Gente Picante. María Cristina Cometto, enfermera: “Es un trabajo con las manos, con el cuerpo y con la conversación”

Es directora de Enfermería del Sanatorio Allende y docente. Subraya el valor invisible del cuidado, del vínculo íntimo con el paciente y de una profesión que se mide en gestos que no figuran en ningún protocolo.

19 de abril de 2026 a las 08:31 a. m.
María Cristina Cometto, enfermera: “Es un trabajo con las manos, con el cuerpo y con la conversación”
María Cristina Cometto durante una disertación.

–¿Qué tiene que pasar, o haber pasado en la vida de alguien, para elegir cuidar al otro todos los días de su vida?

–Es una pregunta superimportante la que me hacés y que me remonta a mi niñez, te diría. Yo tenía una actividad en mi pueblo. Soy de Laborde, un pueblo muy chiquito, y durante la semana invitaba a unos niños que eran de la periferia de mi pueblo a la casa de mi abuela. Mientras los higienizaba, porque eran chicos muy humildes, les daba una taza de mate cocido o un pedazo de pan, dos o tres veces por semana. Esa actividad la tuve siempre en mi vida, en mi corazón, te diría. Después, me fui acercando de alguna manera a la salud porque mi padre, ganadero y agricultor de la zona, era muy conocido por su criadero de cerdos, por tener vacas, por cosechar cereales, y además era muy querido por los médicos de mi pueblo. En mi pueblo había dos o tres médicos que se aburrían de la medicina y entonces se dedicaban al campo. A mi padre le preguntaban: “¿Cómo hago para vacunar a los chanchos? ¿Dónde le pongo la vacuna a las vacas?”. Y mi padre llegó a ser como ese consultor, digamos. Cuando iba al pueblo, le dedicaba una hora o dos, en un café, a charlar con los médicos de esto. Y los médicos le decían: “Che, ¿por qué no la traés a tu hija, que le vamos a enseñar algo para que nos ayude acá mientras operamos?”. Y así empecé yo a ir a las clínicas.

–¿A qué edad?

–A los 12, 13, 14 años. Y veía las clínicas. Entonces espiaba, porque no podía hacer otra cosa, en los quirófanos. En ese tiempo, yo iba a la escuela de monjas. Tenía un profesor que me daba toda la parte de anatomía, que era mi odontólogo. Viste cómo son los pueblos. Entonces, me decía: “Cristina, vos tenés una cosa para ser instrumentista. Vos tenés que ser instrumentista”. Y así se me fue generando ese pensamiento y terminé siendo enfermera. Y mi padre diciéndome: “No, vos tenés que ser contadora, hacé otra cosa, por favor, ¿cómo vas a ser enfermera?”. Me acuerdo de esa conversación cruzando la Ciudad Universitaria, en el ‘75 más o menos, ‘76. Y él diciéndome: “¿Pero vos estás segura de lo que vas a hacer?”. “Sí, sí, yo estoy segura, yo quiero ser instrumentadora”. Y así llegué a la carrera de enfermería.

–¿Cómo era entonces esa carrera de enfermería?

–En la universidad, una carrera que tenía cinco años ya, pero que tenía un primer año que se compartía con instrumentación quirúrgica en ese tiempo. Entonces yo hice como los dos años juntos, instrumentación quirúrgica y enfermería. Pero después me tenía que decidir y entonces dije: “No, voy a ser enfermera”. Ahí seguí con la enfermería.

–Es una carrera que, según las estadísticas, tiene mucha demanda y hay poca gente dispuesta. ¿Por qué? ¿Qué pasa?

–Todavía hay como una necesidad de reconocimiento social. Hay una necesidad de que la población entienda la importancia que tienen las enfermeras. Un paciente pasa por una institución internado y ahí entiende lo que es que alguien lo cuide las 24 horas del día. Porque la enfermera es eso: es la presencia y la permanencia las 24 horas del día. Tenés tres turnos de ocho horas que cubren las 24 horas del día. Es presencia y permanencia. Ahí las personas, la sociedad, se dan cuenta del valor que tiene la enfermería. Eso ha cambiado un montón, porque ahora los pacientes y la sociedad ya conocen que es una carrera universitaria. Pero cuando yo empecé, era muy joven la carrera. Hace días mi escuela cumplió 70 años. O sea que, imaginate.

–¿Qué es lo que hace exactamente una enfermera? ¿Cuál es su incumbencia?

–Puede trabajar en la comunidad. O sea, puede hacer todo un trabajo referido a los centros de salud, a trabajo comunitario, vacunación, educación para la salud. Después puede trabajar en los centros de salud. Antes vos trabajabas sólo para los pacientes médico-quirúrgicos. Hoy tenés enfermeras en las salas de endoscopía, en las salas de hemodinamia, en las salas de rayos. Nosotros en el sanatorio tenemos enfermeras que trabajan al lado de los técnicos radiólogos y de los médicos radiólogos. Después tenés la parte de educación, ya sea en la universidad o en las escuelas que no son universitarias.

María Cristina Cometto, al recibir su título de enfermera profesional en la Escuela de Enfermería de la UNC.
María Cristina Cometto, al recibir su título de enfermera profesional en la Escuela de Enfermería de la UNC. (Gentileza)

–¿Y hay más demanda, quizás de la mano del aumento de la expectativa de vida, para las personas mayores que están en su casa?

–Sí, sí, tiene que ir en aumento porque hoy la expectativa de vida se ha ampliado muchísimo. Hay una cátedra dentro de la universidad que se llama del Adulto y del Anciano, y en esa cátedra se miran todo ese tipo de conceptos y de entrenamiento. Pero la enfermería domiciliaria todavía necesita más desarrollo, en la República Argentina por lo menos.

–La indicación es que hay un enfermero cada dos médicos y debiera ser uno y uno. ¿Y qué pasa, que no despierta esa vocación?

–Estaba preparando una clase para la universidad y estábamos mirando eso. Y según las últimas estadísticas, el salario no es la primera razón por la cual la gente no se inicia en la enfermería. Antes lo era, en algún momento. Pueden ser las condiciones laborales, porque no solamente tiene que ser el salario, tienen que ver con contexto de trabajo, organización del trabajo, particularidades, realidades que tienen los lugares donde vos trabajás. Las condiciones y medio ambiente de trabajo son una razón. Y otra es una carrera que tiene un techo, de alguna manera. O sea, es una carrera en la que pocas personas pueden ser directores o jefes. Se desarrollan más en la parte operativa y más de dependencia, con poca autonomía profesional. Entonces esas pueden ser algunas de las razones.

–Muchos dicen que el enfermero es quizás un médico frustrado. Lo dicen de manera despectiva. ¿Hay algo de eso?

–No, puede ser que haya, pero no es lo común. El enfermero es enfermero. Lo que pasa es que hay que entender que la sociedad en su conjunto tiene que dignificar de alguna manera esa profesión. Porque las enfermeras hacen todo aquello que nadie hace con un paciente. Cuidar a otro es cuidarlo en un momento de necesidad tan importante. Está bien, lo cuido también cuando tiene un bebé, en un momento feliz de la vida, pero también lo cuido cuando tiene muchas necesidades, mucha fragilidad. Invadís de alguna manera aspectos que las personas tenemos muy reservados para nuestra intimidad. Y en esa relación entre sujeto y sujeto es donde se consolida, diría yo, esa importancia de cuidar al otro. Cuando vos te das cuenta de que vos no sos lo más importante. Cuando pudiste trasladar la importancia tuya a la otra persona. O sea, el que es sujeto de cuidado pasa a ser tu primera intención. Entonces encontrás esa comunicación entre dos personas y podés entender esa necesidad que tiene el otro, y podés entender también que sos la única persona que va a acudir a eso. Porque hay ciertas y determinadas acciones que no las hace nadie.

–¿Por ejemplo?

–Bañar a un paciente, tocar su cuerpo en toda su extensión, y tocarlo de una manera comprensiva, digna, respetuosa, cuando esa persona posiblemente es la primera vez que alguien lo toca de esa manera. Ese trabajo es un trabajo que se hace con las manos, por eso es tan artesanal, porque vos no lo podés hacer de otra manera, por más que puedas digitalizar un montón de cosas. Es con las manos, con el cuerpo, con la conversación. Es un trabajo intersubjetivo. Es decir, en donde sólo yo y él, solo la enfermera persona y el paciente persona, tenemos una comunicación íntima.

María Cristina Cometto y el grupo de egresadas de la Carrera de licenciada en Enfermería de la UNC, año 1980.
María Cristina Cometto y el grupo de egresadas de la Carrera de licenciada en Enfermería de la UNC, año 1980. (Gentileza)

–Hay ahora una mirada mucho más humana sobre esa relación, ¿no? Se entiende que pesa mucho lo humano, quizás hasta para la recuperación del paciente.

–Sí, sí, totalmente. Eso para mí es fundante. Fundante, porque hay una parte de una teoría que uno estudia muchas veces para entender los modelos de cuidado, sobre todo, pero hay una teoría que habla del concepto del hombre en devenir. Dice que cuando uno cuida, cuida hoy, pero en realidad esta persona o esta familia que estamos cuidando hoy, la cuidamos en un momento X, pero lo que estamos cuidando es todo lo que él fue hace un tiempo y lo podemos trasladar a hoy, pero también cuidamos sus sueños. Muchas veces el paciente nos dice: “Yo quiero vivir hasta que mi nieta cumpla 15 años”. Ese concepto de hombre en devenir en el cuidado es súper importante comprenderlo, porque ahí uno es cuando verdaderamente interpreta la importancia que tiene cuidar a otra persona. Si no, es solamente que le ponga una inyección, que lo rote, que le cambie un suero, las cosas más prácticas.

–¿Te permitís o te has permitido encariñarte con los pacientes, involucrarte de manera íntima?

–Siempre nos involucramos. No podría ser de otra manera. Es una relación que va y viene todo el tiempo. El paciente entra e identifica a quién lo va a cuidar. La enfermera se deja identificar de alguna manera como sujeto que va a cuidarte. Me podés pedir, me podés exigir que te dé cuidado. Y después la enfermera, en ese ejercicio, lo que hace es volverlo a la comunidad lo más cercano a lo que él se fue. O sea, restableciendo de alguna manera su autocuidado. Porque él come en su casa solo y no me necesita. Viene al sanatorio y posiblemente necesita que yo le levante la cuchara, que le pida que abra la boca, en fin, esas cosas tan sencillas. O que le alcance un adminículo para que él pueda ir al baño. Eso tan sencillo, bueno, lo puede resolver solo. La enfermera trata en ese tiempo también de educarlo para que él pueda irse a su casa resolviendo esa independencia. El paciente se siente mucho mejor cuando uno le devuelve la independencia. Nosotros nacemos para cuidarnos solos, pero siempre cuidamos a otros. La mamá cuida al hijo, después la abuela cuida al nieto, y así. El cuidado es parte de nuestras vidas.

–¿Y alguno vuelve, ya autoválido, en una especie de reconocimiento?

–Vuelven, vuelven. Hoy se reconoce mucho el cuidado. O sea, los pacientes se dan cuenta perfectamente quién pone ese plus cuando lo está cuidando. Al paciente lo tenemos que tener de socio todo el tiempo porque es quien nos guía. ¿Cómo hago yo mejor esto con vos? Porque cada paciente es único. Le tengo que hablar de una manera a uno, no es la misma manera en que puedo llegar al otro. Quizás con él tengo que hacer más silencio, tengo que esperar más.

–Como una especie de psicólogas.

–No sé si eso, pero es como cuando vos hablás en tu casa. Vos sabés más o menos con quién podés hablar de corrido y con quién tenés que esperar un rato para que te responda. El paciente es igual. Porque llega de una manera al sanatorio o al hospital, y llega como es en su casa. Y uno tiene que darle ese cuidado de la mejor manera como es él. No se tiene que expropiar de su yo, de cómo fue en su casa. Es igual, acá es lo que era en su casa. Y eso lo tenemos que ir manejando con ellos.

Cristina Cometto como docente, en un aula de la UNC, con sus alumnos.
Cristina Cometto como docente, en un aula de la UNC, con sus alumnos. (Gentileza)

–Es difícil, en esa tarea de atender lo humano y el costado amoroso del cuidado, y también las cuestiones prácticas, como la administración de la medicación y demás para evitar eventos. ¿Cuáles son los errores posibles y cómo se trabaja para minimizar ese error?

–Hay errores, por supuesto. Los errores son parte del comportamiento humano. No podríamos decir que nunca vamos a errar, porque eso es parte del ser humano. Pero hay muchas metodologías, muchas formas de trabajar hoy por hoy en donde se minimizan los riesgos de cometer errores. Protocolos, procesos muy estandarizados, que hay que seguir. Es más fácil cuidar de esa manera que sin ellos. Eso te ayuda. Tengas experiencia o no, el proceso ya te garantiza que de alguna manera eso te lleva por un buen camino. Es mejor hacer esto primero que esto otro. El lavado de manos, por ejemplo, que es una práctica que todavía es difícil de conseguir en un estándar alto dentro de las instituciones de salud.

–¿En serio? ¿De parte del personal?

–Sí, de parte del personal, sí. Es una práctica con la que estamos peleando todo el tiempo para que todos nos lavemos las manos la cantidad de veces que nos las tenemos que lavar. La Organización Mundial de la Salud te pone la raya con eso. Y entonces hay muchas metodologías que te ayudan: te pongo el cartel, te pongo esto. Es decir, muchas alarmas que están todo el tiempo. Observadores de incógnito que están dentro de las instituciones mirando quién se lava y quién no se lava, y alertando: “No se lavó las manos”. Empoderando al paciente también: “Usted tiene que cuidar que cuando alguien entre a su habitación se lave primero las manos o se friccione por lo menos con alcohol”. Y así.

–A la hora de administrar los medicamentos, ¿cuán fácil es que un personal de salud, un enfermero o una enfermera, pueda acceder a la medicación completa de la que dispone un sanatorio o un hospital?

–No, no, no. Eso hoy por hoy está todo reglado. Por ejemplo, tenemos los medicamentos de alto riesgo, que son una cantidad de medicamentos cuyo mal uso o un incorrecto uso, en algún momento de la cadena de ese medicamento, desde la prescripción hasta la dispensación, la preparación o la administración, puede llevar a un evento adverso grave. Eso hoy por hoy está bajo llave. La enfermera que administra medicamentos se cuelga la llave, por ejemplo, y solo ella tiene acceso a esos medicamentos. Se manejan con una rigurosidad de doble chequeo, por ejemplo, doble chequeo humano. Entonces eso disminuye muchísimo la posibilidad de equivocarte con uno de esos medicamentos. Otra cosa es que los medicamentos se indican por dosis y se dispensan por unidosis. O sea, a vos te llega la dosis que el paciente necesita.

–No tenés acceso a un blíster.

–Claro. No, porque eso ya está demostrado científicamente que provoca mayor cantidad de errores o mayor posibilidad de que las personas cometan errores. Todo ese tipo de medicamentos narcóticos tiene todo un proceso aparte. Tiene toda una planilla donde vos vas anotando cuánto usaste de este medicamento, cuánto tenés que descartar, a quién le entregás el medicamento. Eso está.

María Cristina Cometto con el grupo con el que creó el primer curso virtual de seguridad de los pacientes para enfermeras y enfermeros de Iberoamérica.
María Cristina Cometto con el grupo con el que creó el primer curso virtual de seguridad de los pacientes para enfermeras y enfermeros de Iberoamérica. (Gentileza)

–¿Ese celo es muy propio de las instituciones privadas o depende del país, de la región?

–No, es una cosa que se está instalando. Hay instituciones que, si han tenido una acreditación, ya sea nacional o internacional, tienen reglas de administración segura de medicamentos.

-Te lo pregunto porque tenemos el caso muy resonante en Córdoba del Neonatal, donde una enfermera pudo acceder al potasio cuando no correspondía. Esa facilidad como para acceder a determinada medicación, uno dice…

–Sí, sí, eso tiene que ver con la organización y con el sistema, cómo está organizado. Yo te puedo hablar ahora del Sanatorio Allende. Antes teníamos unas reglas bastante rígidas con respecto a la administración de medicamentos, pero después que acreditamos los estándares de calidad de la Joint Commission International, eso se mejoró muchísimo. Las enfermeras tienen un lugar específico donde no son interrumpidas, porque el proceso de preparación de medicación es un proceso cognitivo también. O sea: de esta ampolla, cuántos centímetros tengo que sacar, cuánta dosis… Es un momento en donde la enfermera hace cálculos y no se puede equivocar. Entonces, si lo hace en un espacio abierto, puede ser llamada por otro, puede tener interrupciones, y eso también está estudiado como un factor que condiciona la aparición de eventos adversos en la administración de medicamentos. Por el momento, tenemos enfermeras que están dentro de espacios cerrados, en silencio. Lo único que se hace ahí es preparación de medicamentos.

–¿Usamos demasiados medicamentos en la Argentina?

–Sí, sí. Hay mucha medicalización, podría decir. No sé si está correctamente usada la palabra, pero creo que sí. Está muy medicalizado. O sea, hay muchos medicamentos para los pacientes. A lo mejor tenemos pacientes con ocho medicamentos por día, y eso si lo multiplicás en una sala de 25 o 30 pacientes son dosis muy importantes. A veces, una enfermera sola no te alcanza para que puedas llegar a todos los pacientes que tienen medicamento a las 8 de la mañana, porque todos necesitan ese medicamento a las 8 de la mañana. Entonces, tenés que poner dos enfermeras para que administren medicamentos, para que el cuidado, además de seguro, sea igual para todos.

–Me han dicho de vos, Cris, que has revolucionado la enfermería en Córdoba. ¿Por qué creés?

–No sé si yo he revolucionado. He hecho muchas cosas en enfermería, sí. Me he dedicado mucho tiempo a la docencia y a la asistencia. Nunca pude hacer solo una cosa. Solamente en el tiempo en que tenía mis hijas muy chiquitas. Pero no las entiendo por separado, las entiendo unidas, la teoría y la práctica. Si no, es como que me parece que estoy renga. Tuve la suerte de tener buenas mentoras, que me ayudaron mucho. Una de mis mentoras fue la enfermera jefe de Favaloro, por ejemplo, que me enseñó a leer las tiras de electrocardiograma. Ella era experta en cardiología, me abrió la mente para la parte de cardiología y terapia intensiva, que es lo que a mí más me gusta. Acá, otra persona que fue directora de la Escuela de Enfermería, Nedda Velazco de Malberti, era una persona súpercomprometida con la enfermería y a la que le encantaba cuidar a los pacientes críticos. Y por último, una persona que me ayudó o me guió más en la ética del cuidado, que se llama Beatriz Gómez de Croharé, que siempre me decía: “Te tenés que hacer sólo tres preguntas: ¿los estamos cuidando a todos?, ¿los estamos cuidando en todas partes? y ¿los estamos cuidando bien?”. Cuando vos resolvés esas tres preguntas, me decía, tenés todo listo para lo que sea.

María Cristina Cometto con parte del equipo de enfermería del Sanatorio Allende. Tiene 600 personas a cargo.
María Cristina Cometto con parte del equipo de enfermería del Sanatorio Allende. Tiene 600 personas a cargo. (Gentileza)

-¿Volverías a elegir la profesión?

–Sí, sin ninguna duda. Sin ninguna duda volvería. Me dio mucho conocimiento, me dio mucha comprensión del otro. Me dio trabajo, nunca dejé de trabajar desde antes de tener el título. En el Hospital San Roque, turno noche, sala de traumatología, no tenía el título todavía. Y trabajo, sobre todo. Me hizo conocer Latinoamérica porque, en los años 2000 al 2018 trabajé mucho como consultora de la Organización Panamericana de la Salud, y me dio un conocimiento súper acabado de todos los países de Latinoamérica. Me dio muchos amigos, médicos amigos, compañeros de trabajo queridísimos, colegas, por supuesto. Todo lo que es trabajo y desarrollo profesional me lo dio mi carrera.

–¿Hay algunas áreas, algún sector, más espinoso que otro en materia de enfermería? ¿Alguien que diga “no quiero esto” o un área que todo el mundo quiere?

–Sí, yo por ejemplo no quise nunca trabajar con niños. No me parecía, no me sentía capaz. Dediqué mi vida a adultos, pero no a niños. Y hay gente que nunca podría trabajar con adultos y se dedica toda su vida a la pediatría y a la neonatología. Podría hacer comunidad también. Me encanta el trabajo en comunidad, no lo hice, pero podría hacerlo.

–¿Es muy distinta la organización médica, la institución de salud en la Argentina, en Córdoba, respecto de lo que hay en otros países? ¿Cómo concebimos los cuidados, la atención médica, la práctica especializada?

–No, muy distinto no. Tiene que ver con cómo se organizan los sistemas de salud. Porque hay países cuyos sistemas de salud son mucho más orientados hacia la atención primaria, mucho más trabajo con la comunidad, con el primer nivel de atención y las enfermeras allí tienen una máxima dedicación a eso. Y hay otros países en donde se concentran más en la parte hospitalaria, asistencial. Nosotros tenemos un sistema de salud que es público, privado y de obras sociales, y eso hace que las enfermeras tengan distintas inserciones. Pero el cuidado es igual en cualquier lugar.

–Te voy a hacer una pregunta incómoda: se dice que quien trabaja en una institución pública, a la hora de trabajar en una institución privada trabaja distinto, con más dedicación, más horas, más compromiso. Como que cuando el Estado es el gestor es más viva la pepa, y cuando es una organización privada se trabaja más a destajo. ¿Hay algo de eso?

–Mirá, yo trabajaba en la parte pública también, conozco los dos sectores. Y me parece que no, yo no lo he vivido así. Lo converso mucho con mis estudiantes. Tengo estudiantes de la parte privada y estudiantes de la parte pública, de Mendoza, de San Juan, de Salta, de acá de Córdoba. No lo concibo así. Me parece que las enfermeras que trabajan en este momento en la parte pública trabajan un montón, y las enfermeras que trabajan en la parte privada también trabajan un montón. Eso no hay ninguna duda. Quizás hay un sistema de control más centrado en la eficacia, por ahí sí. Pero el sistema de salud es un sistema público-privado y es el que marca un poco la diferencia. Pero el cuidado en sí es concebido igual, porque personas somos iguales en la parte pública que en la parte privada. No hay forma. ¿Podrá tener una tecnología diferente? Sí. ¿Podrá quizás, en este caso, tener un aparato como tenemos nosotros en terapia, que es una grúa que te eleva a los pacientes para poder cambiarlos? Y en la parte pública quizás no esté. Pero eso no cambia la concepción del cuidado. El cuidado es igual.

María Cristina Cometto durante una disertación.
María Cristina Cometto durante una disertación. (Gentileza)

–Dijiste recién que el salario ya dejó de ser la primera razón por la cual no se elige enfermería, pero pesa el pluriempleo. Hay mucho pluriempleo, es una profesión netamente femenina. ¿Cómo se compatibiliza eso con el cuidado de los hijos, de los mayores? ¿Hay mucha precariedad? ¿Cómo es en general mirar el perfil del sector enfermero?

–Bueno, hay pluriempleo, sí. Las enfermeras trabajan en dos lados, cada vez menos, pero hay personas que tienen doble empleo, sí. Es femenina la mayoría, sí. Está feminizada la fuerza de trabajo, pero también está feminizada la salud en general. La fuerza de trabajo ya no es solo en la enfermería. En la medicina también hay un montón de mujeres médicas que tienen los mismos problemas que tienen las enfermeras, sobre todo cuando hacés guardia. El mismo problema de con quién cuidan a los niños. Entre un 85 y un 90 por ciento, te diría aproximadamente, son mujeres.

–¿Y hay alguna posibilidad política posible para sostener a esas mujeres? Te hablo de enfermeras, médicas. Si vamos hacia una feminización de la salud, ¿qué se hace con los hijos, si es que se los desea tener?

–Bueno, hay muchas instituciones que tienen guarderías o tienen apoyos, incentivos para que puedan cuidar a sus hijos, o un porcentaje de pago de guardería, por ejemplo. Hay ayudas con los útiles escolares, por ejemplo.

-¿Cuánta gente tenés a cargo?

-Aproximadamente 600. Son las 24 horas los siete días de la semana, los 365 días del año.

-¿Un sueño que te quede pendiente?

-No. Parece un poco agrandado lo que estoy diciendo, pero no es así. Yo los sueños los voy construyendo todos los días. No soy de sueños tan importantes. Mi familia es lo más importante y mi trabajo. Tengo un nieto, se llama Sebastián, que apenas tiene cuatro meses y medio. Ese pasó a ser, te diría, el sueño logrado. Mis hijas son profesionales, independientes, cariñosas, amorosas. Y tengo la suerte de tener una profesión con colegas que son muy fuertes, muy dignas. Y eso, todos los días de mi vida, pasa a ser mi principal desafío: seguir estando con esas personas que todos los días están construyendo ese cuidado del otro. Porque no es fácil dedicar tu vida a cuidar a otros, porque además también cuidás de tu familia, porque es así. Entonces, las enfermeras son personas muy profesionales, pero además muy humanas. Tienen un sentido de servicio que es increíble.

María Cristina Cometto y su familia: sus hijas Alejandra y Lucrecia y su marido Hugo.
María Cristina Cometto y su familia: sus hijas Alejandra y Lucrecia y su marido Hugo. (Gentileza)

Ficha Picante

María Cristina Cometto. Es enfermera y doctora en Ciencias de la Salud. Dirige el posgrado en Enfermería en el Cuidado del Paciente Crítico en la Escuela de Enfermería de la UNC. Ha formado a generaciones de enfermeros. Hoy es directora de Enfermería del Sanatorio Allende (Córdoba), con 600 profesionales a cargo. Ha sido consultora de la Organización Panamericana de la Salud en América Latina (2000–2018). Referente en gestión, calidad y humanización del cuidado en salud.