Mascotas en Córdoba. Crece la hotelería para perros: entre los nuevos hábitos y los nuevos negocios
En Córdoba, hay cada vez más guarderías caninas. La principal demanda surge por viajes o vacaciones de los dueños. Desde "hoteles" con caniles individuales y cámaras las 24 horas hasta alojamiento en hogares compartidos. Precios y servicios varían.
Una familia carga las valijas para irse de vacaciones, pero hace una parada previa: deja al perro en una guardería con patio, juegos, fotos diarias y seguimiento permanente por teléfono. Para muchas personas, viajar ya no implica solamente decidir destino y presupuesto. También significa resolver quién cuidará a la mascota. Tanto, que ya se habla de hotelería canina.
En Córdoba, las guarderías para animales vienen en crecimiento sostenido. Hace 20 años era casi impensado. Hoy, nadie se asombra.
El fenómeno se repite tanto en la Capital como en el interior cordobés. Los emprendimientos ofrecen desde alojamiento básico hasta servicios premium con veterinarios, climatización y cámaras en vivo.
Aunque no existe un registro oficial provincial, relevamientos realizados en Google Maps y en plataformas del rubro muestran que sólo en Córdoba capital ya funcionan varias decenas de guarderías para mascotas.
El crecimiento también se percibe en redes sociales, donde muchos emprendimientos publican videos diarios de animales que alojan, para tranquilizar a sus familias.

Cambios de hábitos
Detrás del negocio, aparece un cambio cultural más profundo: la creciente humanización de las mascotas y el cada vez mayor presupuesto que se destina a los animales del hogar.
Perros y gatos dejaron de ocupar un rol secundario para convertirse en "integrantes emocionales" de la familia. Especialistas hablan incluso de “familias multiespecie”, una idea que se refleja también en el lenguaje cotidiano: ya no se habla tanto de “dueños”, sino de “tutores”, “mamá perruna” o “papá gatuno”.
La tendencia se acentuó con la pandemia, cuando aumentaron la adopción de mascotas y el tiempo de convivencia dentro de las casas. También influye que hay cada vez más personas que viven solas y más parejas sin hijos, pero con animales en casa.

El fenómeno ya mueve mucho dinero. De acuerdo con testimonios recogidos, una estadía promedio en una guardería para mascotas cuesta entre $ 15 mil y $ 35 mil diarios, aunque en servicios premium puede superar los $ 65 mil. Una semana de alojamiento para un perro ya supone un presupuesto importante.
Quien no tiene a un vecino, amigo o familiar al que dejarle la mascota, o al que encargarle que visite cada día su hogar, recurre a la hotelería, si tiene cómo pagarla
“Si no tengo con quién dejarla, no viajo”
Mariana, una diseñadora gráfica de Córdoba capital, deja a su bulldog francés en una guardería cada vez que viaja por trabajo. Dice que al principio sentía culpa y ansiedad. “La primera vez pedí videos cada dos horas. Necesitaba verla bien para poder disfrutar el viaje”, cuenta. Hoy ya conoce a quienes la cuidan y hasta nota que su perra “se pone contenta” cuando llega al lugar.
Algo similar le ocurre a Sergio, de Mendiolaza, que suele dejar a sus dos perros durante escapadas familiares. “Antes directamente no viajábamos. O nos turnábamos para volver antes. Ahora encontramos un lugar donde sabemos que están contenidos, acompañados”, explica. Dice que no busca lujo, sino confianza: “Para nosotros son parte de la familia”.

En Río Segundo, Paula vive sola y tiene una perra adoptada. Cuenta que muchas veces organiza su rutina en función del animal. “Hay personas que quizás no entienden el nivel de apego, pero convivimos todo el día. Cuando la dejo, siento algo parecido a dejar a un hijo con alguien”, expone.
Los responsables de las guarderías aseguran que esas escenas son cada vez más habituales. Dueños que llaman varias veces al día y hasta personas que cancelan viajes o regresan antes porque extrañan a sus mascotas o no encontraron dónde dejarlas.
Del “vecino que lo cuidaba” a la guardería
En Río Cuarto, la veterinaria Fabiana Corteggiano asegura que las viejas guarderías que fueron pioneras se transformaron en verdaderos hoteles para mascotas. “Lo que más cambió fue el concepto. Hoy la gente tiene muchísimas más exigencias respecto del bienestar animal”, explica.

Una de las demandas más frecuentes es poder ver a la mascota en tiempo real. Por eso muchos lugares incorporaron cámaras permanentes, videollamadas y envío constante de fotos y videos.
El negocio, además, dejó de ser exclusivamente estacional: ya no funciona sólo en vacaciones. “Ahora la gente viaja todo el año y sale más en fines de semana”, resume Corteggiano.
En Traslasierra, el hotel Floffy ofrece incluso spa, peluquería y cuidados personalizados. Allí las tarifas van de $ 30 mil a $ 65 mil diarios, dependiendo del tamaño, de la edad y de las necesidades del animal.
El lugar, a cargo de Romina Cuello y de dos socias, existe desde hace 12 años. Está entre los primeros del rubro. Según cuentan, alojan a mascotas no sólo de la zona, sino también de turistas que llegan. Allí trabajan constantemente tres socias, con refuerzo de otras tres personas en los fines de semana.
Una casa llena de perros
No todo pasa por la hotelería armada. Gran parte del crecimiento ocurre en formatos más hogareños, donde las mascotas conviven dentro de las casas como si fueran parte de la familia alojadora.
Por ejemplo, en barrio Urca, en la ciudad de Córdoba, funciona Los Cuidadores, una guardería nacida en la localidad de Porteña y trasladada a Capital tras la pandemia. Allí los perros no duermen en caniles, sino que circulan libremente entre habitaciones y patios, comparten sillones y camas y conviven con la familia que maneja el emprendimiento.

Entre perros propios y huéspedes, pueden convivir en esa casa hasta 16 animales al mismo tiempo.
El servicio allí ronda los $ 25 mil diarios y muchos clientes llevan su propio alimento, porque algunos perros tienen dietas específicas o rutinas muy marcadas.
Videollamadas y perros “anfitriones”
En Río Tercero, la guardería canina Olinpe también reproduce el modelo hogareño, sin jaulas ni caniles, donde los perros conviven dentro de una casa adaptada para recibirlos.
Uno de los rasgos singulares es que la adaptación de los huéspedes se realiza con ayuda de sus propios perros: dos salchichas que funcionan como “anfitriones” y facilitan la socialización.

“Queremos que se sientan como en su casa”, resume Fernando Anziani, quien abrió el emprendimiento hace casi cuatro años, después de detectar una necesidad que él mismo tenía como dueño de mascotas. Las videollamadas con los propietarios para mostrarles a sus perros alojados forman parte de su rutina.
Cancelar viajes o volver antes (y la historia de Astor)
En Pilar, Mariela Menta comenzó a cuidar perros en su casa después de notar algo repetido entre amigos y conocidos: personas que cancelaban salidas, suspendían viajes o volvían antes de vacaciones porque no tenían dónde dejar a sus mascotas.
Su guardería funciona también con lógica doméstica. Adaptó patios y espacios separados, pero los animales conviven dentro de la vivienda “como si fuera su casa”. Durante el verano llegó a alojar hasta a 14 perros juntos. El servicio cuesta entre $ 12 mil y $ 15 mil diarios, según el tamaño del animal.
Pero, detrás de la postal tierna –dice–, hay mucho desgaste emocional. “Hay noches enteras en que no se duerme”, cuenta. Algunos perros extrañan tanto a sus dueños que terminan durmiendo al lado de la cama de ella. Otros requieren atención médica permanente. Actualmente aloja a una perrita diabética, ciega y amputada, a la que debe aplicarle insulina todos los días.
En ese vínculo cotidiano aparecen escenas que resumen el nivel de apego emocional que generan estos lugares. Como el caso de Astor, un perro de Pilar que, después de terminar su estadía, escapó de su casa y volvió solo a la guardería. “Sentí que rascaban la puerta y era él. Fue derecho al patio, como si viniera a pasar el día otra vez”, recuerda Mariela.

"Cada vez más gente los trata como hijos"
También hay animales que requieren medicación o cuidados especiales. “No es lo mismo un perro tranquilo que otro mucho más demandante”, explican varios "hoteleros".
La actividad se va expandiendo y no sólo por viajes de los dueños. Hay perros que asisten casi a diario a una guardería porque en su casa trabajan muchas horas o viven en departamentos pequeños. Algunos llegan temprano y se van recién por la tarde, casi como si fueran a una guardería infantil.
Incluso aparecen algunas escenas que hasta hace poco hubieran parecido exageradas: cumpleaños caninos con torta, globos y regalos. “Cada vez más gente los trata como hijos”, dicen.
¿También para gatos?
Aunque también existen guarderías para gatos, esa oferta sigue siendo mucho menor que para canes. En parte, porque el perro requiere más socialización, actividad física y acompañamiento cotidiano, según dicen los propios emprendedores. Además, muchos gatos toleran mejor quedarse solos durante períodos cortos, con visitas esporádicas para alimentación y limpieza.
De todos modos, el crecimiento también alcanza al mundo felino. En Cosquín, el hotel Colibrí Serrano armó espacios completamente separados para gatos, con patios privados y ambientes diferenciados. Allí las tarifas rondan los $ 15 mil diarios para gatos y unos $ 25 mil para perros.

Los dueños del lugar recuerdan el caso de Duke, un perro cuyos propietarios viajaron a Europa “en busca de un mejor futuro”. La estadía, pensada inicialmente como temporal, lleva ya más de tres años. “No pasa un día sin que pregunten cómo está”, cuentan.
En distintos puntos de la provincia, siguen apareciendo nuevos emprendimientos, algunos muy profesionales (varios promovidos por veterinarias, como nuevos servicios) y otros más informales, impulsados por una demanda que parece crecer al calor de nuevas ideas de familias, de afecto y de consumo.
- Con aportes de Denise Audrito, de Miguel Ortiz y de Mariela Martínez

