Investigación. Las mujeres y diversidades rurales enfrentan sobrecarga laboral y deterioro de la salud
Afrontan una vulnerabilidad desproporcionada debido a su rol histórico en en las huertas familiares, la gestión del agua y las tareas de cuidado. Propiedad de la tierra, comercialización y cambio climática.
Las mujeres y diversidades rurales experimentan más esfuerzo físico y trabajo no remunerado ante la precariedad económica y la ausencia de inversión estatal frente a la crisis climática.
Ese es uno de los datos sobresalientes del informe “Mujeres campesinas, cuidados y crisis climática”, una investigación participativa realizada durante el año pasado por el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra.
Esta estudio se realizó con el objetivo de hacer un relevamiento socio productivo con perspectiva de género, que analizara cómo la crisis climática impacta en la organización del tiempo; la distribución del trabajo productivo, doméstico y de cuidados; la salud física y emocional; las estrategias productivas y comunitarias de adaptación, y la configuración de vulnerabilidades estructurales en territorios rurales.
“Las mujeres campesinas son las más afectadas por los eventos climáticos que impactan en su seguridad alimentaria e implican una sobrecarga de trabajo. Y a su vez son el pilar que sostiene la resiliencia climática, a través de prácticas de adaptación como la agroecología, el manejo del agua y la organización comunitaria que sostienen la producción y el arraigo en los territorios. Ambas realidades son invisibilizadas, no reconocidas", expresó Carolina Llorens referente del equipo de feminismo del MNCI Somos Tierra.
Según la investigación, el impacto del cambio climático en las comunidades rurales posee una marcada dimensión de género, donde las mujeres y diversidades enfrentan una vulnerabilidad desproporcionada debido a su rol histórico en las huertas familiares, la gestión del agua y las tareas de cuidado. Persisten brechas de género en la comercialización, dominada por varones en un 34,7%, y en el control de activos estratégicos, lo que limita la transformación del poder productivo en poder económico.

El MNCI Somos Tierra es una organización con presencia en ocho provincias de la Argentina y cuenta con una historia de más de 25 años de trabajo con familias campesinas indígenas productoras de alimentos para el mercado interno. De la encuesta y entrevistas en profundidad participaron 150 hogares, entre ellas 80 mujeres y diversidades de Córdoba, Misiones, Jujuy, Mendoza y Neuquén.
"Triple jornada simultánea"
Las mujeres y diversidades rurales tienen jornadas activas que se extienden entre 16 y 18 horas diarias. El 61.7% de las mujeres tiene “triple jornada simultánea”: dedican parte de su día a realizar tres o más tareas al mismo tiempo: producir alimentos, cocinar y cuidar niños.
Las mujeres campesinas destinan 6.8 horas al trabajo productivo (ganadería y agricultura), 4.5 horas a tareas domésticas y 3.2 horas a cuidados no remunerados, disponiendo de apenas 1.6 horas diarias para actividades personales o descanso, el cual suele ser fragmentado. A esto se le suma el indicador “pobreza de tiempo” estructural, donde el tiempo de las mujeres funciona como un recurso de ajuste para suplir la falta de infraestructura básica.
Además la “triple jornada simultánea” genera un impacto crítico sobre la salud. El 85% de las mujeres reportó tener estrés constante, mientras que el 78% padece cansancio extremo debido a la falta de descanso. Las enfermedades físicas y los problemas de sueños aparecen el 70% y el 65% respectivamente y el 60% manifiesta tristeza o desánimo ante las pérdidas productivas y la migración familiar.
Es más, el estudio identifica un patrón crítico de no-cuidados forzados: el 48.7% no realizó ninguna consulta médica por su propia salud durante el último mes.

Impacto del cambio climático
La amplia mayoría de los hogares encuestados reporta haber atravesado eventos extremos en los últimos años, destacándose las sequías (78,7%), calores extremos (63,3%), vientos huracanados (45,3%), granizos (38,7%), heladas (21,3%), incendios (16,7%), inundaciones (12%) e invasión de mosquitos (8%).
Particularmente Córdoba presenta una altísima exposición a sequías (94,1%) y calor extremo (84,3%), con presencia también significativa de vientos e incendios.
En este contexto, el 77% de las mujeres ha modificado prácticas debido al clima. La sobrecarga de cuidados actúa como un límite estructural para la adaptación productiva.

Además la falta de apoyo institucional desplaza el costo de la adaptación climática hacia el trabajo no remunerado de las mujeres y diversidades.
Por otra parte se pudo saber que las mujeres que enfrentan múltiples eventos climáticos carecen de agua y tienen alta responsabilidad de cuidados y reportan un índice de 19.7 puntos, un nivel de malestar que roza el máximo de la escala (20) y representa un estado de vulnerabilidad crítica.
Brechas persistentes
Si bien las mujeres son el 69% de la fuerza de trabajo en el campo, el liderazgo productivo y organizativo femenino no se traduce en autonomía económica plena de las mujeres y diversidades: solo el 25,3% toma las decisiones comerciales.
Además existe un predominio de propiedad individual en varones (36%) frente a mujeres (25%).
Es más, solo un 32% de las campesinas administran los recursos económicos del hogar.
Más indicadores
El informe también incorporó variables como salario, identidad cultural y acceso a la educación. El 66,7% de los hogares consultados registra ingresos inferiores a la línea de pobreza en Argentina ($783.429 promedio durante el 2025).
Además la economía campesina es esencialmente familiar. Los hogares consultados tienen un promedio de 3,4 integrantes, de los cuales el 62% participa directamente en la producción. En esa línea, el 60% de los hogares considera a la producción agropecuaria como más de la mitad de sus ingresos.
En lo que refiere a la identidad cultural 40% de las personas encuestadas se autoreconoce como perteneciente a pueblos indígenas, afrodescendientes o comunidades migrantes limítrofes. Entre ellos se encuentra el comechingón (Córdoba).
Finalmente el 71,4% realizó estudios primarios o secundarios y solo el 16% accedió a una educación superior. En materia de servicios el 82,7% energía eléctrica, 80,7% agua potable pero persiste una brecha digital: solo el 28% cuenta con internet y el 11,3% dispone de una computadora.



