Mito o realidad. Viajar en avión puede exponer a más radiación que una radiografía: qué dicen los expertos

Un vuelo internacional puede exponer al organismo a una dosis de radiación varias veces superior a una radiografía. Qué dicen los especialistas y por qué los estudios médicos siguen siendo seguros.

25 de junio de 2026 a las 11:46 a. m.
Viajar en avión puede exponer a más radiación que una radiografía: qué dicen los expertos
A diferencia de lo que la mayoría piensa, un viaje en avión puede exponer más que una radiografía a la radiación.

La palabra radiación suele generar preocupación. Para muchas personas, está asociada automáticamente a riesgos para la salud, enfermedades o procedimientos médicos complejos. Sin embargo, la realidad es que convivimos con la radiación todos los días, incluso sin darnos cuenta.

La recibimos de fuentes naturales como el sol, el suelo, los alimentos y hasta nuestro propio cuerpo. De hecho, los especialistas estiman que una persona recibe en promedio unos 2,4 milisieverts (mSv) de radiación al año simplemente por vivir en el planeta.

En ese contexto, surge una pregunta que suele sorprender: ¿se recibe más radiación durante un vuelo internacional o al realizarse una radiografía?

La respuesta que pocos esperan

Aunque parezca contradictorio, viajar en avión puede exponer al organismo a más radiación que algunos estudios médicos de rutina.

Durante los vuelos, especialmente los de larga distancia, los pasajeros reciben radiación cósmica proveniente del espacio. A grandes altitudes, la atmósfera es más delgada y ofrece menor protección frente a estas partículas energéticas.

Según estimaciones de especialistas, un vuelo entre Buenos Aires y Madrid puede representar una exposición de entre 0,04 y 0,06 mSv.

En comparación, una radiografía de tórax moderna suele generar una dosis cercana a 0,01 mSv.

En otras palabras, un viaje transatlántico puede implicar una exposición hasta cinco veces superior a la de una placa de tórax.

Cuánta radiación recibimos en la vida cotidiana

A diferencia de lo que la mayoría piensa, un viaje en avión puede exponer más que una radiografía a la radiación.
A diferencia de lo que la mayoría piensa, un viaje en avión puede exponer más que una radiografía a la radiación. (Magnific)

Para poner las cifras en contexto, la radiación de una radiografía de tórax equivale aproximadamente a la exposición natural que una persona recibe durante tres o cuatro días de vida normal.

Por eso, los especialistas remarcan que el verdadero riesgo no está en los estudios médicos indicados correctamente, sino en evitar controles o diagnósticos por miedo a una exposición que es muy baja y está estrictamente controlada.

“Uno de los mayores obstáculos para cuidar nuestra salud preventivamente es el miedo a la radiación clínica. Gracias a la innovación médica actual, somos capaces de obtener diagnósticos de una precisión milimétrica con dosis de exposición históricamente bajas”, afirma Miguel Rincón, integrante del equipo de Siemens Healthineers.

Por qué las radiografías son seguras

El ejecutiva detalla que los equipos actuales utilizan tecnologías que permiten obtener imágenes de alta calidad con dosis de radiación significativamente menores que las utilizadas décadas atrás.

Además, los centros médicos trabajan bajo el principio internacional conocido como Alara ("tan bajo como sea razonablemente posible"), que busca minimizar la exposición manteniendo la precisión diagnóstica necesaria.

Gracias a estos avances, las radiografías, mamografías, tomografías y otros estudios por imágenes continúan siendo herramientas fundamentales para detectar enfermedades en etapas tempranas y mejorar las posibilidades de tratamiento.

El miedo que puede retrasar diagnósticos

A diferencia de lo que la mayoría piensa, un viaje en avión puede exponer más que una radiografía a la radiación.
A diferencia de lo que la mayoría piensa, un viaje en avión puede exponer más que una radiografía a la radiación. (Magnific)

El experto advierte que muchas personas postergan estudios indicados por temor a la radiación, una preocupación que no siempre está respaldada por evidencia científica.

La detección temprana de enfermedades respiratorias, cardiovasculares, óseas o incluso algunos tipos de cáncer depende, en gran medida, del acceso oportuno a métodos diagnósticos por imágenes.

Por eso, comprender que la exposición asociada a estos procedimientos es baja y controlada permite tomar decisiones más informadas y evitar riesgos mayores derivados de diagnósticos tardíos.

Radiación: un fenómeno cotidiano

Lejos de ser algo excepcional, la radiación forma parte del entorno natural en el que vivimos.

Viajar en avión, pasar tiempo al aire libre, habitar determinadas regiones geográficas o incluso consumir ciertos alimentos implica una exposición cotidiana a pequeñas dosis de radiación.

La diferencia es que, en medicina, esa exposición tiene un objetivo concreto: obtener información clave para cuidar la salud.

Por eso, los especialistas insisten en que entender cómo funciona la radiación y en qué cantidades estamos expuestos ayuda a derribar mitos y a aprovechar herramientas diagnósticas que pueden marcar una diferencia decisiva en la prevención y el tratamiento de enfermedades.