La misión Artemis II desencadenó el recuerdo de misiones anteriores, el pequeño paso de un hombre que es un gran paso para la humanidad y demás efemérides. Más que un gesto de nostalgia, esa evocación puso en evidencia que la ciencia es una conversación a lo largo de la historia que vale la pena sostener.

Actualmente, nos resultan obsoletos artefactos que tienen apenas un año, nuestro hambre para la novedad es cada vez más voraz, mientras el pasado parece ser irrelevante e inferior. Las misiones de hace 50 años son un ejemplo para las misiones de hoy, una constatación que vuelve incomprensible las decisiones de desfinanciamiento y desprestigio de algunos gobiernos.

Obedecer el impulso de conocer lo inabarcable es mucho más que satisfacer la curiosidad; es asumir la vertiginosa posibilidad de que un diminuto descubrimiento altere por completo nuestra condición en el universo.