Generaciones. Por qué las personas nacidas entre 1950 y 1970 son psicológicamente más fuertes, según la ciencia

Crecieron trabajando desde chicos, jugaron en la calle sin que nadie los vigilara y aprendieron a resolver sus problemas solos. La psicología explica qué hizo resilientes a esas generaciones y qué perdimos en el camino.

12 de junio de 2026 a las 09:47 a. m.
Por qué las personas nacidas entre 1950 y 1970 son psicológicamente más fuertes, según la ciencia
La escapada ideal para adultos mayores con bingo, música y premios.

Hablar de quienes nacieron entre 1950 y 1970 en Argentina implica hablar de una época radicalmente distinta. La mayoría de esos chicos ayudaba en el campo, en el almacén familiar o en oficios domésticos antes de terminar la primaria. No porque lo eligieran, sino porque no había otra opción.

La idea de "vocación" era un lujo. El trabajo llegaba antes que cualquier reflexión sobre lo que uno quería hacer con su vida. Y esa necesidad, que en apariencia los limitó, les dejó algo que las generaciones siguientes no recibieron de la misma manera.

Lo que dice la investigación

Un estudio publicado en The Journal of Pediatrics, firmado por los investigadores Peter Gray, David Lancy y David Bjorklund, plantea que la reducción del juego libre y las actividades sin supervisión adulta en la infancia está vinculada a un deterioro del bienestar psicológico en las nuevas generaciones.

La hipótesis es concreta: cuando un chico resuelve un conflicto con un par sin que un adulto intervenga, desarrolla la percepción de que puede influir en lo que le pasa. Esa convicción, llamada en psicología "locus de control interno", es uno de los pilares de la resiliencia.

Los chicos de los 50 y los 60 la construyeron sin saberlo, pateando la calle.

La paradoja de la escasez

La tolerancia a la frustración no viene sólo de la crianza positiva, sino también de haber tenido que bancarse la adversidad sin que nadie la resolviera por uno.

La tolerancia a la frustración en parte es innata, pero también se aprende, señalan los investigadores. Y se aprende, sobre todo, cuando no queda otra alternativa que tolerar.

Para entenderlo, resulta útil la metáfora del junco y el roble que circula en el campo de la psicología: el árbol rígido se quiebra ante el vendaval; el junco se dobla, toca el suelo y cuando el viento para, vuelve a pararse. La resiliencia se parece más a lo segundo.

El peso de la desigualdad

Alerta por la falta de sueño: uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado.
Alerta por la falta de sueño: uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado. (Archivo)

No todo fue fortaleza. El mismo contexto que forjó resiliencia también impuso límites injustos. Las mujeres de esas generaciones, en particular, raramente pudieron elegir: su lugar estaba socialmente definido en el hogar o en empleos muy acotados. El acceso al mercado laboral no era solo una cuestión económica, sino de normas culturales que asignaban roles desde la infancia.

Nombrar eso importa para no caer en una lectura romántica del pasado.

Lo que hoy cuesta enseñar en cualquier colegio

La pregunta que se hacen cada vez más psicólogos no es si las generaciones actuales son más frágiles, sino por qué. La respuesta apunta a algo concreto. Los chicos de hoy tienen más recursos, más atención adulta y más estímulos que nunca, pero menos chances de equivocarse solos, de aburrirse, de pelearse con un amigo y resolver el problema sin que nadie medie.

Carl Jung escribió que "la soledad no proviene de no tener gente alrededor, sino de ser incapaz de comunicar las cosas que a uno le parecen importantes". Las generaciones de los 50 y 60 aprendieron a comunicarse, y a sobrevivir, en la escuela dura del mundo real, sin algoritmos que les sugirieran qué sentir.

Lo que construyeron no fue una infancia mejor. Fue una infancia con menos. Y esa diferencia marcó el resto.