Cooperan más. El motivo que hace que los niños que no son amigos jueguen juntos
Una investigación en escuelas del Reino Unido reveló que asignar una tarea concreta mejora la conexión entre chicos de 6 a 8 años que no tienen vínculo previo.
Los niños que no son amigos pueden aumentar hasta un 25% su nivel de cooperación cuando comparten un objetivo concreto, según un estudio realizado por las universidades de Cambridge y Sussex, en el Reino Unido.
La investigación analizó a 148 chicos de entre seis y ocho años y concluyó que la clave no está tanto en sus habilidades sociales individuales, sino en el tipo de actividad que realizan.
Qué midió el estudio

Los investigadores dividieron a los 148 niños en parejas de amigos y de no amigos, a partir de una consigna previa en la que cada uno debía identificar a sus tres mejores compañeros.
Cada dupla realizó dos actividades distintas: una sesión de juego libre con un set de Playmobil y una tarea con objetivo, que consistía en transformar el dibujo de un tronco en una casa del árbol. Para esta segunda actividad, solo contaban con un bloc y algunos rotuladores, por lo que debían coordinarse.
El equipo midió la “conectividad”, es decir, el porcentaje de conversación en la que un niño respondía o se vinculaba directamente con lo dicho por el otro. Esa variable permitió evaluar el grado de cooperación real.
Los resultados
En promedio, la conversación conectada aumentó cuatro puntos porcentuales durante la tarea con objetivo. Sin embargo, el dato más significativo surgió al analizar por tipo de vínculo.
En las parejas que no eran amigas, la conectividad pasó del 44% en el juego libre al 55% en la actividad dirigida, un salto de 11 puntos porcentuales, equivalente a un incremento cercano al 25%.
Entre amigos, en cambio, la diferencia fue mínima: 48% en el juego libre y 50% en la tarea con objetivo.
La explicación de los investigadores
La doctora Emily Goodacre, del Centro de Investigación Juego en Educación, Desarrollo y Aprendizaje (Pedal) de la Universidad de Cambridge, explicó que los amigos suelen compartir códigos y experiencias previas que facilitan la interacción, incluso sin consignas formales.
En cambio, quienes no tienen esa familiaridad pueden beneficiarse de un objetivo compartido que los obligue a escucharse y coordinar acciones.
“La conexión tiene que ver con el trabajo en equipo, pero también con aprender a negociar y responder a las emociones y necesidades del otro”, señaló Goodacre.
Implicancias en la educación
El estudio se realizó en cinco escuelas del Reino Unido y refuerza una línea de investigación previa del equipo Pedal, que ya había advertido que la cooperación infantil depende menos de las capacidades sociocognitivas individuales de lo que se creía.
Los resultados aportan evidencia para la organización de actividades grupales en el aula. Según los autores, si docentes o padres buscan que niños que no son amigos trabajen juntos, asignarles una meta clara puede favorecer la comunicación efectiva.
En términos de desarrollo infantil, el hallazgo sugiere que el diseño de actividades colaborativas con objetivos definidos podría ser una herramienta concreta para mejorar la cooperación, la interacción social y el aprendizaje en la escuela primaria.



