Salud. La melatonina es mucho más que la hormona del sueño: su verdadero rol en el cerebro y el corazón
Nuevas investigaciones señalan que esta molécula tiene efectos antioxidantes, antiinflamatorios y posibles aplicaciones en enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares.
Durante años, la melatonina fue asociada casi exclusivamente al sueño y al jet lag. Sin embargo, la investigación científica está revelando un papel mucho más amplio.
Según el catedrático emérito de Fisiología Darío Acuña, uno de los mayores especialistas en la materia en Europa, esta molécula actúa como un potente protector celular con funciones clave en la inflamación, el estrés oxidativo y la actividad energética del organismo.
Una molécula presente desde el origen de los animales

Acuña explica que la melatonina deriva del triptófano y acompaña la evolución de los animales desde sus orígenes. En el ser humano se produce en dos vías: en la glándula pineal, donde regula los ritmos circadianos, y de manera extrapineal, en concentraciones hasta mil veces superiores.
Esta producción extrapineal no sigue un ritmo nocturno y, según el investigador, es la responsable de los efectos antioxidantes y antiinflamatorios más potentes. Su síntesis ocurre en las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de generar ATP, la molécula energética fundamental.
"Cuanto mayor es la producción de ATP, mayor es la capacidad celular para repararse cuando se produce daño", señala Acuña.
Melatonina y sueño: qué se sabe

La melatonina pineal comienza a producirse al atardecer, cuando disminuye la luz blanca. Entre cuatro y cinco horas después alcanza niveles suficientes para inducir el descanso. La luz bloquea su síntesis, por lo que alteraciones en la exposición lumínica pueden afectar el sueño.
En el caso del jet lag, Acuña recomienda tomar melatonina 3 o 4 días antes y después de viajar, siempre una hora antes de acostarse, para ayudar a sincronizar los ritmos internos.
El especialista aclara que, aunque la melatonina regula el inicio del sueño, no funciona como un hipnótico: dosis más altas no generan más somnolencia, sino que activan sus funciones antioxidantes y antiinflamatorias cuando existe una patología asociada.
Potencial en enfermedades neurodegenerativas
El investigador plantea que uno de los campos más prometedores es su posible efecto en enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson. En modelos animales se observó que, tras la neurodegeneración, la administración de melatonina puede recuperar tejido dañado y aumentar la neurogénesis.
En humanos, señala, los beneficios son menos evidentes en etapas avanzadas, cuando ya existe una destrucción neuronal significativa. Para su utilización clínica rutinaria, aún se necesitan ensayos que definan dosis óptimas, actualmente desconocidas.
De manera similar, estudios preliminares sugieren que la melatonina podría favorecer la recuperación tras un infarto o un ictus, estimulando la reparación del tejido afectado. Estos efectos también se vinculan a su acción antioxidante, a la reducción de la inflamación y a la mejora de la función mitocondrial.
Acuña resume su acción en tres frentes:
- reducción del estrés oxidativo
- control de la respuesta inflamatoria
- estimulación de la regeneración celular a través de la función mitocondrial
Pese al creciente interés, los especialistas coinciden en que falta investigación clínica sólida para definir su uso terapéutico. “"a melatonina puede actuar en múltiples patologías, pero aún son necesarios ensayos clínicos", concluye Acuña.



