Alerta salud. Dormir poco altera el apetito, el metabolismo y el control del peso
La falta de sueño modifica hormonas clave como la leptina y la grelina, aumenta el hambre y eleva el riesgo de sobrepeso, obesidad y resistencia a la insulina.
Dormir pocas horas afecta el descanso, pero los especialistas advierten que también altera el apetito, el metabolismo y el control del peso corporal. Además insisten en que la higiene del sueño debe considerarse tan importante como la alimentación equilibrada y la actividad física.
Según los expertos, muchas personas se enfocan únicamente en el balance calórico diario y descuidan la duración y la calidad del descanso, factores que influyen directamente en el riesgo de sobrepeso y obesidad.
Hormonas del hambre desreguladas cuando dormimos mal

La restricción de sueño provoca un desequilibrio hormonal que afecta las señales de hambre y saciedad. Dos hormonas resultan claves:
- Leptina: indica saciedad. Sus niveles disminuyen cuando se duerme poco.
- Grelina: estimula el hambre. Aumenta ante la falta de descanso.
Ensayos experimentales demostraron que una sola noche de mal sueño puede elevar la grelina y aumentar el apetito al día siguiente. Con el tiempo, este desbalance contribuye al aumento de peso y a una mayor probabilidad de obesidad.
Diversos estudios muestran que quienes duermen cinco horas o menos tienen un riesgo significativamente mayor de subir de peso en comparación con quienes duermen alrededor de siete horas.
Impacto en la glucosa y riesgo de diabetes

La nutricionista clínica Belén Fontán Calvo remarcó que el sueño también modula cómo el cuerpo usa la glucosa. La falta de descanso puede reducir la sensibilidad a la insulina, obligando al páncreas a producir más para mantener niveles normales de azúcar en sangre.
Ensayos clínicos revelaron que dormir sólo cuatro o cinco horas por noche durante menos de una semana genera cambios metabólicos similares a los observados en estados prediabéticos.
A esto se suma que la privación crónica de sueño favorece un estado de inflamación de bajo grado, asociado a resistencia a la insulina y mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Malas decisiones alimentarias y menos actividad física

Otro efecto indirecto del mal descanso es la reducción de la capacidad para tomar decisiones saludables. Una persona fatigada tiende a:
- elegir alimentos más calóricos
- consumir más azúcares simples
- realizar menos actividad física
El resultado combina factores hormonales, metabólicos y conductuales que promueven el aumento de peso.
Fontán subrayó que el sueño debe considerarse un componente esencial de la salud y no un factor secundario. Para la práctica clínica, insistió en que la nutrición, la actividad física y el descanso deben abordarse de manera conjunta y equilibrada.
Sin embargo advirtió que el sueño continúa siendo el pilar más descuidado entre los tres, pese a su impacto directo en la composición corporal y en la salud metabólica a largo plazo.



