Penal Juvenil. Baja de la edad de imputabilidad: qué advierten tres especialistas tras la reciente sanción de la ley

Tras la sanción de la ley que baja la edad de imputabilidad a 14 años, especialistas advierten que el encierro temprano puede aumentar la reincidencia y que la evidencia científica apunta a priorizar respuestas comunitarias.

10 de marzo de 2026 a las 06:33 p. m.
Baja de la edad de imputabilidad: qué advierten tres especialistas tras la reciente sanción de la ley
Con la nueva ley, niños de 14 y 15 años pueden ser .uzgados con un nuevo régimen penal. (La Voz)

La reciente sanción en el Congreso de la Nación de la ley que baja la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años reactivó un debate que atraviesa desde hace años a la política, la Justicia y la sociedad.

El cambio implica que adolescentes de 14 y 15 años podrán ser juzgados penalmente por determinados delitos, bajo un nuevo régimen que reemplaza el sistema vigente desde 1980.

La normativa, impulsada con el argumento de mejorar la respuesta del Estado frente a delitos graves cometidos por menores, introduce modificaciones en el Régimen Penal Juvenil y habilita la intervención judicial penal en edades que hasta ahora estaban fuera del alcance del sistema. Según el oficialismo, el objetivo es “dar respuestas a las víctimas” y fortalecer herramientas de seguridad.

Sin embargo, desde distintos campos del conocimiento, especialmente la psicología y la neurociencia, el debate nunca se limitó a la discusión jurídica. La pregunta de fondo es otra: ¿qué dice la evidencia científica sobre los adolescentes que delinquen?

Tres especialistas consultadas por La Voz invitan a mirar el fenómeno desde un ángulo menos punitivo y más complejo.

La evidencia científica sugiere que la reducción de la reincidencia,objetivo central de cualquier sistema de justicia, no depende únicamente del castigo, sino del acceso a servicios que atiendan las necesidades del adolescente.

Con la nueva ley, niños de 14 y 15 años pueden ser .uzgados con un nuevo régimen penal. (La Voz)
Con la nueva ley, niños de 14 y 15 años pueden ser .uzgados con un nuevo régimen penal. (La Voz) (La Voz)

Salud mental, educación, acompañamiento comunitario y vínculos significativos aparecen como factores clave.

Un cerebro en construcción

La doctora Karin Arbach, psicóloga especializada en conducta delictiva e investigadora del Conicet, sostiene que cualquier política pública en materia penal juvenil debería partir de un dato básico: el cerebro adolescente no funciona como el de un adulto.

“No deberían descuidarse los aportes de la ciencia. El cerebro de un adolescente funciona de manera diferente y aún no está completamente desarrollado, especialmente en áreas que requieren procesos complejos, como los que implica un proceso penal”, explicó a La Voz.

Desde su experiencia en la evaluación del riesgo de violencia en sistemas judiciales, incluidos modelos europeos, Arbach señala que la evidencia muestra que la respuesta penal más restrictiva, como la privación de libertad, debería reservarse solo para casos extremos.

“Las medidas altamente restrictivas deberían aplicarse únicamente cuando los factores de riesgo no pueden ser minimizados en el entorno comunitario, por ejemplo ante consumos muy problemáticos de sustancias o una carencia absoluta de redes familiares y sociales”, afirmó.

La especialista advirtió que el sistema penal debería priorizar intervenciones que se desarrollen dentro de la comunidad. El motivo es claro: el encierro temprano puede interrumpir un proceso natural que está ampliamente documentado en criminología.

“Existe un fenómeno comprobado llamado desistencia delictiva: tras un período en el que aumentan las conductas antisociales en la adolescencia, muchas personas abandonan estas conductas espontáneamente entre los 20 y 25 años”, explicó.

Según Arbach, intervenir de forma temprana con respuestas exclusivamente punitivas puede generar el efecto contrario al buscado.

“Se ha demostrado que si muy temprano se da una respuesta muy restrictiva como la privación de libertad, ese proceso puede verse interrumpido y aumentar la reincidencia”, señaló.

Con la nueva ley, niños de 14 y 15 años pueden ser .uzgados con un nuevo régimen penal. (La Voz)
Con la nueva ley, niños de 14 y 15 años pueden ser .uzgados con un nuevo régimen penal. (La Voz) (La Voz)

“La Justicia debería proveer los servicios que ese adolescente necesita para reducir su reincidencia”, concluyó.

No es solo una decisión individual

Para Arbach, el delito adolescente no aparece de forma aislada. Suele ser el resultado de trayectorias previas marcadas por vulnerabilidades acumuladas.

“Lo que vemos en nuestros estudios es que muchos adolescentes que delinquen estaban desvinculados de la escuela”, indicó, aunque aclara que un factor de riesgo no equivale a una causa.

La especialista enumera algunos elementos que incrementan la probabilidad de conductas delictivas: problemas en la primera infancia, déficits en el cuidado prenatal, entornos sociales con alta criminalidad o instituciones educativas sobrecargadas.

“La conducta delictiva no viene de la nada. Ha habido factores de riesgo antes en la vida de esas personas”, resumió.

Desde esta perspectiva, la discusión sobre la edad de imputabilidad aparece, para la investigadora, desfasada respecto de los desafíos reales.

“Tenemos que preguntarnos qué hicimos antes para que el delito no ocurra”, planteó.

El desfasaje entre emoción e impulso

Una mirada complementaria aporta la psicopedagoga y especialista en neuroeducación Mariana Savid Saravia, quien enfatizó el desarrollo desigual de los sistemas cerebrales durante la adolescencia.

“El cerebro humano se termina de desarrollar entre los 25 y los 30 años. Durante la adolescencia, el sistema límbico, ligado a las emociones y los impulsos, está muy activo, mientras que la corteza prefrontal, responsable del control y la planificación, es la última en madurar”, explicó.

La imagen que utiliza es elocuente: “Es como tener un auto con motor de Fórmula 1 y frenos de bicicleta”.

Desde esta lógica, el comportamiento impulsivo no es una excusa, sino una condición biológica.

“El cerebro adolescente es plástico y se moldea con la experiencia. La cárcel es un ambiente de hostilidad permanente que hiperactiva los circuitos del miedo y debilita los vinculados a la confianza y la empatía”, advierte.

Según su análisis, el encierro no necesariamente rehabilita. “El adolescente encarcelado no aprende a reflexionar: aprende a sobrevivir”, sostuvo.

Para Savid Saravia, el foco debería desplazarse hacia las trayectorias previas. “El cerebro de ese adolescente no se ‘equivocó’ de repente. Se fue moldeando durante años en entornos de violencia o exclusión”, afirmó.

Desde esa perspectiva, el delito aparece como el resultado de una cadena de vulneraciones previas.

“Encerrarlo en ese punto no es solución: es el último eslabón de una cadena de abandonos”, señaló.

Infancias sin infancia

La psicóloga Carolina Verón pone el acento en la historia subjetiva de estos jóvenes.

“Antes de pensar en la edad de imputabilidad, hay que pensar cómo crecieron estos niños que hoy son adolescentes que delinquen”, planteó.

Verón describe trayectorias marcadas por la ausencia de vínculos afectivos estables, el abandono escolar y la exposición temprana a conductas delictivas.

“Son niños a los que se les ha quitado la infancia. A los seis o siete años ya comienzan a delinquir acompañados por adultos de referencia”, explicó.

En esos casos, sostiene, no puede hablarse de una adolescencia plenamente transitada.

“Cometen actos con la fuerza biológica de un adolescente, pero sin la maduración necesaria para reflexionar sobre sus consecuencias”, afirmó.

Desde su perspectiva, la violencia de algunos delitos juveniles está ligada precisamente a esa brecha.

Muchos de los adolescentes que delinquen padecieron infancias vulnerables. (La Voz)
Muchos de los adolescentes que delinquen padecieron infancias vulnerables. (La Voz) (La Voz)

“El adulto puede comprender y anticipar consecuencias; estos chicos muchas veces no tienen esa capacidad porque su desarrollo psíquico fue interrumpido”, adviertió.

Para Verón, el debate de fondo debería centrarse en las condiciones de crianza.

“El psiquismo se conforma en función de los primeros vínculos. Cuando estos están atravesados por violencia o carencias, las consecuencias aparecen años después”, concluyó.