Tribunales. De Tribunales a calzarse las zapatillas: la pasión de tres mujeres de la Justicia
En la Justicia provincial, una jueza, una camarista y una fiscal alternan sus actividades con el running. La exigencia de su trabajo no les impide realizar entrenamientos extenuantes y participar en pruebas competitivas.
Cuando a primera hora de la mañana entran a Tribunales 2 junto a muchos judiciales que acaban de despertarse, ellas llevan corridos varios kilómetros con sus propias piernas. Entran a palacio con una energía única, aquella que solo proporcionan las endorfinas de los maratonistas.
Pocos conocen que la jueza de Ejecución Penal Rita Fonzalida hace años es una runner que disfruta por igual tutelar la forma en que los condenados cumplen su pena con ese "gustito" de correr, correr y correr.
Casi nadie sabe que la camarista del crimen Laura Huberman, la misma que dictó sentencia en la causa del Neonatal, fue a correr un maratón a Santiago de Chile el domingo antes de que comenzaran los alegatos de la causa más resonante de 2025.
Muchos ignoran que en Tribunales 2 la fiscal de Lucha contra el Narcotráfico Milagros Rivas ha sido tentada para federarse en la disciplina de ultra trail, las carreras de ultramaratón de montaña en las que gana y gana como si fuera profesional.
La tarea cotidiana de tres funcionarias judiciales encumbradas, lejos de verse menguada, proporciona un caudal de energía extra cuyo origen es una actividad de alta competencia con un llamativo plus de vitalidad.
La satisfacción de correr es un gratificante "vicio" que se extiende en la población de este comienzo de siglo y cada vez gana más cultores entre las mujeres. Basta con ir a los parques de la ciudad y la Costanera para comprobar que las deportistas equilibran la proporción.

Las actividades del running, el maratón y el trail running han ingresado también en la Justicia, dejando de lado aquella idea arcaica de personas acartonadas que "no tienen calle".
Rita, Laura y Mili, como les dicen sus colegas y quienes transitan el fuero Penal, comenzaron de a poco y casi sin darse cuenta con una actividad que al comienzo era para "bajar un cambio" y que ahora es competitiva. Las tres aseguran que piensan correr durante muchos años. Mientras las piernas y esas ganas incansables sigan respondiendo.
"Como la vida misma"
"Cuando empecé a correr, no sabía que iba a gustarme tanto. Por ahí me hace acordar a la vida misma, porque correr es evolucionar, vencer límites, vencer miedos. Y para cada objetivo que, al menos yo me planteo, tengo que trabajar mucho", dice Rita Fonzalida, quien es jueza de Ejecución (también runner) desde 2018 y atiende su despacho y todas las actividades relacionadas con el seguimiento y acompañamiento de quienes transitan una condena.
Ese "trabajar mucho", en su "otra" actividad se refleja en "ser disciplinada en el gimnasio, salir a entrenar cuando llueve, cuando hay mucha humedad, cuando hace frío, tanto que uno no sabe cómo abrigarse". "Sin embargo -completa la jueza-, es luchar contra todo eso, pero es pura felicidad, tan grande, cuando uno lo logra".
Rita y sus colegas judicialas-runners corren varias veces y van al gimnasio durante la semana y el sábado hacen el "fondo largo", cuando dejan todo en distancia y esfuerzo. Ella hace unos 200 kilómetros mensuales, se levanta a las 5.15 porque "correr a las 6" la hace feliz, aunque algunos le digan "estás loca".

Antes de empezar, justo cuando comenzaba a ser jueza, no corría "nada". Lo cuenta: "Tenía una vida bastante sedentaria, pero de pronto, la cabeza me hizo 'clic'". Su marido, muy deportista, venía "instándola" hacía varios años. Al principio, no podía correr "ni 100 metros", porque se cansaba."Sentía que me moría, no me daban las piernas, no me daba la respiración, no me daba nada".
Además de la magistratura, como muchas mujeres se ocupa de su casa y de sus hijos, una ya independiente, de 28, y uno de 17. Tiene 57 años y está encumbrada de la mitad para arriba en su categoría, haciendo cada tanto algún podio. Llega a tiempos interesantes, promediando 5'30" el kilómetro en un medio maratón.
Se le iluminan los ojos cuando se acuerda que ha corrido el maratón de Atenas, con el mismo recorrido que hizo Filípides hasta caer muerto. "Vos entrás al estadio Olímpico y se te llenan los ojos de lágrimas cuando decís 'esto es la cuna'".
Cuando le preguntan cómo le va con los resultados, sin mencionarlos, prefiere decir: "Yo ya gané, con esto gané. Yo, en la vida gané y para mí haber avanzado es una satisfacción tremenda, porque cuando empecé hace ocho años no corría ni cien metros".
Ahora está contenta porque tuvo suerte y consiguió un lugar en el maratón de Chicago, uno de los "7 grandes", junto con Boston, Nueva York, Londres, Berlín, Tokyo y Sydney.
Mientras corre charla con sus compañeras, o escucha música cuando va sola. "Cuando termino, estoy como nueva".
Alejada de aquellos primeros 100 metros de cansancio, comenta lo que ve hacia adelante del camino: "Creo que todavía no llegué al tope de lo que podía crecer". Y piensa un desafío: "El maratón de Buenos Aires lo hice en 4 horas 19 minutos; para clasificar al de Londres, me piden 4 horas 10...".
Un cable a tierra
"Cuando empiezo a correr, en cada entrenamiento, estoy 'rumiando' alguna cosa, voy pensando... y después, ya no pienso más", comenta Laura Huberman, la camarista que corre a las 7 y ya empieza a pensar en cosas de su tarea diaria, pero después ya se desconecta: "No te puedo decir cuántos minutos, pero en un momento, se libera".
A veces, le pasa al revés: "Es como que los últimos kilómetros voy pensando en las cosas que tengo que resolver. Entonces, ya empiezo a trabajar antes, empiezo a conectar".
Laura le da mucha prioridad y siempre busca el espacio para salir a correr y eso le ayuda "un montón" para su trabajo.
Empezó con el gustito de correr después de años de haber hecho tenis y salir a correr con una amiga y terminar con "un cafecito", pero nada más. Hace 14 años que está corriendo en serio y cada vez encuentra más motivaciones. "Trato de no faltar nunca, si llueve igual, si hace frío igual", comenta quien completa hasta 60 kilómetros semanales, entre la "semana" (tres veces) y el "fondo largo" de los sábados.

No descuida para nada su trabajo, pero también pasa horas con su hija de 21, que va a la facultad y con quien comparte gimnasio.
Cuando empezaba con el running, era ayudante fiscal y descubrió que "podía entrenar a la mañana" porque había días que trabajaba de tarde.
Para ella, correr también es "social". Siempre sale un "cafecito", corre en grupo y planean actividades. En ese sentido, se sintió mal cuando tuvo que dejar un tiempo por una lesión de rodilla.
Con esta actividad nunca se enferma y se siente muy bien. Como su amiga Rita, comenzó superando escollos: su primer maratón en Chicago, caminó algunos tramos, pero se planteó el objetivo y ya en la segunda, en Berlín, corrió los 42,195 kilómetros. Ahora se prepara para su sexto maratón.
Sobre lo que pocos se enteraron, cuenta que corrió el 18 de mayo de 2025 el maratón de Chile, "en pleno" juicio del Neonatal. Jamás había imaginado, cuando se anotó en 2024, que iba a coincidir con el debate, menos que iban a arrancar en enero, en plena feria.
Siguió entrenando (en este caso, por la tarde) para Santiago y le vino "bárbaro" que antes de los alegatos le dieron a las partes una semana para preparar sus conclusiones. De ese modo consiguió mantener el entrenamiento y decidirse a cruzar Los Andes. "Fue un cable a tierra en pleno juicio", recuerda Laura sobre la preparación mientras se desarrollaban audiencias extenuantes.
Pocos se enteraron, pero estuvieron al tanto sus pares José Daniel Cesano y Patricia Soria, que la apoyaron en todo momento. Con los 42k en su corazón, volvió para escuchar los alegatos y dictar sentencia.
A veces, se comete el error de preguntar "¿hasta cuándo?". La respuesta es contundente: "Hasta toda la vida. Hasta que el cuerpo dé. Sí. sí, sí...".
Rumbo al Mont Blanc
Rita dice que ella "es una grosa, grosa". Laura, que "es una diosa". Se refieren a Milagros Rivas, la fiscal que investiga narcotráfico con tanta exigencia como cuando sale a entrenar para correr en montaña.
Ella ha conseguido los logros que obtiene una profesional, alguien que vive para eso. La invitaron a federarse y competir con las grandes, pero ella es consciente de que sus prioridades son sus tres hijas, su trabajo y el trail running, en ese orden. Ella también empezó de a poco pero fue aumentando distancias y exigencias a medida que iba consiguiendo éxitos.

"Si bien lo sigo disfrutando, me he vuelto como mucho más exigente con esa cuestión", señala quien no se toma nada sin trazarse obejtivos elevados. Ha sido cuadro de honor en la facultad, fiscal muy joven y entrena cada vez más.
Aunque arrancó en grupo, su nivel de rendimiento hace que entrene sola, según los dictados de su entrenador. Encima, también hace ultra trail, con distancias superiores al maratón: pruebas de 70, 110 o más kilómetros.
Todos celebraron cuando el año pasado ganó en Bariloche la clasificación para el UTMB: Ultra Trail Mont Blanc, la competencia más exigente de la disciplina que se hará este año y para la que se está preparando.
La "prueba reina" tiene 171 kilómetros, parte y termina en Chamonix (Francia) y transita por los Alpes (incluida la cima del Mont Blanc) y también pasa por Italia. Son largas horas, en las que no cuenta dormir.
A diferencia del running de calle, entrenar en montaña le implica trasladarse a las sierras, lo que le insume más horas de dedicación, con fondos largos los sábados de unos 40 kilómetros promedio... en montaña.
Cuando corre, a Mili las ideas se le vienen a la mente, todo el tiempo. En esos momentos resuelve cosas y correr le ayuda a gestionar cuestiones del trabajo y de la vida.
Solo una mujer con tanta "cabeza" es capaz de afrontar semejantes desafíos. Así lo siente: "Nunca abandono una carrrera. Este deporte es larga distancia y el cuerpo en algún momento te abandona, siempre te quedás sin piernas. Es cabeza y aprendés a gestionar el tiempo, la hidratación, el sueño, pasar una noche corriendo con bajones de sueño... te tomás una cafeina y seguís".

