Parricidio en Córdoba. Mató a su padre, que la abusó durante años: terminó el juicio y Jenifer quedó absuelta
Estaba acusada de homicidio calificado por el vínculo, por dar muerte a su padre tras ser violada casi toda su vida, en la zona rural de Almafuerte. El juicio, en Río Tercero, se cerró con su absolución. Pesó el criterio de “legítima defensa", en un fallo con "perspectiva de género y de niñez".
La Justicia cordobesa absolvió este miércoles a Jenifer Raimondo (31), acusada de homicidio calificado por el vínculo. Había confesado que mató a su padre, Atilio (61), el 2 de enero de 2025 en su casa rural de Almafuerte. La otra parte del cuadro fue que relató haber sido violada por su padre durante 25 años.
Si bien los fundamentos del fallo de la Cámara del Crimen de Río Tercero se conocerán el 25 de este mes, todo indicaría que se aplicó el atenuante de “legítima defensa", con un criterio de "perspectiva de género y de niñez”. Eso había planteado la defensa.
“Ni una menos”, fueron las últimas palabras de Jenifer, minutos antes de que el tribunal pasara a deliberar y definir su fallo.
Para su abogado defensor Carlos Pajtman, Jenifer sufrió “la indefensión aprendida” por los abusos intrafamiliares de más de dos décadas. También planteó que “la víctima no es quien debe abandonar su entorno frente al agresor”. Y acotó que a la mujer le quedaba “seguir con la muerte lenta o suicidarse”.
Mientras, en los alegatos, la acusación de la Fiscalía había planteado como atenuante “la emoción violenta”, por los abusos sexuales que sufrió por parte del fallecido, solicitando una pena de tres años pero de ejecución condicional (sin pérdida de la libertad).

Una historia abusada
La historia se introduce en temas íntimos y escalofriantes. En el juicio quedó de manifiesto que Atilio dejó sin escolaridad a su hija en tercer grado porque la llevó a trabajar a su cortadero de ladrillos. Ya en esos años abusaba sexualmente de la niña. Hasta llegó a suministrarle pastillas anticonceptivas para ocultar esa serie de delitos.
“No aguanto más”, dijo un día Jenifer. Y ejecutó a su padre, quien fue su victimario durante casi toda su vida.
Los testimonios en las audiencias y en la instrucción del caso confirmaron esa atroz situación.
Jenifer era la única compañía de su padre en ese campo. Su mamá y hermanos ya habían optado por alejarse de ese entorno.

Infierno oculto
Al juicio por jurado popular, en los tribunales de Río Tercero, llegó acusada de matar a su padre de varias puñaladas, en una casa muy humilde que no contaba ni con energía eléctrica.
La acusación había planteado, en el transcurso del juicio, que si bien Jenifer comprendía la criminalidad de sus actos, sus “frenos inhibitorios” se vieron anulados por la conmoción anímica causada por los padecimientos sufridos de abuso sexual durante más de dos décadas.
Pero la Fiscalía evaluó asimismo que “el crimen no podía quedar impune”, teniendo en cuenta que la mujer podía haber evitado de alguna manera ese desenlace fatal. A la vez, el fiscal admitió que sería "aberrante" que terminara en prisión. dado el calvario de abusos padecido.
El fallo del jurado popular consideró que no correspondía ninguna condena y resultó absuelta.
La mujer había sido detenida tras el hecho. Ella misma había llamado a la Policía y confesado la autoría. Poco después recuperó la libertad.

"De niña, me jugó en contra la Justicia"
Al finalizar el juicio, Jenifer se abrazó con allegados que la apoyaron en este desenlace y con su abogado.
Aliviada y emocionada, al salir de Tribunales ya absuelta, Jennifer reveló a La Voz que su calvario “comenzó a los 12 años”, siendo víctima de violaciones hasta el día de la muerte de su padre. Dijo que a los 14 “la Justicia no hizo nada” para protegerla, a pesar de las denuncias.
"A mí me jugó en contra la Justicia", disparó, subrayando que en aquel entonces también le faltó el apoyo fundamental de su familia.
“Por ahí creés que no tenés escapatoria cuando no tenés apoyo de tu madre, tus tías, tíos, hermanos”, trató de explicar.

Con crudeza, reflexionó sobre las consecuencias de la inacción estatal: "A lo mejor yo hoy en día no tendría las manos manchadas si hubieran hecho las cosas bien en su momento".
Esa frase resuena como crítica al sistema, ya que en el mismo juicio se ratificó que el padre la sacó de la escuela en tercer grado, para ir a trabajar a su cortadero de ladrillos. A su vez, una denuncia judicial por abuso sexual en esos años no prosperó.
A pesar de las cicatrices, Jennifer está decidida a dar vuelta la página. Aunque afirmó que “el dolor nunca se termina", marcó que "hay que tener la fortaleza para seguir". Sobre sus planes futuros, respondió: “Siempre tuve la intención de reconstruir mi vida, incluso en los momentos más difíciles”.
También apuntó: “No volví a vivir en esa casa. Los recuerdos nunca se terminan”.

Al ser consultada sobre qué mensaje le daría a otras víctimas de situaciones similares, Jenifer instó “a denunciar y a tratar de escapar”. Pero agregó: "No sé qué decir, si no sabés qué va a hacer la Justicia", y abogó para que no se repitan estos casos.
“A mí me costó toda mi vida salir, cuando no tenés el apoyo de tu familia, que no está y cuando la Justicia no hizo lo que tenía que hacer, porque yo fui violada durante largos años”, concluyó, ya liberada de toda acusación.




