Salud ocular. Miopía infantil: el hábito clave que puede frenar su avance y que recomiendan los especialistas
El aumento de casos en niños y adolescentes ya es un problema global y advierten que detectar a tiempo puede evitar complicaciones graves en la adultez.
La miopía en niños y adolescentes crece de forma sostenida a nivel mundial y ya afecta a 1 de cada 3. Especialistas alertan que el problema dejó de ser sólo el uso de anteojos. El avance de la enfermedad puede derivar en patologías oculares severas si no se detecta y trata a tiempo.
Según proyecciones internacionales, para 2050 cerca del 40% de la población infantil podría ser miope, lo que equivale a unos 740 millones de casos.
Por qué aumenta la miopía

La miopía se produce cuando el ojo crece más de lo normal y las imágenes se enfocan por delante de la retina, lo que genera visión borrosa de lejos.
Celia María Sánchez (MN 89.333), oftalmóloga jefa de la Sección Oftalmopediatría del Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano de Buenos Aires, advierte que si bien existe un componente genético, los cambios en el estilo de vida están acelerando su aparición.
Entre los factores más relevantes se destacan la menor exposición a la luz solar y el uso intensivo de pantallas desde edades tempranas, lo que implica un exceso de visión cercana.
Un problema que avanza sin síntomas
Uno de los desafíos es que muchos niños no perciben ni expresan que ven mal. Por eso, los controles oftalmológicos en la infancia son fundamentales para detectar la miopía en etapas iniciales y evitar su progresión.
El aumento de la graduación durante el crecimiento también incrementa el riesgo de enfermedades oculares en la adultez, como desprendimiento de retina o alteraciones maculares.
El hábito que puede marcar la diferencia
Sánchez advierte que pasar más tiempo al aire libre es una de las medidas más efectivas para prevenir o retrasar la miopía.
"La exposición a la luz natural ayuda a regular el crecimiento del ojo. Se recomienda que los niños pasen al menos dos horas diarias en exteriores", detalla.
Este cambio simple puede tener impacto directo en la salud visual a largo plazo.

Tratamientos para frenar la progresión
Actualmente existen estrategias que permiten reducir el avance de la miopía entre un 55% y un 60%.
Entre ellas se destacan el uso de colirios de atropina en bajas dosis y anteojos especiales con tecnología de desenfoque periférico.
Estos tratamientos deben ser indicados y supervisados por oftalmólogos.
El rol de la familia y la escuela
Además del tratamiento médico, los hábitos cotidianos son clave. Se recomienda limitar el uso de pantallas según la edad y mantener una distancia mínima de 30 centímetros al utilizarlas.
También es importante alternar actividades de cerca con pausas visuales y promover el tiempo al aire libre.
En el ámbito escolar, los docentes pueden detectar señales de alerta, como dificultades para ver el pizarrón o falta de atención.
Detección temprana para evitar complicaciones
La intervención precoz es fundamental para reducir el impacto de la miopía en la vida adulta.
"Detectar a tiempo y cambiar hábitos simples en la infancia puede evitar problemas visuales mucho más graves en el futuro", explica la especialista.



