La perseverancia en el proyecto
Aunque el rubro le vino heredado, David Fiori tuvo siempre clara la idea de cuál era el camino de su negocio, la fabricación de ataúdes.
Aunque el rubro le vino heredado, David Fiori tuvo siempre clara la idea de cuál era el camino de su negocio, la fabricación de ataúdes. Con estrategias propias de producción, avanzó con fuerza en el mercado del interior del país, donde tiene el 80 por ciento de participación.
–O sea que el carpintero fue su abuelo.
–Sí, cuando mi abuelo se puso grande, aparecí yo. Le dije a mi papá que la alquiláramos por tres años, en 1986. Al año y medio mi viejo dejó y yo seguí solo, estaba en quinto año de la secundaria.
–¿Tan chico y pensando en esto?
–Sí, sí, yo quería seguir a toda costa. En 1996 decidí hacer esta planta industrial. Cuando la tomé, la fábrica hacía 150 cajones por mes con 17 empleados. Me decían entonces que para alcanzar un punto de equilibrio debíamos hacer de 300 a 400. Esa fue mi meta.
–¿Tenía competencia?
–Dos grandes en Villa María y Córdoba y la mayor de todas, en Pergamino.
–¿Cuántos fabrica hoy? (ni me animo a nombrar la palabra “ataúdes”).
–Cuatro mil unidades mensuales, con 140 empleados.
–¿Hubo receta para crecer o salió por la demanda?
–Hubo una planificación. Mi análisis en aquella época era comparar a Ford con Renault. Cuando Ford vendía un Falcon, Renault vendía dos R-12. Lo mismo pasó con los ataúdes. Eran enormes, pesados, costosos. Entonces yo hice un ataúd liviano, en serie y en cantidad.
–¿Cuál es el consumo de ataúdes en Argentina?
–Haga el cálculo de que, de cada 10 mil habitantes mueren ocho por mes. No le va a errar. Debemos tener el 10 al 15 por ciento del mercado nacional. No vamos a Buenos Aires, con lo cual, del 80 al 90 por ciento del mercado del interior es nuestro.
–¿Esto tiene estacionalidad?
–Sí, bien definida. El invierno y los picos de calor en el verano. Cuando una persona viene medio débil, el frío mata. Y los golpes de calor, con ingestas abusivas de comida, también. La grandes crisis económicas no matan tanto porque la gente vive a lechuga, mate y pan.

