
Magalí Carro Pérez, la primera decana en 150 Años de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNC
Por
Redacción La Voz
El edificio de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas estuvo un mes sin luz por una impericia durante las obras de una playa de estacionamiento que se está construyendo en las cercanías del lugar. El recinto depende del Conicet y de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la UNC.
La interrupción de energía se produjo durante la última semana de enero y puso en peligro muestras de investigaciones en curso y equipamientos costosos. Después de semanas de esta situación, los investigadores de los diferentes institutos que funcionan en el edificio se manifestaron frente al ingreso principal de la FCEFyN y lo publicaron en redes sociales.
Al día siguiente de esta acción, el 26 de febrero, el suministro de energía se restableció y actualmente se está relevando el alcance de los daños provocados. La mayoría de las muestras alojadas en el lugar tienen años de trabajo y recursos públicos invertidos, por lo que no es posible reponerlas en caso que se hayan deteriorado.
Durante ese mes, fueron alrededor de 200 los trabajadores que no pudieron asistir a su lugar de trabajo, contando a biólogos, químicos e ingenieros. En el edificio funcionan tres institutos de Conicet y varios de la facultad que trabajan en cosas tan dispares que van desde tecnología de los alimentos hasta fertilización asistida en humanos.
Santiago Benítez Vieyra, doctor en Biología y secretario general de ATE-Conicet en Córdoba, trabaja en el Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV) y refiere que las muestras más comprometidas son las biológicas.

“El ADN, los reactivos y compuestos químicos se deben mantener a temperaturas muy bajas con equipos como ultrafreezers que mantienen el material a -80°C y que no pueden detenerse. También el invernadero necesita aire acondicionado porque si no se arruinan todos los experimentos que están adentro”, explica a La Voz.
El problema principal lo produjo el hecho de que los trabajadores no pudieran estar en los laboratorios, ya que muchas investigaciones no pueden interrumpirse sin poner en riesgo los insumos utilizados.

Hasta el momento, no se sabe exactamente cuánto es lo que se ha perdido. Solo se podrá constatar a medida que aparezcan fallas. “Las muestras no se pueden descongelar para saber en qué estado se encuentran. Solo lo sabremos cuando las enviemos para análisis al exterior o al Inta y nos informen su estado de integridad o degradación”, aclara Benítez Vieyra.
Y agrega: “Eso solamente se hace en el momento en que uno analiza las muestras en bloque antes de utilizarlas, no tiene sentido ir revisándolas solamente para saber si sufrieron daño o no. Por eso, ahora tenemos un montón de material que no sabemos si sirve”.
Por su parte, Pablo Goldner es becario doctoral de Conicet y trabaja en el Centro de Ecología y Recursos Naturales Renovables (Cernar), perteneciente al Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (IIByT). El investigador explicó el impacto del corte de luz en las muestras de las tres líneas de investigación en la que están trabajando allí.
Una de ellas se enfoca en la restauración de bosque nativos, para lo cual tienen un umbráculo (invernadero) que posee un sistema de riego automático donde se germinan y cultivan variedades de especies arbóreas de vegetación nativa vinculadas a distintos proyectos de investigación.

“El riego está conectado a la red de agua y funciona con una batería, pero igual requiere nuestra presencia dos o tres veces por semana. Durante ese mes sin luz, parte de las tareas que se desarrollan regularmente allí quedaron suspendidas”, explica Goldner.
Sobre la cantidad de ejemplares afectados, aclaró que no es fácil ponderar una cantidad exacta. “En general, brota entre el 80% o el 90% de lo germinado, y de ese total hay otro porcentaje que muere porque no es viable. Al no haber estado presente con regularidad en el espacio, no se puede constatar cuánto se perdió por el corte de luz”.

Otra de las líneas de investigación tiene que ver con líquenes y hongos. Afortunadamente, estas muestras no sufrieron un deterioro particular, ya que se conservan en bolsas, aunque sí se vieron afectadas las actividades de microscopía o identificación; y por ende, el avance en las investigaciones.
Otros trabajos están relacionados con cianobacterias y hongos y estos sí se refrigeran en heladeras. En este caso, estiman una pérdida parcial del material de alrededor de un 20%, algo que también fue producto de no poder asistir al laboratorio, ya que no se pudieron reemplazar a tiempo los medios de cultivo.

“El problema fue no poder concurrir al lugar de trabajo porque no pudimos acceder a nuestras computadoras ni interactuar con colegas. Eso generó que se perdiera mucho tiempo de trabajo que no se recupera y que ahora tengamos que posponer fechas de entrega ya programadas”, lamentó el investigador.
Y cerró: “Pero todo esto está inscrito en el contexto general de profundo desfinanciamiento en el cual están inmersos la Universidad y el Conicet. Esta es la verdadera causa de los problemas, una decisión política de no financiar la educación, la ciencia ni la tecnología”.
La interrupción del suministro energético tuvo que ver con el corte de un cable eléctrico durante la ejecución de tareas de construcción en el sector colindante con av. Vélez Sarsfield. Se trató de trabajos que lleva adelante la FCEFyN en el marco del “ordenamiento y mejora” de una playa de estacionamiento cercana.
Este medio intentó el contacto en reiteradas oportunidades con autoridades de la institución, pero no ha obtenido respuesta. Sin embargo, tuvo acceso a un pedido de acceso a la información que los trabajadores del edificio solicitaron a la facultad al día siguiente de la protesta.

Allí se explica que durante dichas tareas, “y con motivo de la extracción autorizada de ejemplares arbóreos de gran porte”, se produjo de forma imprevista “la afectación de conductores eléctricos subterráneos cuya traza no se encontraba registrada en la documentación técnica disponible ni señalizada en el terreno”.
El documento indica que esta circunstancia imposibilitó prever la ubicación de los cables y que los conductores afectados corresponden tanto a redes de baja tensión pertenecientes a la UNC como a redes de media tensión operadas por Epec.

“El nivel de gravedad que tuvo el origen de este inconveniente y la imprudencia son tales que la persona que estaba trabajando en la extracción de los árboles podría haberse electrocutado”, señala Benítez Vieyra al respecto.
A partir de la detección del incidente, se interrumpieron las obras en el lugar y, de acuerdo con lo manifestado por la institución educativa, se dispusieron acciones para restablecer la energía y resguardar el funcionamiento de las actividades científicas desarrolladas en el edificio.
Entre las medidas implementadas, mencionan: la restitución inicial del suministro mediante equipamiento de emergencia, la implementación de una conexión eléctrica provisoria desde el edificio de IMBIV, la priorización del funcionamiento de equipamiento crítico destinado a la conservación de muestras biológicas y reactivos, la coordinación técnica permanente con Epec y con la Secretaría de Planeamiento Físico de la UNC, la realización de tareas de cateo e inspección técnica para la identificación de fallas en el sistema de alimentación eléctrica, y la reubicación de investigadores que realizaban tareas de escritorio en el edificio de la Escuela de Graduados y Formación Continua.
En síntesis, la principal medida adoptada para preservar las muestras fue realizar un “puenteo” de energía desde un sector del edificio que sí tenía luz hasta el que tenía equipamiento importante y no contaba con suministro.

Sin embargo, también fue necesario utilizar un generador eléctrico a nafta en dos oportunidades: al inicio del corte de luz y unas semanas después, cuando la conexión eléctrica provisoria falló.
“Los generadores funcionaron los primeros cinco días. Es lo habitual en casos de emergencia como este, cuando se corta totalmente la luz, ya que tenemos equipos electrodependientes. Pero después se activaron de nuevo el fin de semana de Carnaval, cuando el puenteo falló y dejó 24 horas sin luz al edificio”, detalla Benítez Vieyra.
Y continúa: “El generador consume alrededor de $ 200 mil de nafta al día, plata que salió de los institutos y del bolsillo de alguno de los investigadores también. La facultad se comprometió a devolver ese dinero”.

Los trabajadores refirieron también que, actualmente, la facultad atraviesa dos nuevos problemas edilicios: una térmica costosa se habría quemado y, por lo tanto, lugares que necesitan refrigeración no la están recibiendo.
Además, en el subsuelo del edificio habría colapsado una cloaca. “Tenemos una pequeña inundación abajo. Ahí hay equipamientos, freezers y funciona un laboratorio relacionado con fertilidad asistida”, comenta Benítez Vieyra.