Paraderos. Apareció, pero ¿qué pasó?: la pregunta que queda cuando termina la búsqueda de un adolescente

La mayoría de las búsquedas de paradero terminan con una buena noticia: el adolescente aparece. Pero la pregunta más importante suele llegar después: qué estaba pasando para que sintiera que irse era la única salida posible.

14 de junio de 2026 a las 05:39 p. m.
Apareció, pero ¿qué pasó?: la pregunta que queda cuando termina la búsqueda de un adolescente
En cada desaparición de una persona se montan operativos especiales de búsqueda. (La Voz / Archivo)

Durante horas o días, la imagen circula por todos lados. Está en grupos de WhatsApp, en redes sociales, en portales de noticias y en pantallas de televisión. Se comparte una foto, una descripción de la ropa que llevaba puesta, un número de teléfono para aportar información.

La consigna es clara: hay que encontrarla.

En las últimas semanas Córdoba vivió dos búsquedas que mantuvieron en vilo a la sociedad. La de Agostina Vega, la adolescente de 14 años que desapareció y luego fue encontrada asesinada, y la de L., una joven de Colonia Caroya cuya ausencia movilizó a familiares, vecinos, fuerzas de seguridad y medios de comunicación.

Allanamientos en barrio Cofico por la búsqueda de Agostina.
Allanamientos en barrio Cofico por la búsqueda de Agostina. (José Gabriel Hernández/La Voz)

Estos casos fueron ampliamente difundidos, pero lo cierto es que las búsquedas de paradero son frecuentes y la enorme mayoría tiene otro desenlace. El adolescente aparece. La búsqueda termina. La foto deja de circular.

Y entonces surge una pregunta que rara vez ocupa el centro de la escena: ¿qué pasó para que ese chico o esa chica sintiera que irse era la mejor opción?

"La pregunta no debería ser solamente por qué se fue. El que se fue es la punta del iceberg", explicó Liliana Montero, psicóloga y ministra de Desarrollo Humano de Córdoba, área de la que depende la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf).

"Lo importante es preguntarse qué le estaba pasando para sentir que irse era la mejor alternativa disponible en ese momento", agregó.

Desde la Senaf aseguran que intervienen en todos los casos en los que la Justicia considera necesaria su participación.

La búsqueda en sí misma suele estar a cargo de la Fiscalía y las fuerzas de seguridad. Pero cuando el adolescente aparece, comienza otra etapa.

Los equipos técnicos evalúan su estado físico y emocional, buscan detectar posibles vulneraciones de derechos y analizan si existen situaciones de riesgo que requieran intervención.

En algunos casos se trabaja con la familia. En otros se realizan derivaciones a servicios de salud o a dispositivos locales de protección de derechos.

El alivio no alcanza

Mariana Palmero, integrante del colectivo Ni Una Menos Córdoba, conoce bien el momento en que una búsqueda termina.

Desde hace años participa en la difusión de pedidos de paradero de mujeres, niñas y adolescentes. Cada publicación puede alcanzar a miles de personas.

Pero reconoce que una vez que alguien aparece, suele instalarse una sensación colectiva de alivio que muchas veces clausura otras preguntas.

"Cuando la persona aparece nos quedamos tranquilos porque está viva y porque volvió. Pero alguien tiene que preguntarse qué pasó después", plantea.

La organización tiene un protocolo para comunicar búsquedas. Difunde la información necesaria para localizar a la persona, evita especular sobre las circunstancias de la desaparición y procura resguardar la privacidad de las familias.

También elimina las publicaciones cuando la búsqueda concluye.

Pero Palmero reconoce que existe una deuda pendiente. "A nosotras muchas veces no nos alcanza para abordar lo que viene después. No tenemos los recursos ni las herramientas. Pero alguien tiene que hacerlo porque esa persona podría seguir estando en riesgo", advirtió.

Porque encontrar a un adolescente no necesariamente implica resolver aquello que motivó su partida.

Lo que no se ve

En la conversación pública suele aparecer una explicación rápida: una pelea familiar, una discusión o una actitud rebelde.

Pero quienes trabajan con adolescentes aseguran que la realidad suele ser mucho más compleja.

Montero explicó que detrás de una fuga pueden existir conflictos familiares crónicos, situaciones de maltrato, abuso, problemas de salud mental, consumos problemáticos o necesidades de autonomía que el adolescente no logra expresar de otra manera.

Liliana Montero, Ministra de Desarrollo Humano de Córdoba. (Nicolás Bravo / La Voz)
Liliana Montero, Ministra de Desarrollo Humano de Córdoba. (Nicolás Bravo / La Voz) (Nicolás Bravo)

La funcionaria advirtió además que se trata de fenómenos atravesados por múltiples factores: madres que crían solas y trabajan todo el día, adolescentes que quedan al cuidado de hermanos menores o familias atravesadas por problemas económicos, consumos o conflictos que llevan años acumulándose.

Como otro factor, mencionó los efectos que dejó la pandemia en una generación que atravesó momentos clave de su desarrollo en condiciones de aislamiento.

"Los chicos que hoy tienen 16 o 17 años tenían 11 o 12 durante la pandemia. Ahí se construyen la autonomía y la identidad. Muchos pasaron del primario al secundario sin esa transición gradual. Eso tuvo consecuencias en los vínculos, en la tolerancia a la frustración y en la manera de relacionarse con los demás", señaló.

La mirada más amplia

"Muchas veces ponemos toda la mirada en la víctima o en su entorno inmediato y dejamos de observar el contexto social más amplio", sostuvo Palmero.

Por eso insistió en la necesidad de analizar estos casos como parte de una problemática estructural y no como hechos aislados.

"¿Por qué esa adolescente no tenía una red de contención? ¿Qué estaba pasando alrededor? ¿Qué responsabilidades tenemos como sociedad?", se pregunta.

La referente feminista considera que la conmoción generada por casos como el de Agostina debería servir también para abrir discusiones más profundas sobre los sistemas de cuidado y protección.

Porque detrás de cada búsqueda puede haber historias muy distintas, pero existe un elemento común: algo estaba ocurriendo antes de que ese adolescente decidiera irse.

Después de la búsqueda

En la Justicia no todos los casos siguen el mismo camino.

Si los investigadores determinan que no existió un delito, la búsqueda puede cerrarse administrativamente.

Si aparecen indicios de vulneración de derechos, la situación puede derivar a juzgados de Familia u otros organismos especializados.

Para Montero, la desaparición suele ser la expresión visible de conflictos que venían desarrollándose desde mucho antes.

"Tenemos que entender que estamos frente a una situación que el adolescente no pudo manejar de otra manera", sostuvo.

Y agregó: "Lo importante es no leerlo únicamente como un acto de rebeldía sino como la expresión de un sufrimiento que necesita ser escuchado".

Quizás por eso la pregunta más importante no sea dónde estuvo durante esas horas o esos días.

Esa respuesta suele llegar relativamente rápido. La pregunta más difícil aparece después.

Y tiene que ver con aquello que todavía no sabemos: qué estaba pasando en la vida de ese adolescente para que alejarse de todo pareciera, aunque fuera por un momento, la única salida posible.