Herramienta productiva. El riego: de la discusión técnica a una decisión clave para el negocio

En el Club del Riego coincidieron en que la variabilidad climática cambió las reglas del juego. El foco está en el control sobre el sistema productivo.

14 de abril de 2026 a las 11:52 a. m.
El riego: de la discusión técnica a una decisión clave para el negocio
NO SE APROVECHA. Actualmente hay 2,1 millones de hectáreas bajo riego, frente a un potencial que supera las 6,2 millones.

En un escenario donde la variabilidad climática dejó de ser excepcional para convertirse en norma, el riego volvió a ocupar un lugar central en la agenda del agro. Pero ya no se lo plantea como una tecnología más, ahora es una herramienta estratégica para ordenar la producción.

Ese fue el eje que atravesó el Club del Riego en Expoagro, un espacio donde quedó claro que el productor busca tener el control sobre sus resultados.

EXPOAGRO 2026. La charla sobre el sistema de riego.
EXPOAGRO 2026. La charla sobre el sistema de riego. (Regantes)

El cambio empieza por cómo se piensa el sistema

La propuesta del espacio fue directa: dejar de mirar al riego como un equipo y empezar a pensarlo como parte de un sistema productivo integral.

Un artículo de Regantes explica que hoy el problema no es solamente la sequía, a esto se le suma la imprevisibilidad.

Lluvias desparejas, eventos extremos y diferencias de rendimiento dentro de un mismo lote muestran que el agua se convirtió en el principal factor de incertidumbre.

En ese contexto, la pregunta deja de ser climática y pasa a ser productiva: cuánto del resultado final se está dispuesto a seguir dejando librado al azar.

La disponibilidad y calidad del agua, la escala del planteo, la rotación, los objetivos productivos y la capacidad de gestión forman parte de una misma decisión.

A pesar de que los beneficios están probados, la adopción en Argentina sigue siendo baja. Actualmente hay unas 2,1 millones de hectáreas bajo riego, frente a un potencial que supera las 6,2 millones.

La diferencia dejo de depender de la tecnología y paso la “pelota” a los productores. Ellos son los que tienen que tener las ganas y el margen para poder invertir y avanzar en los sistemas de riego.

Cuando los números inclinan la balanza

Uno de los puntos más concretos del panel fue llevar la discusión al plano económico. Porque, en la práctica, el riego se adopta por el impacto que tiene en el resultado.

En ese sentido, los datos muestran que el beneficio no se limita a mayores rindes. El principal aporte es la estabilidad: permite sostener niveles de producción incluso en campañas complicadas, reduciendo la variabilidad en el mediano y largo plazo.

EL JUEGO DEL CAMPO. Cuánto del resultado final se está dispuesto a seguir dejando librado al azar.
EL JUEGO DEL CAMPO. Cuánto del resultado final se está dispuesto a seguir dejando librado al azar. (Regantes)

La magnitud del cambio empieza a verse en las inversiones recientes. Entre 2024 y 2026 se instalaron más de 600 equipos de riego por pivot, con desembolsos que superaron los U$S 147 millones. Eso permitió incorporar más de 55.000 hectáreas bajo riego y sumar unas 150.000 toneladas adicionales de producción.

A esto se agregan más de 8.400 hectáreas con sistemas por goteo, que implicaron inversiones por encima de los U$S 37 millones.

El contexto también empezó a jugar a favor. En los últimos años se implementaron medidas que mejoran la viabilidad de estos proyectos, como la amortización acelerada de equipos, la baja de aranceles de importación y mejores condiciones de financiamiento.

En paralelo, los costos iniciales comenzaron a ajustarse. Hoy los sistemas de riego por goteo enterrado se ubican entre los U$S 2.800 y los U$S 3.300 por hectárea, cuando tiempo atrás estaban más cerca de los U$S 3.500 a U$S 3.800. Esa diferencia impacta directamente en los plazos de repago y en la rentabilidad.

Otro factor clave es la energía. Con cambios impositivos, la electricidad utilizada para riego podría tributar un IVA del 10,5% en lugar del 27%, lo que se traduce en un ahorro cercano al 11% en el costo de cada milímetro aplicado.

A esto se suma el avance de la energía solar, que empieza a ganar terreno como alternativa para sistemas ubicados fuera de la red.

A medida que el riego se integra al planteo, no solo mejora el rendimiento: cambia la lógica productiva. Se ajustan fechas de siembra, se intensifican esquemas, se eligen materiales de mayor potencial y se redefine el manejo nutricional. Pero el cambio más profundo es otro: la relación con el riesgo.

El productor deja de depender exclusivamente del clima y pasa a gestionar un sistema con mayor previsibilidad. La incertidumbre no desaparece, pero se vuelve manejable. Y en un ambiente donde la variabilidad es estructural, esa diferencia resulta determinante.

El cierre del panel dejó una idea que sintetiza el enfoque: el riego no es una compra, es un proceso. Empieza con diagnóstico, continúa con planificación y se define en la ejecución.

Porque, en definitiva, los proyectos que funcionan son los mejor pensados, no los más grandes. Y en un escenario donde la brecha entre lo que se produce y lo que se podría producir sigue siendo amplia, la decisión deja de ser técnica para convertirse en estratégica.

El riego no transforma al campo solo porque suma agua. Lo hace porque aporta previsibilidad. Y es en esa previsibilidad es donde empieza a definirse el negocio.