Gente Picante. Mabel Aresca, familia de acogida: “El amor es acompañarlos sin apropiarte de ellos”

Después de pasar por su casa, muchos chicos vuelven a verla: es una parte indispensable de su vida. La historia de una mujer que, al jubilarse, decidió reparar infancias desde los gestos más simples y cotidianos.

31 de mayo de 2026 a las 09:30 a. m.
Mabel Aresca, familia de acogida: “El amor es acompañarlos sin apropiarte de ellos”
Mabel Aresca. Gente Picante.

–Perdón por empezar así: ¿cuántos años tenés?

–Cumplo 70 este año.

–¿Y cuántos niños tenés hoy?

–Hoy tengo cuatro nenas. Hace un mes se fue una, así que estaba con cinco niñitas. En total, ya han pasado 19 chicos por mi casa.

–¿Las edades de las niñas de ahora?

–Hay una de 6 años que va a segundo grado, su hermana de 4 que va a jardín de 4, otra nena de 3 y una bebé de 1 año y medio.

–¿Y vos te las arreglás para cuidar a todas?

–Sí. Me ayuda mucho mi hija. A la mañana me ayuda con los turnos médicos o se queda con las nenas. Pero sí, estoy siempre con las chicas. Somos todas nenas.

–¿Por qué te anotaste en este programa?

–Siempre me gustó tratar de ayudar al prójimo. Yo decía: “No me puedo ir de este mundo sin hacer una ayuda social”. Mientras trabajaba, con una vecina de Villa Cabrera les dábamos de comer a personas en situación de calle los lunes y jueves a la noche, en plaza San Martín. Ahí me quedaba muchas veces hasta las 3 o 4 de la mañana haciendo denuncias por niñitos que estaban solos con padres drogados. Después iba a trabajar, me citaban y demás. Hice una pausa porque las dos cosas no podía hacer, pero cuando me jubilo digo: “Acá estoy”. Y justo sale una convocatoria grande de la Senaf donde pedían familias de acogida. Pensé: “Me voy a ir a anotar. Soy vieja, qué sé yo, capaz ni me llaman, pero lo voy a intentar”. Y a los tres meses me llamaron. Primero me hicieron entrevistas con la psicóloga para ver por qué quería hacerlo y demás. Quedé apta y me llaman para el primer acogimiento, que fue en el 2020.

–¿Y quién llegó?

–Llegó Álvaro. Justo me agarra la pandemia, así que las revinculaciones de Álvaro con su hermano, que estaba en otra familia, y con la familia biológica eran virtuales. Pero imaginate hablar con un nene de 2 años: se aburría. Fue todo un desafío.

Mabel Aresca prefiere tener varios chicos y no de a uno. Dice que así aprenden a compartir y a entretenerse con pares.
Mabel Aresca prefiere tener varios chicos y no de a uno. Dice que así aprenden a compartir y a entretenerse con pares. (Gentileza)

–¿Y cómo fue?

–Terrible. Divino el nene, amoroso, pero fue terrible el primer acogimiento. Uno hace todo lo posible, pero cuando te lo sacan duele. Y encima tenés que estar alegre por el niño, que el niño no lo presienta. El primero fue duro. Los demás ya fueron distintos.

–¿A eso te lo enseñaron?

–No. Lo aprendés sola. Pero es muy importante que el niño sienta que, ya sea que vuelva con su familia biológica o vaya a adopción, todo está bien y que su vida va a seguir estando bien.

–¿Cómo se hace para no encariñarte al punto que duela? Me imagino que es la pregunta de muchas familias que dudan en ser familia de acogida.

–Es que duele. No es que no duela. Duele porque uno los ama como si fueran propios. El niño es tu familia: lo atendés, lo amás, le enseñás, lo educás y lo preparás para una nueva vida. Duele, pero vos sos el adulto. Al niño le tenés que demostrar que está todo bien. Y los chicos que se fueron de casa vuelven todos. Vuelve el niño a visitar a su abuela y vuelve también la familia adoptiva.

–¿Esos 19 chicos volvieron con su familia biológica o fueron dados en adopción?

–Cuatro volvieron con familia biológica, con tías o tíos. Los demás fueron a adopción.

–Hacés una cara rara cuando hablás de eso. ¿Es una opción que no te gusta?

–No es que no me guste. A ver, la ley dice que tienen que tratar de volver con su familia biológica. Yo no soy psicóloga ni médica, soy contadora, pero cuando una familia tiene adicciones, toda la familia está enferma. Entonces es muy difícil sacar a un niño de ese ámbito y después volverlo a insertar ahí. Está bien que vuelva con otras personas que se hagan cargo, porque las mamás son mamás enfermas, no pueden con ellas mismas. Pero muchas veces vuelven al mismo lugar. Y después el seguimiento dura dos o tres meses y no se hace más. Con algunas familias biológicas sigo teniendo contacto, con otras no, porque viven en lugares muy carecientes y es difícil llegar.

Mabel Aresca, el día que se inscribió en el programa de familias de acogimiento del Senaf.
Mabel Aresca, el día que se inscribió en el programa de familias de acogimiento del Senaf. (Gentileza)

–¿Y los chicos que fueron a familias adoptivas también siguen teniendo contacto con vos?

–Sí. Soy la abuela.

–O sea que tenés 19 nietos.

–Sí, tengo 19 nietos, más los propios. Un montón.

–¿Qué tiene que cumplir alguien para ser familia de acogida? ¿Qué te pidieron a vos?

–Principalmente querían saber que uno no quisiera quedarse con el niño. Somos familias de acogida, no familias para adoptar. En mi caso, yo tenía clarísimo que los niños merecen una familia joven que los pueda criar. Yo ya no estoy en eso. Yo quiero hacer esto. Eso fue lo fundamental que les dije a la asistente social y a la psicóloga.

–¿Y miran la condición económica?

–Un poco sí, pero hay familias de acogida que viven en villas y tienen niños igual. Supongo que miran que puedas darle una habitación, una cama, mandarlo a un colegio público, lo básico.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Y qué te provee la Senaf?

–Leche, pañales y Apross. Después tenemos una ayuda que es el decreto 5, como una asignación universal por hijo. Eso lo cobra la familia de acogimiento. Y además el Gobierno de Córdoba nos da otro importe, que es la cuota de crianza.

–¿Hay un tiempo máximo para estar con los niños?

–La ley dice que sí, pero no se respeta. Las dos nenas más grandes llegaron hace un año y medio con el cese ya dado por Senaf, o sea que ya habían averiguado que no había familia biológica apta. Y recién después de un año y medio empezaron a buscar familia adoptiva.

–Todo muy lento.

–Sí, muy lento. Y el problema es que los niños se acostumbran a vos, al colegio, a su vida. Después volver a cambiarlos es difícil.

–¿Cómo le hacés entender al niño que está de paso?

–Lo entienden. Uno cree que no entienden, pero sí. Son niños muy golpeados. Yo soy cristiana y les hablo mucho de Dios. Todos los días oramos para que aparezca la familia indicada. Una de ellas le dijo a la jueza que quería papá y mamá. Entonces oramos por eso. Y ellos entienden.

Mabel Aresca con las cuatro niñas que tiene actualmente en su casa. Sabe que la estadía es de tránsito.
Mabel Aresca con las cuatro niñas que tiene actualmente en su casa. Sabe que la estadía es de tránsito. (Gentileza)

–¿Cómo es tu día a día?

–Me levanto a las 7 y media queriendo tener un ratito de silencio y ya se despierta la bebé. Le doy la leche y después empiezan a aparecer las otras tres. Les doy la leche, las baño en serie: baño una, la seco, la peino, la visto, sigue la otra y así. Las tres más grandes van a la tarde. Una va al colegio cerca de casa y las otras dos a un jardín municipal hermoso en Poeta Lugones.

–¿Y estás en los grupos de mamis y todo eso?

–Todo. Voy a las reuniones y todo.

–Vos dijiste que eras contadora. ¿Dónde trabajaste?

–Trabajé en lo que ahora es Arca durante 36 años.

–¿Y cuándo te jubilaste?

–En 2018. Y ahí dije: “Ahora hago lo que quiero hacer”. Mucha gente cuando se jubila piensa en viajar, descansar, mirar Netflix o disfrutar la vida de otra manera. Yo no. Yo sentí que era el momento de hacer algo por los demás. Y justo apareció la convocatoria de la Senaf para familias de acogida. Ahí entendí que esto era lo mío.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Y cómo era tu familia hasta entonces?

–Quedaba en casa mi hijo más chico, que tenía 30 años. Pero cuando vio que se venía la mano con tantos chicos y que le invadían el espacio, dijo: “Me voy a vivir solo”. Y se fue.

–¿Cuántos hijos tenés?

–Tres. De 45, 43 y 30 años.

–¿Y cómo fue la crianza con ellos?

–Nada que ver. Mi hija siempre me recrimina que fui muy permisiva. Ahora no. Ahora pongo límites porque quiero que el niño llegue preparado a la familia que lo adopte. Son chicos que vienen sin saber usar un plato, un tenedor. La nena que ahora va a segundo grado no hizo jardín de cinco y no sabía agarrar un lápiz. Todo primer grado fue con maestra particular y ahora lee y escribe perfecto. Hay que enseñarles normas de convivencia, hábitos, horarios. Soy muy estricta con eso. A tal hora se come, a tal hora se baña. A las 10 corto la tele. Mucho juego y poca pantalla.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–Me quedé pensando en eso de que nadie le había dado un lápiz. ¿Qué sabés vos de las historias de ellos?

–La Senaf cuenta poco, pero yo indago mucho. Fui inspectora en Arca, así que pregunto y pregunto. Y es mejor saber porque así entendés cómo ayudar al niño. Tuve un nene de cuatro años criado absolutamente en la calle, que te daba cátedra de drogas. Muy expresivo. Necesitaba contar todo. Y uno no ha vivido en ese submundo, entonces no sabés cómo manejar ciertas cosas si no te explican.

–¿La escuela sabe estas situaciones?

–Sí. Yo aviso y tengo mucho contacto con las maestras. La nena más grande, por suerte, es muy dócil y colaboradora. En cambio la de 4 vive en un termo cerrado, pura risa. Cada una trae lo suyo.

–¿Tenés restricciones para viajar o mostrar a los chicos?

–Fotos puedo sacar, pero no publicarlas en redes. Y para viajar depende del juez. Dentro de Córdoba no hay problema. Fuera de Córdoba hay que pedir autorización a Senaf. Para salir del país, autorización judicial.

–¿Qué cosas les llaman más la atención de vivir en una casa con reglas?

–No he tenido problemas. Les gusta mucho ir a la plaza. En casa tienen bicis, monopatines, juguetes. La gente es muy solidaria y siempre regala cosas.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Hay muchos niños que necesitan familia de acogida?

–Muchísimos. Cuando sacan un niño y no hay familia, va a una sola residencia que recibe chicos de 0 a 5 años. Una sola.

–¿Y por qué creés que no se anotan más familias?

–Por miedo. Por pensar que no van a poder soltarlos. Y porque al principio es difícil, sobre todo con niños más grandes. Hay que acompañarlos mucho hasta que vuelven a confiar en un adulto.

–¿Te pasó alguna vez querer devolver un niño?

–No. Pero tuve uno terrible, terrible. Decía: “Dios mío, dame fuerza”. Buscaba muchísimo límite. Y ahí aprendí yo también a poner límites de verdad.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Y qué hacés cuando estás cansada o te enojás?

–Soy gritona. Muy italiana. Pero cuando me sacan mucho les digo: “Estoy nerviosa, me voy un rato a mi pieza”. Y me pongo a orar.

–¿Y funciona?

–Funciona.

–¿Hay alguno que te haya marcado especialmente?

–Sí, uno divino. Lo fui a ver el domingo por su cumpleaños. De esos chicos dulces que te ven llegar y te dicen “abuelita”. Pero todos son especiales. Yo soy muy de abrazarlos, besarlos, agarrarlos.

–¿Te das cuenta cuando un niño nunca fue abrazado?

–Sí. Entonces voy de a poco. Nunca los invado. Empiezo a abrazarlos cuando ellos se dejan. Cuando entienden que no les vas a hacer daño.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Cómo es la convivencia entre ellos?

–Como todos los hermanos del mundo. Las de 4 y 3 años son terribles acusándose. Entonces las mando al baño juntas para que arreglen ahí sus problemas. Después salen jugando.

–¿Cocinás vos?

–Sí. Las del jardín comen allá. La del primario la anoté en el Paicor y me la rechazaron porque yo tengo un auto de seis años. Les dije: “Pero si no es mi hija”. Ahí te das cuenta de lo difícil que es pelear contra el sistema.

–¿Sentís que el sistema ayuda?

–No. Muchas veces no escucha a los chicos. Yo he discutido con profesionales porque querían revincular niños que no querían volver. Y a veces hay que escuchar al niño. Yo hice denuncias en el Polo de la Mujer aunque me decían que no lo hiciera porque era revictimizar. Pero gracias a eso un niño no volvió a un lugar peligroso. El problema es que todo lleva horas, trámites, hospitales públicos, turnos. Yo estoy jubilada y tengo tiempo, pero las familias que trabajan la tienen mucho más difícil.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–¿Las familias de acogida tienen contacto entre sí?

–Sí. Yo estoy en grupos de familias cristianas donde hacemos red de ayuda y contención. Tenemos ropero comunitario, nos prestamos camas, colchones, ropa. Siempre aparece alguien que ayuda.

–¿Por qué tenés cuatro chicos?

–Porque puedo y porque me resulta más fácil que tener uno solo. Cuando es uno solo demanda toda tu atención. En cambio, cuando son varios juegan entre ellos. El cuarto de mi hijo lo transformé en salón de juegos. Tienen disfraces, juguetes, una casita de madera.

–¿Qué le dirías a alguien que está pensando en anotarse?

–Que se anote. Porque es tanto lo que te da el niño… realmente es hermoso. Escribí esto que quiero leerte. “¿Qué es ser familia de acogimiento? Es abrir el corazón y el hogar para acompañar a los niños en momentos muy sensibles de su vida. Es recibirlos con amor, cuidado y respeto mientras se define su situación familiar o se prepara su camino hacia una familia adoptiva. No se trata solo de dar techo y comida, sino de ofrecer seguridad, contención y afecto. Ayudarlos a sanar, volver a confiar y sentirse queridos. Cuando llega un niño a mi casa, pasa a formar parte de mi familia y yo de la suya, aunque sea de manera transitoria. Muchos llegan con historias difíciles, con miedo y heridas emocionales. Por eso el rol de la familia de acogimiento no es solo cuidarlo, sino brindarle un entorno seguro y estable donde pueda empezar a sanar. Le enseñamos, con gestos cotidianos, que existen vínculos sanos, que un adulto puede ser confiable, que el afecto no duele y que sus necesidades importan. Sé que es un rol transitorio y eso lo hace tan especial como desafiante. Acompañar sin apropiarme, cuidar sabiendo que en algún momento deberán seguir su camino. Y cuando eso pasa, aunque duela, también siento alegría por haber sido parte de su historia. Ser familia de acogimiento es, en esencia, un acto de amor generoso. La imagen que más me gusta es pensarme como un puente: ayudar a reconstruir, fortalecer y preparar a un niño para que pueda recibir y dar amor a su nueva familia”.

Mabel Aresca. Gente Picante.
Mabel Aresca. Gente Picante. (José Gabriel Hernández/la Voz)

–Qué bonito.

–Eso es lo que yo siento siendo familia de acogimiento. Quizás otras sienten otras cosas, pero esto es lo mío.

Ficha Picante

Mabel Aresca (70). Es contadora pública y trabajó durante 36 años en Arca (ex-Afip), donde también se desempeñó como inspectora. Desde 2020 integra el programa de Familias de Acogimiento de la Senaf Córdoba. Tras jubilarse, decidió dedicar su vida al cuidado transitorio de niños judicializados atravesados por situaciones de abandono, violencia o consumos problemáticos en sus familias de origen. Ya pasaron 19 chicos por su hogar y actualmente convive con cuatro niñas.