Salud. El frío extremo aumenta el riesgo de infarto, pero el calor no, según estudios
Investigaciones basadas en el registro Código Infarto de la Comunidad de Madrid indican que las temperaturas muy bajas elevan el riesgo de infarto de miocardio, mientras que las olas de calor no muestran el mismo efecto.
Las temperaturas muy frías se asocian con un mayor riesgo de infarto de miocardio, mientras que las muy elevadas no incrementan ese riesgo, según investigaciones del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias y la Universidad de Alcalá.
Los estudios analizaron factores ambientales vinculados a eventos cardiovasculares y concluyeron que el frío extremo representa un factor de riesgo significativo, a diferencia de las olas de calor, donde no se observó un aumento en la incidencia de infartos.
Frío, gripe e infarto: factores independientes
Un segundo trabajo, publicado en el Journal of the American Heart Association, determinó que tanto el virus de la gripe como las bajas temperaturas actúan como factores independientes asociados a un mayor riesgo de infarto de miocardio.
Además, una investigación más amplia difundida en la revista Heart concluyó que la vacunación antigripal se asocia con una reducción del riesgo de infarto en personas mayores de 60 años.
Los investigadores remarcan que estos factores operan de manera separada: el frío incrementa el riesgo, y la infección por gripe también lo hace, incluso cuando se analizan de forma independiente.
Ritmos circadianos y factores sociales

El equipo también evaluó la influencia de los ritmos circadianos y de las condiciones sociosanitarias en el riesgo cardiovascular. Los resultados más recientes fueron publicados en el Journal of Clinical Medicine.
Las conclusiones surgen del análisis del registro Código Infarto, un procedimiento asistencial integral que coordina la atención del infarto agudo de miocardio en la Comunidad de Madrid.
La red incluye al Hospital Universitario Príncipe de Asturias, otros 10 hospitales públicos y el Summa 112. Según los investigadores, este sistema permitió reducir la mortalidad global gracias a una mejora en los tiempos de respuesta y en el acceso precoz al tratamiento.
Los especialistas subrayan que comprender cómo influyen las temperaturas extremas, la gripe y otros factores ambientales puede contribuir a diseñar estrategias preventivas frente al infarto de miocardio, especialmente en poblaciones vulnerables.



