Día de la Fertilidad. El “positivo” llegó en el último intento: la historia de Luciana y Fernando después de años de espera

En el Mes de la Fertilidad, una historia que recorre la espera, la frustración y la esperanza. Desde Morteros a Córdoba, un viaje de años que encontró su respuesta en la medicina reproductiva y en no bajar los brazos.

04 de junio de 2026 a las 08:01 a. m.
El “positivo” llegó en el último intento: la historia de Luciana y Fernando después de años de espera
Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina.

El teléfono sonó cuando la puerta todavía no terminaba de cerrarse.

Fernando acababa de irse a trabajar. Luciana quedó sola en su casa de Morteros, con esa mezcla de ansiedad y cansancio que deja un proceso largo. Atendió. Del otro lado, la voz del médico fue directa:

Está embarazada, Lucy.

Durante unos segundos no entendió. Después sí. Y entonces todo lo que había sido espera, viajes, inyecciones, silencios y dos intentos fallidos se convirtió en una sola cosa: llanto.

“Le dije ‘gracias’ y corté. Salí corriendo a buscar a Fer, pero ya estaba en la otra cuadra. Lo llamé y cuando volvió nos abrazamos y lloramos. No podía ni hablar”, recuerda hoy en comunicación con La Voz.

Ese llamado, que llegó el 9 de agosto de 2022, fue el final de un camino que había empezado mucho antes. Y que, como tantas historias de fertilidad, tuvo más de incertidumbre que de certezas.

Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina.
Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina. (Gentileza)

El deseo y los primeros intentos

Luciana Villagra y Fernando Nicola se conocieron en 2009, en una fiesta de amigos. Por aquellos años, el “coqueteo” era por mensajes de texto. En este 2026 cumplirán 17 años juntos.

El deseo de formar una familia llegó más tarde, cuando la pareja ya tenía una vida construida. Hará unos ocho años decidieron empezar a buscar. “Yo dejé las pastillas en 2018. Era como decir: bueno, si viene, viene”, cuenta Luciana.

Pero no vino. Mes a mes, la expectativa se repetía. Y también la desilusión.

“Yo soy muy regular, un relojito. Entonces cada ciclo era una tristeza, porque sabía que si me dolía algo era porque no estaba embarazada”, recuerda.

Así pasaron tres años. Hasta que un día, ambos aceptaron lo que ya era evidente: necesitaban ayuda.

Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina.
Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina. (Gentileza)

El diagnóstico y la decisión

El recorrido médico los llevó primero por especialistas que no lograban dar con una respuesta clara. Hasta que una endocrinóloga fue directa: el problema estaba en los espermatozoides y necesitaban acudir a un centro especializado.

Luciana, por entonces, tenía 39 años. El tiempo, de pronto, empezó a pesar.

“Busqué en internet centros de fertilidad en Córdoba y di con CIGOR. Fue como un pálpito”, dice. Por temas de distancia, ya que la pareja vive a 380 kilómetros de la ciudad de Córdoba, la primera consulta fue virtual. Con el doctor Gustavo Estofán detrás de la videollamada, confirmaron lo que sospechaban: la probabilidad de lograr un embarazo de manera natural era muy baja.

“La opción era hacer un tratamiento ICSI en el que teníamos un 30% de probabilidades. Y ahí fue el miedo: hacer todo ese esfuerzo y que no funcione”, recuerda.

Pero también era la primera vez que aparecía una posibilidad concreta.

Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina.
Luciana Villagra y Fernando Nicola cumplieron su sueño y tuvieron a Katarina. (Gentileza)

Viajar para intentar

Vivir en el interior sumó un desafío más. Cada control implicaba reorganizar la vida. Viajes cada 15 días, permisos laborales, dinero, cansancio. “Era un sacrificio, pero lo hacíamos con gusto”, cuenta.

Al principio viajaban juntos. Después, Luciana empezó a ir en colectivo. A veces la acompañaba su mejor amiga. O su mamá, su papá, o su hermana. Se turnaban para no dejarla sola.

Para las transferencias, volvían a estar los dos. Buscaban lugares donde quedarse, viajaban con sus dos perros, planificaban todo. “Había que organizar un montón de cosas, pero nunca pensamos en abandonar”.

Hay una frase que se repite en su relato y que, en algún punto, explica cómo atravesaron todo el proceso: “Esto es de a dos”.

El tratamiento y los golpes

El tratamiento adecuado para ellos enfrentaba múltiples desafíos: desde lo físico, poniendo el cuerpo a inyecciones y enfrentando el miedo de Luciana a las agujas, hasta lo emocional que la llevaba a sufrir una ansiedad constante.

Pero lo más difícil no fue eso. El verdadero desafío estuvo en los “negativos”. Tenían pocas oportunidades, ya que de los 12 óvulos que le extrajeron, siete fueron seleccionados, cinco fecundados y sólo tres formaron embriones.

El primer “negativo” llegó en diciembre de 2022. El segundo, en abril del año siguiente. “Eso fue lo más feo. Cada llamada en la que te dicen “no estás embarazada” es un golpe realmente duro”, recuerda.

Lloraron. Se enojaron. Se frustraron. “Pero a los diez minutos decíamos: bueno, vamos de nuevo”.

El silencio y los comentarios

Como muchas parejas, eligieron transitar el proceso con discreción. Lo compartieron con su entorno más cercano, pero con una condición: “no nos hagan preguntas”, pidieron.

“Ellos siempre esperaban que nosotros les contemos. Eso fue muy importante”. No todos tuvieron la misma delicadeza. “Lo peor es cuando te dicen ‘¿y los hijos para cuándo?’. Nadie sabe lo que está pasando el otro”.

En este camino, Luciana entendió lo necesaria que es la empatía de los que te rodean: “Hay que cuidar las palabras, porque no necesariamente saben lo que cada pareja sin hijos está viviendo”.

El acompañamiento

En ese recorrido, el rol del equipo médico fue clave. “Desde el guardia hasta el director, todos. Siempre con buena predisposición”. Luciana recuerda especialmente la rapidez en las respuestas, incluso a la distancia.

“Mandaba un mail y en cinco minutos me contestaban. Eso, estando a 380 kilómetros, te da mucha tranquilidad”.

También los gestos simples: explicar, contener, acompañar. “Uno no solo necesita lo técnico. Necesita sentirse acompañado”.

El último intento

Después de dos negativos, quedaba una última posibilidad. Tres embriones. Dos ya no habían resultado. El tercero era el final. Decidieron cambiar todo.

“Fuimos un día antes a Córdoba, caminamos hasta la clínica, hablamos de cualquier cosa, mirábamos los edificios, los pajaritos… llegamos con otra vibra”.

La transferencia fue el 1 de agosto de 2022. Dos días antes, Luciana había cumplido 41 años. “Fue como un regalo”. Nueve días después llegó el llamado. Y esta vez, sí.

Katarina

Katarina —con K y con R— nació el 18 de abril de 2024, a las 8.30 de la mañana, casi en la semana 40. Hoy tiene 2 años. Es “alegre, divertida, bailarina, amorosa… y un poco rebelde”, se ríe su mamá. “Es única, como su nombre”.

Lo que deja el camino

Mirar hacia atrás no es fácil. Pero tampoco es doloroso. “Aprendimos a no conformarnos con el primer no. A seguir buscando”. Luciana insiste en algo: informarse, consultar, animarse. “Hay mucha gente que cree que esto es solo para famosos o para quienes tienen plata. Y no es así”.

En su caso, la cobertura médica fue clave. Pero también la decisión de no quedarse en la espera. “Si nos hubiéramos quedado con el ‘ya se va a dar’, hoy no tendríamos a nuestra hija”.

Por qué contar estas historias

En el Mes de la Fertilidad, su historia busca eso: visibilizar. “Hay gente que no conoce estos tratamientos o tiene miedo. Y hay historias donde los han tratado mal, les han dicho que no podían, que eran grandes”.

Luciana tenía 41 años cuando nació su hija. “Nunca es tarde. Siempre se puede, con ayuda”. Y quizás, también, con algo más difícil de medir: la decisión de seguir.

Qué es el método ICSI

El Dr. Lucas Estofán, director médico de CIGOR, explicó a La Voz que el método seleccionado por esta pareja fue el ICSI (Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides). “Se trata de un tratamiento de reproducción asistida de alta complejidad que consiste en inyectar un espermatozoide seleccionado dentro de un óvulo para favorecer la fecundación".

"El procedimiento incluye estimulación ovárica, extracción de óvulos, selección espermática, fecundación en laboratorio, desarrollo embrionario y transferencia al útero. Es una de las técnicas más utilizadas cuando existen dificultades para lograr la fecundación de forma natural”, detalló.

Estofán explicó que el ICSI suele recomendarse cuando existen dificultades para que el espermatozoide fecunde el óvulo de manera natural, especialmente en casos de factor masculino moderado o severo, baja tasa de fertilización en tratamientos previos o cuando se dispone de una cantidad limitada de espermatozoides.

La institución que dirige Estofán cuenta con más de 35 años de experiencia en reproducción asistida y realiza tratamientos de alta complejidad con resultados comparables a los principales centros internacionales, acompañando a los pacientes durante cada etapa del proceso.