Desarrollo mundial. Carrera espacial: por qué Argentina podría perder su ventaja histórica en Latinoamérica
El investigador del Conicet César Bertucci alertó sobre el “estrangulamiento” presupuestario del sistema científico. Aseguró que, sin inversión estatal, el país corre el riesgo de perder conocimiento estratégico, y sufrir un éxodo de científicos hacia otros países.
Desde 1990, Argentina se consolidó como líder regional y protagonista mundial en desarrollo espacial del mundo por su capacidad de completar el ciclo satelital: figura entre los 10 países que no solo diseña y fabrica satélites, sino que tiene la capacidad de lanzarlos al espacio. Junto con Brasil, es el único país de Latinoamérica con esta competencia.
En este punto, el astrónomo y doctor en física espacial César Bertucci, investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio (Iafe), dependiente del Conicet y la Universidad de Buenos Aires (UBA), destacó el desarrollo de ambos países sobre otros de la región.

Aunque, señaló que actualmente avanzan con estrategias muy diferentes. “Brasil lleva adelante una política espacial vinculada a la cooperación con países del Brics, especialmente con China. En cambio, Argentina se alineó más con Estados Unidos”, expresó a La Voz.
En tanto, el ingeniero Martin Álvarez, responsable de la gestión del proyecto satelital Sabia Mar, de Conae, y de anteriores como SAC-D/Aquarius, indicó que misiones como estas siguen colocando al país como uno los más desarrollados a nivel aeroespacial de la región, junto a Brasil.
"Lo que reconfirma el trabajo de años de la Conae, y de todo el ecosistema espacial", señaló.
Falta de financiamiento
Bertucci —con trayectoria en la Agencia Espacial Europea— remarcó que el principal problema argentino no pasa por los acuerdos internacionales sino por la falta de financiamiento.
“Todo el sistema científico y tecnológico está 'estrangulado' desde el punto de vista presupuestario”, afirmó.
Además, sostuvo que el Gobierno nacional apuesta por el sector privado, aunque considera que todavía no tiene la capacidad suficiente para reemplazar el rol del Estado en desarrollos complejos.

Y mencionó proyectos recientes como del microsatélite Atenea, al que calificó como iniciativas “mucho menores en escala y complejidad” respecto de las históricas misiones de la Conae.
Como ejemplo, recordó los satélites SAC, especialmente el SAC-D/Aquarius, desarrollado junto a la Nasa, que permitió medir la salinidad del mar y realizar investigaciones de relevancia internacional.
Sin embargo, Álvarez sostuvo agregó que “el contexto argentino es desafiante para llevar adelante proyectos que trascienden gobiernos y duran años hasta un lanzamiento, como mínimo entre seis y siete años”.
Y destacó el trabajo colaborativo entre los países: "Con la agencia brasilera tenemos mucha colaboración y cuando aparece otra agencia latinoamericana también lo hacemos", afirmó.
En el caso de Brasil, este trabaja con un proyecto que espera lanzar en 2017 y se complementa con Sabia Mar.
Fuga de cerebros
Bertucci advirtió sobre el delicado presente del desarrollo espacial argentino y aseguró que la falta de inversión pública amenaza con provocar una pérdida de capacidades científicas y tecnológicas difíciles de recuperar.
El investigador también alertó sobre el impacto que la crisis presupuestaria tiene en las universidades y centros científicos.

“Si se quiere desarrollar una industria espacial hay que invertir en las universidades que forman a ingenieros y científicos. Hoy, muchas instituciones están en una situación prácticamente inviable”, sostuvo.
Además, señaló que la falta de oportunidades genera un éxodo de investigadores argentinos hacia otros países de la región, como Chile, que comienzan a fortalecer sus propias agencias espaciales.
Para el astrónomo, el riesgo más grande es perder conocimiento estratégico. “En el sector espacial la propiedad intelectual y el desarrollo tecnológico son claves. Hay tecnologías que los países más avanzados directamente no venden”, explicó.
Y concluyó: “Países como Argentina o Brasil necesitan desarrollar capacidades propias. No invertir en ciencia y tecnología es pegarse un tiro en el pie”.




