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Historia. La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo

La Casa Miramontes es un ícono del movimiento moderno en Argentina, construida con un sistema que optimiza el uso de la radiación solar. Fue diseñada por Wladimiro Acosta, un exiliado nacido en Odesa, influido por las vanguardias de diseño y arquitectura.

27 de junio de 2026, 17:20
Juan Manuel Navarro
La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo
La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo.

La Falda tiene una joya arquitectónica de 1940, redescubierta en los últimos años.

Wladimiro Acosta, un exiliado ruso formado en el movimiento moderno y la Bauhaus, diseñó en la villa serrana la llamada Casa Miramontes, donde combinó las ideas de la vanguardia europea con un sistema precursor de la construcción bioclimática.

La construcción sigue al pie de la letra los lineamientos del Sistema Helios, un método desarrollado por el propio Acosta que optimiza el uso de la radiación solar para regular la temperatura de forma natural.

La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo.
La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo. (Gentileza)

El arquitecto estudió la trayectoria del sol, el clima y la topografía serrana con un objetivo preciso: que la casa recibiera luz y calor en invierno y, al mismo tiempo, quedara protegida del sol fuerte en verano.

Fabio Grementieri, especialista en patrimonio arquitectónico y asesor en diversos proyectos de conservación, sostiene que la Casa Miramontes es un ícono del movimiento moderno en Argentina, comparable con obras de renombre internacional como la casa de Victoria Ocampo (1929) en Palermo Chico, la Casa sobre el Arroyo (1943) en Mar del Plata y la Casa Curutchet (1948) en La Plata.

“Es considerada una obra arquitectónica fundamental, que materializa el Sistema Helios. La premisa central era que el diseño no debía ser caprichoso, sino organizarse según parámetros científicos para lograr el mejor aprovechamiento del sol y las condiciones climáticas”, indica Grementieri.

“Cada sitio posee una latitud específica y el sol describe una trayectoria particular. Acosta se basó en estos elementos para estructurar la volumetría de todo el edificio. Dispuso cada habitación según su función para maximizar el confort. Su objetivo era aprovechar las fuerzas de la naturaleza para evitar el consumo energético innecesario; en definitiva, lo que hoy denominamos arquitectura bioclimática. Fue un pionero absoluto en la materia”, agrega.

De Odesa a La Falda

Wladimiro Acosta nació en 1900 en Odesa (por entonces parte del imperio ruso) y su nombre real era Vladímir Konstantinowski. Se presume que cambió de nombre al llegar al Río de la Plata, adoptando el apellido de su abuelo materno, un ingeniero civil español.

Tras la Revolución Bolchevique de 1919, se instaló en Roma, donde obtuvo el título de licenciado en la Escuela Superior de Bellas Artes. En 1922, se trasladó a Berlín, atraído por el expresionismo y el modernismo, según el sitio especializado Moderna Buenos Aires. Allí también trabajó en el campo escénico y se vinculó con estudios de ingeniería y de urbanismo, además de profundizar en técnicas vinculadas al hormigón armado. Esa mezcla de artes escénicas, técnica y vanguardia parece clave para entender luego su arquitectura como una disciplina total.

En ese contexto se nutrió de las ideas del modernismo, un movimiento influenciado por el racionalismo que proponía formas simples, mejor iluminación, más higiene y una relación más directa entre la construcción y las necesidades reales de las personas. También valoraba los materiales y las técnicas nuevas, sobre todo el hormigón, el acero y el vidrio.

La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo.
La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo. (Gentileza)

Pero Acosta no se limitó a trasladar automáticamente estas ideas a sus proyectos en Argentina. Atento a las condiciones ambientales y urbanísticas locales, enriqueció una “caja de herramientas” forjada en Europa con las necesidades de un país periférico, con características sociales, geográficas y climáticas específicas.

Acosta llegó por primera vez a Argentina en 1928 y, tras un breve período en Brasil, se instaló definitivamente en Buenos Aires, donde en pocos años obtuvo reconocimiento profesional. Fue entonces cuando otro inmigrante, el francés Juan María Jan, dueño de las Academias Pitman -conocidas por sus cursos de mecanografía y contabilidad-, lo contrató para que diseñara una casa de vacaciones en las sierras cordobesas.

El arquitecto diseñó cuatro viviendas con el Sistema Helios, pero la Casa Miramontes es la única construida en territorio serrano y concebida específicamente como residencia de vacaciones. Las otras tres son urbanas y de residencia permanente: una en el barrio de Belgrano (Buenos Aires), otra en Ramos Mejía y la tercera en Bahía Blanca.

Su legado arquitectónico abarca además casas en la ciudad de Buenos Aires y Santa Fe, el proyecto del City Block –una suerte de "supermanzana" compuesta por un basamento comercial y torres residenciales en su interior– y varios edificios institucionales, entre otros proyectos.

Para Grementieri, “esta obra posee un valor excepcional porque logró bajar a tierra las ideas, a veces utópicas, del movimiento moderno, adaptándolas a situaciones urbanas concretas y a las particularidades geográficas de cada territorio”.

Por caso, en la vivienda La Falda priorizó materiales de la zona: piedra caliza para la mampostería, mosaico granítico para pisos y escaleras, y madera para la carpintería.

La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo.
La casa de La Falda que "controla" el sol: la obra bioclimática que se adelantó a su tiempo. (Gentileza)

En busca de protección

En 2023, la Junta Municipal de Historia (JMH) de La Falda comenzó a motorizar una ordenanza municipal para declarar la casa de interés patrimonial y solicitó al mismo tiempo la consagración de la construcción como bien histórico nacional.

En diciembre pasado, la JMH presentó un segundo proyecto de ordenanza que contempla la designación de la Casa Miramontes como bien patrimonial cultural de interés arquitectónico, histórico y ambiental municipal, con grado de protección alto. Eso implica conservar rigurosamente sus características edilicias y exige que cualquier intervención mantenga sus valores arquitectónicos, históricos y ambientales.

Karim Blanco, presidenta de la JMH, subrayó que el proyecto busca preservar un “tesoro arquitectónico” con características únicas para la zona.

“Estamos pensando en salvaguardar el patrimonio local con una visión de futuro, no con la idea nostálgica de guardar las cosas sólo porque son viejas. Miramos al patrimonio como un bien de desarrollo y como un enorme potencial de posibilidades para el crecimiento de la ciudad. Queremos que sea un lugar donde estudiantes de arquitectura vengan a hacer sus tesis, que quienes trabajan en la ciencia del bioclima puedan investigar. Hay un montón de disciplinas que parten de este tipo de estructuras de pensamiento”, afirma Blanco.

En esta línea, la presidenta de la JMH agregó que el municipio firmó un convenio con la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño (UNC) que contempla la participación de estudiantes en el relevamiento arquitectónico y urbanístico de La Falda.

Dejaron su huella

Blanco marca un paralelismo entre las ideas del arquitecto y las del empresario que lo contrató. “Cuando empezamos a investigar y encontramos los planos originales, descubrimos que quien convocó a Wladimiro Acosta fue un visionario: el dueño de las Academias Pitman”.

Agrega que el empresario no buscaba crear un lugar elitista, “sino un espacio para lo que hoy llamaríamos la clase media, que era el mismo criterio de las Academias Pitman al dar autonomía económica a las mujeres mediante la formación. Es increíble que ese desarrollo arquitectónico sea de la época en la que es; este criterio innovador es muy fuerte, y ver que un tipo que estaba pensando en el futuro se unió con otro que también lo hacía es algo muy valorable", concluye.

“Es necesario preservar esta construcción, ya que forma parte del grupo de las cuatro casas más importantes de la arquitectura moderna en Argentina”, coincide Grementieri.