Ciudad de Córdoba. La Casa de la Bondad cumplió 25 años acompañando el final de la vida

El primer hospice del país celebró su aniversario en Córdoba. Desde 2001 acompañó a más de 1.000 pacientes en situación de vulnerabilidad.

02 de junio de 2026 a las 03:39 p. m.
La Casa de la Bondad cumplió 25 años acompañando el final de la vida
El arzobispo Ágel Rossi y voluntarias de La Casa de la Bondad en el festejo de su 25° aniversario.

Este mes la Casa de la Bondad cumplió 25 años de trabajo en Córdoba asistiendo a pacientes terminales en situación de vulnerabilidad. Fue el primer hospice del país y la primera obra de la fundación Manos Abiertas.

El aniversario se festejó en la sede de calle Brasil al 500 con un evento institucional del que participó su fundador, el arzobispo Ángel Rossi, junto con autoridades, voluntarios y miembros de la comunidad.

Con la función de brindar cuidados paliativos y médicos integrales a todos los pacientes, el lugar tiene capacidad para 12 personas y recibe un promedio de 30 por año. Desde su apertura el 1° de mayo de 2001, pasaron por el espacio más de 1.000 beneficiarios.

Para el cuidado de la salud de los residentes cuenta con un equipo interdisciplinario de médicos, enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales. Asimismo, más de 180 voluntarios realizan diversas tareas enfocadas en la contención humana y afectiva.

“Con personal especializado acompañamos a pacientes en situación de fragilidad, de soledad y con recursos escasos en la etapa final de la vida. Pero también les damos amor y acompañamiento a través de los voluntarios. Nos esforzamos por crear un ambiente cálido y acogedor, explicó a La Voz Daniela Magnano, presidenta Manos Abiertas.

La Casa de la Bondad, al igual que todas las obras de Manos Abiertas Córdoba, se sostienen gracias a las donaciones de empresas, particulares, eventos solidarios y la generosidad de los voluntarios que entregan su tiempo.

La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad.
La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad. (José Gabriel Hernández/La Voz)

El trabajo médico diario

La mayoría de las personas que llegan al hospice son derivadas desde instituciones médicas cuando su enfermedad se encuentra en estado avanzado y ya no cuentan con recursos terapéuticos disponibles para revertir la situación, ni familiares que los cuiden.

Muchas otras se acercan voluntariamente porque se enteran de su labor y solicitan el ingreso. Para ambos casos existe un protocolo de admisión que aplica el personal sanitario y considera el cuadro médico y la situación de vulnerabilidad del paciente.

En el caso que la persona tenga familiares cercanos con los que se relacione, estos pueden ingresar a la casa y visitarlos con regularidad.

La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad.
La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad. (José Gabriel Hernández/La Voz)

Sandra Rosas coordina el equipo médico y está en la Casa de la Bondad hace ocho años, su rol actual es el de gestionar decisiones médicas y clínicas puntuales que toman en conjunto desde todas las áreas.

“En general hay un médico por día que hace las rondas y se queda de dos a tres horas con los pacientes. Somos seis y tenemos distintas especialidades, pero todos tenemos el llamado de poder colaborar. El trabajo en equipo es muy importante para nosotros y por eso los enfermeros, que están todo el día con ellos, son nuestros ojos”, contó

Y prosiguió: “Son pacientes muy vulnerables en todo sentido, entonces hacemos atención integral desde el control de síntomas hasta la reconciliación con algún familiar si es posible. Nuestro objetivo es prepararlos para el momento final de la muerte”.

En ese sentido se expresó también Karina Gonzalez, coordinadora del equipo de enfermería y voluntaria desde hace 15 años. “No son personas que se van a recuperar. A muchos además les toca atravesar la enfermedad muy solos, sin recursos, con familiares alejados y con contextos difíciles”.

“No solo controlamos el dolor sino que también acompañamos en procesos de reconexión familiar si es posible. En eso los voluntarios son aliados, compañeros y ven cosas que nosotros no. Incluso los pacientes les confían más cosas a ellos que nosotros o solamente comen cuando el voluntario llega”, agregó a este medio.

Hoy trabajan dos enfermeros por turno de ocho horas y son ocho en total. También los acompaña un equipo de salud mental integrado por un psiquiatra y la psicóloga Karina Ávalos, quien admitió que acompañar a una persona en el final de vida puede ser muy complejo, por lo que no solo se centran en los pacientes y sus familias.

La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad.
La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad. (José Gabriel Hernández/La Voz)

“Estoy muy atenta a los voluntarios también. Me gusta sentarme a merendar con ellos a veces para poder conversar y saber cómo están llevando el trabajo o si está ocurriendo alguna situación particular”, comentó.

Y sumó: “a los pacientes los acompañamos trabajando voluntades anticipadas, angustias, y malestares. A veces se puede tener una comunicación fluida y otras no, en esos momentos estamos al lado de ellos, les tomamos la mano y estamos ahí como un acto de presencia y nada más”.

El valor de los voluntarios

Aunque en La Casa de la Bondad trabajan personas especializadas que son rentadas, el trabajo de los voluntarios es el “pilar fundamental” según Magnano. Estas personas dedican cuatro horas a la semana para realizar tareas en diferentes áreas como la secretaría, la ropería, la cocina o el acompañamiento a pacientes.

Antes de ingresar realizan un taller formativo donde se les explica en qué consistirán sus actividades y reciben una guía de voluntarios más antiguos. Estos talleres de ingreso se dictan tres veces al año: en marzo, junio y septiembre.

Silvina Fonseca (61) es voluntaria en Córdoba desde 2021. Había empezado en La Casa de la Bondad de Buenos Aires y cuando se mudó comenzó como cuidadora y acompañante en la sede cordobesa.

“Es un servicio de amor que me fascina porque en cada paciente uno entrega lo que no sabía que tenía guardado. En cada rostro yo veo a Cristo y eso me ayuda a enfrentar y reconocer el dolor, a escuchar y también a asistirlos en lo que necesiten ese día según lo que nos cuentan las enfermeras sobre su estado de salud”, detalló.

Acompañar es el principal objetivo.“Los agarramos de la mano, los abrazamos, les leemos, escuchamos música, les damos de comer, charlamos. Festejamos sus cumpleaños, o que se sentó, o qué pudo mover una mano. No sé si logramos aliviar su dolor, pero al menos los entretenemos y distraemos para que les sea más llevadero”.

La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad.
La Casa de la Bondad cumple 25 años de trabajo cuidando personas en estado terminal y en situación de vulnerabilidad. (José Gabriel Hernández/La Voz)

Por su parte, Nancy Cisterna (64) tiene una experiencia más breve ya que ingresó al hospice en diciembre del año pasado. Quiso colaborar después que su marido visitó varias veces a un paciente y le describió el lugar contándole sobre el “amor que se sentía al entrar”.

“Empecé el 25 de diciembre, para Navidad. No sabía a qué venía. Solo le hablé a Dios y le dije ‘señor, acá estoy y vos sabrás qué hacer conmigo’. Cuando golpeé las puertas de la casa, una de las enfermeras me abrió con una gran sonrisa”.

Sobre el trabajo cotidiano relató que es un “camino de aprendizaje y amor” donde no solo se acompaña, sino que también se aprende a hacerlo. “Invito a cualquiera que sienta el deseo de hacer voluntariado a que se anime, porque no necesitas saber, acá te van capacitando. Además siempre que venís te vas contento y esperando el próximo día”.