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Comer y beber

Historia de vida. De tener de clientes a los Rolling Stones en Londres a instalarse en Traslasierra para tener su bodega

Ricardo Kirton, después de una vida llena de aventuras por el mundo, desarrolló viñedos y una bodega en medio del monte nativo en la que hace syrah, una cepa que se adaptó perfecto al entorno.

20 de marzo de 2026, 16:47
De tener de clientes a los Rolling Stones en Londres a instalarse en Traslasierra para tener su bodega
Ricardo Kirton propietario de la bodega Kirton en Luyaba en el Valle de Traslasierra (Javier Ferreyra / La Voz)

Apenas se pasa Luyaba por la ruta 14 a la derecha, se abre un pequeño sendero de ripio que se adentra en el monte. La naturaleza se va espesando y pocos signos dejan entrever el lugar al que se pretende llegar.

Una entrada de piedra y un cartel avisan “Bodega de monte”, signos que cualquier desprevenido turista tomaría como una ironía, porque nadie puede imaginar una bodega ahí.

Pasando la tranquera, algarrobos, molles y chañares alumbran el camino y en esa continuidad selvática, sobre un sector apenas despejado, las prolijas hileras de vides repletas de uvas ignoran los rígidos protocolos de una bodega moderna y se muestran conviviendo con los árboles nativos del monte.

De la construcción cubierta por un techo de plantas y pequeños árboles nativos que se acomodan al terreno, sale Ricardo Kirton, “Richard” para los vecinos de la zona, que lentamente se acerca e invita a sentarse bajo un algarrobo que colinda con los viñedos.

Richard tiene 76 años y ha vivido una vida de trotamundos que le encanta contar con detalles anecdóticos que hacen las delicias de cualquier público.

Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz)
Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz) (Javier Ferreyra )

Habla pausado y con lucidez, le brillan los ojos cuando recuerda algunos detalles de su vida, y, sin exagerar, este hombre que tuvo a los Rolling Stones y al futuro rey de Inglaterra comiendo en su restaurante en Londres desparrama razones por las cuales encontró en Luyaba su lugar en el mundo y en el syrah la cepa que le permite hacer un vino diferente respetando el monte nativo y ofreciendo un perfil diferencial de Traslasierra.

De Londres a Luyaba

Richard nació en Buenos Aires, estudió Agronomía y apenas se recibió decidió partir a recorrer el mundo sin un destino ni rumbo fijos. Si bien el perfil agronómico le abría muchas puertas, confiesa que trabajó de cualquier cosa, y todo lo que se le presentaba lo agarraba para seguir dando vueltas por el mundo.

Un periplo que lo llevó primero a Inglaterra y después a diferentes países como Grecia, Turquía, Egipto, Afganistán, Pakistán y hasta en Nepal, donde caminó el Himalaya por semanas. En ningún lugar quería instalarse y cada país era un escalón para continuar.

Después volvió a Argentina, pero la época de los militares lo llevó a irse nuevamente a Inglaterra, donde se casó, tuvo una hija, pasó por diversos trabajos hasta que empezó a restaurar un vivero en un barrio muy tradicional de Londres.

El dueño era un italiano que entusiasmado creó un restaurante ecológico dentro del invernadero y convirtió a Petersham Nurseries en unos de los más originales y refinados espacios de Londres.

“Salíamos en todas las revistas como el mejor restaurante nuevo de Londres; Mick Jagger vivía cerca y empezó a venir con toda la banda, también Madonna; el príncipe Carlos, que ahora es el rey. Era un lugar extraordinario. Pero después me divorcié y me volví a Argentina. Quería hacer algo en Salta, pero me fue mal, me estafaron y volviendo de ahí pasé por esta zona y me encantó. Empecé a buscar y compré este campo con la idea de vaya a saber qué”, se ríe mientras empieza a caminar entre los viñedos.

Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz)
Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz) (Javier Ferreyra )

En esa época conoció a Goyo y a Ana, que se habían instalado en Traslasierra y estaban empezando el proyecto de la bodega Aráoz de Lamadrid. Y algo le picó a Richard de su pasado como agrónomo sintiendo que podía hacer algo especial conviviendo con la naturaleza.

“Me gusta el vino, pero no tenía pensado dedicarme a eso. Cuando empecé a plantar, me puse dos objetivos: no hacer malbec y proteger el monte” dice.

Cualquiera que esté inmiscuido en la lógica del vino le diría que son las dos peores decisiones que se pueden tomar en Argentina. Pero no hubo nadie cerca que se lo advirtiera y de todas maneras probablemente no le habría hecho caso.

“Me parece una tontera decir que te gusta el malbec, porque hay buenos y malos malbec. Ya hay mucho y siempre lo van a comparar con el de Mendoza. Hay que saber abrir la mente y el paladar. Estando acá, rodeado de este monte, quería hacer otra cosa. Y como me gusta el vino de la zona del Ródano en Francia, con el enólogo Federico Zaina decidimos poner syrah y ver qué pasaba”.

El lugar para el syrah

Y el syrah encontró su lugar en Traslasierra. Mientras camina entre las plantas desbordantes de uvas, muestra los árboles nativos que dejó entre los viñedos.

“Lo más importante es dejar el monte, pero también tiene desventajas, porque está lleno de hormigas que, si te descuidás, en una noche te comen medio viñedo. Los árboles producen una sombra que hace que las uvas que quedan dentro de su influencia maduren diferente. Pero es cuestión de cosechar distinto y saber respetar la naturaleza. Esta es una zona única, que da vinos únicos porque el monte les imprime su carácter a las uvas”, dice.

El paciente trabajo de agrónomo dio sus frutos y a los tres años ya empezó a vinificar con las propias uvas en la bodega de su amigo Goyo. Pero sintió que el verdadero sentido de plantar vides era hacer el vino, así que se construyó una bodega que se hunde en la tierra y así ya tiene el circuito completo.

Y las alabanzas al syrah empezaron a llegar. Primero, en una visita de Elisabeth Checa y de María de Michelis, las dos grandes críticas gastronómicas que se sintieron exultantes con el syrah.

Y, como para asegurar que todo va por un camino sólido y con un futuro prometedor, el año pasado, el crítico inglés Tim Atkin impuso el rosado de syrah como el mejor vino argentino en su categoría. Un galardón que le dio una visibilidad nacional a Bodega Kirton y sustentó el camino elegido.

Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz)
Ricardo Kirton, propietario de la bodega Kirton en Luyaba, en el Valle de Traslasierra. (Javier Ferreyra / La Voz) (Javier Ferreyra )

“Se ve que a esta zona le gusta el syrah, nadie había plantado esta cepa y ahora ya hay varias bodegas con excelente syrah. Lo importante es que sea distinto”, dice.

Ahora ha plantado otras cepas como tempranillo, viognier y tannat, siempre con la idea de la convivencia con el monte.

“Soy fanático de lo nativo. Lo distinto que tenemos para ofrecer es el monte. Por eso hay que hacer el vino con las propias uvas porque eso es lo que marca la diferencia”, concluye.