Ingeniería Biomédica. Estudiantes de la UNC desarrollan proyectos para personas con discapacidad visual y auditiva
Tres grupos de alumnos de la cátedra de Ingeniería en Rehabilitación presentaron herramientas innovadoras para asistir a personas con hipoacusia, ceguera y disminución visual.
En una presentación de trabajos Integradores de la carrera de Ingeniería Biomédica de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN- UNC), estudiantes de quinto año de la cátedra Ingeniería en rehabilitación, expusieron dispositivos y sistemas de asistencia tecnológica para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad.
Para el desarrollo de las iniciativas estudiantiles, los docentes de la cátedra utilizaron el aprendizaje basado en proyectos. Los destinatarios de estos fueron personas en situación de discapacidad, con problemas de accesibilidad o en rehabilitación.
Trabajaron con este fin en conjunto con instituciones del sector de la provincia.
Durante la jornada se presentaron un total de 29 proyectos que apuntaron a tres grandes aspectos: mejorar los movimientos y actividades diarias de personas con discapacidad, ayudar al desarrollo cognitivo de niños y adultos con discapacidad y perfeccionar el desempeño de deportistas con discapacidad.
Los alumnos se enfocaron en resolver necesidades concretas y para medir el impacto real del dispositivo desarrollado después de incorporarlo en la rutina diaria del usuario, utilizaron el indicador de “Evaluación de problemas priorizados individualmente” o IPPA por sus siglas en inglés (Individually Prioritized Problem Assessment).
Tres de los innovadores proyectos presentados se centraron en la asistencia a personas con discapacidad visual y auditiva.
Dispositivo “L.I.V.A”
El sistema de Luz Integral y Vibración de Alerta (LIVA) está enfocado en asistir a padres con hipoacusia para que puedan detectar el llanto de su bebé durante la noche. La necesidad surge de que muchas personas con esta discapacidad se quitan sus audífonos para dormir quedando desconectados del entorno.
El desarrollo del dispositivo se basó en el caso de Cristian (34) que es primo de una de las estudiantes y que por la noche dependía de terceros para cuidar a su bebé de un año, comprometiendo así la seguridad del lactante y limitando la autonomía de su rol parental.

“Primero pensamos en dos monitores de bebe convencionales que tuvieran luces y vibraciones pero descubrimos que Cristian duerme con la bebé en la misma pieza y que ella es muy sensible a la luz”, contó a La Voz Matías Anzolini, integrante del equipo de alumnos.
Y agregó: “después supimos que él siempre usaba un smartwatch para notificaciones y como alarma. Como ya lo tenía en su rutina pensamos en incorporarlo”.

Liva funciona a través de un micrófono digital colocado en la cuna para captar el llanto o llamado del bebé. Esta señal se envía a un teléfono por medio de wifi y luego se transmite al reloj del usuario como señal vibratoria. El diseño prevé que la notificación se diferencie de otras y llegue de forma repetitiva para poder despertar al usuario.
De acuerdo con el indicador IPPA, el uso del dispositivo disminuyó de 25 (puntuación total de dificultad) a 6,67, ya que permite una retroalimentación en tiempo real y una autonomía nocturna en el hogar con un bajo costo de instalación.

Sistema “SAMI”
Otro de los proyectos destacados es “SAMI” o Sistema de Asistencia Materno Infantil para madres con discapacidad visual. En este caso las estudiantes se enfocaron en el caso de Luana, una madre primeriza con problemas de visión a causa de un glaucoma, que no podía medir de forma autónoma el nivel de líquido en la mamadera de su bebé.
En conjunto con la fundación Gaude detectaron que la mujer dependía de terceros para una tarea cotidiana y repetitiva. Además, necesitaba trasvasar el líquido para realizar esta acción, lo que comprometía la higiene del alimento.

Así fue que diseñaron un dispositivo que detecta distintos niveles de líquido en la mamadera y comunica, mediante señales auditivas de voz, si tiene 50, 100, 150, 200 o 250 mililitros. También indica si el recipiente está vacío y si ya está encendido.
“No todas las mamaderas son iguales y para medir volumen se debe tener en cuenta la geometría del envase. Por eso pensamos en este dispositivo que incluye una mamadera con un formato específico”, explicó Martina Uribe Biava, integrante del grupo.

Según comentó ya existían en el mercado “balanzas parlantes” pero eran muy costosas y ellas buscaban desarrollar algo innovador, práctico, económico y específico que además evitara la contaminación del líquido y el riesgo de error.
“También queríamos transformar la experiencia de ser madre y derribar las barreras del entorno para que la discapacidad visual no condicione la maternidad segura, plena y autónoma”, agregó la alumna.
Sobre el indicador IPPA, el uso de SAMI disminuyó de 22,29 a 8,14 ya que Luana pudo usar el dispositivo de manera autónoma en las sesiones de prueba y valoró de forma positiva el funcionamiento y accesibilidad.
Dispositivo para orientación espacial
Enfocados en la discapacidad visual, otro grupo de estudiantes desarrolló un dispositivo háptico para asistencia en la orientación espacial. El problema que intenta resolver es el peligro de, durante la marcha, sufrir accidentes con carteles, ramas, toldos, entre otros. También busca evitar los riesgos de usar el celular para ubicarse en la vía pública.
Para ello se reunieron con Nicolás Agustín Veliz, jugador de la Selección Argentina de Fútbol para Ciegos, quien les comentó que si bien puede detectar obstáculos con su bastón, no ocurre lo mismo para los que están encima de la cintura o a la altura de la cabeza.

Con el objetivo de mejorar su seguridad y autonomía en entornos urbanos desarrollaron un dispositivo colgante que se lleva alrededor del cuello y combina dos funciones.
La primera, detectar obstáculos a la altura de la zona media y superior del cuerpo y alertar al usuario mediante vibración. La segunda, ubicar a la persona mediante un asistente de voz entrenado que al presionar un botón, indica dónde se encuentra precisando calle, altura y cercanía con una intersección.
El sistema consiste en sensores de ultrasonido que constantemente miden la distancia entre la persona y los objetos, y que se activa si el obstáculo está demasiado cerca (75 centímetros) para producir una vibración en la propia carcasa del dispositivo.

También cuenta con un sistema de geolocalización independiente del celular que envía coordenadas a un servidor web que luego servirá para informarle al usuario su ubicación en tiempo real.
“Primero pensamos en una vincha con los mismos componentes electrónicos. Después quisimos adaptar unos lentes por el uso habitual que le dan las personas con ceguera. Pero por lo económico y para que sea fácilmente replicable y escalable decidimos hacer este módulo colgante que es discreto y cumple la función”, contó a este medio Rafael Alfonso Kaplún, integrante del equipo.
De acuerdo con el indicador IPPA, el uso del dispositivo disminuyó de 16 a 9 puntos logrando evitar accidentes, reducir la dependencia del teléfono celular y aumentar la confianza, seguridad e independencia del usuario al trasladarse.


