El mundo de las finanzas: normas y principios
Desconocer el equilibrio que debe existir entre los flujos de efectivo de la inversión y las fuentes de financiamiento es omitir una norma financiera que pondrá en juego la supervivencia de la empresa.
En el artículo anterior mencionamos que la gestión financiera se encuentra al servicio de la creación de valor de toda organización. Para administrar dicho proceso, existen múltiples principios y normas que guían el accionar financiero y que le permiten ejecutar correctamente toda decisión de inversión, de financiación y de distribución de utilidades.Existen innumerables preceptos financieros que delinean el camino que debería seguir un administrador en su razonamiento financiero. En este artículo nos encargamos de destacar tres de vasta importancia que deberíamos recordar en todo momento.Resguarde la eficiencia. Las normas de eficiencia, intentan lograr que la inversión que realiza la empresa sea la óptima para alcanzar sus objetivos, es decir que ésta no debe tener activos (o pasivos) de más ni de menos. Muchos administradores se sienten más seguros manteniendo miles de pesos en la caja, para enfrentar posibles contingencias que demandarían estos fondos. Sin embargo, no están obteniendo por ellos un rendimiento, sino que permanecen inmovilizados. Lo mismo sucede con los gerentes de producción que temen aplicar políticas de justo a tiempo o cero inventarios, y por ello stockean grandes cantidades para responder a eventuales pedidos. Esto atenta contra la eficiencia en la gestión de los activos y pasivos, ya que la firma debería intentar invertir la menor cuantía posible para obtener un determinado resultado. Esta norma debería orientar a los administradores financieros, a rastrear todos los recursos que puedan permanecer ociosos en la organización, para poder disminuirlos, o en caso de mantenerlos, exigir que el resultado por ellos generado sea mayor. Es útil para gestionar estos conceptos construir indicadores de eficiencia que relacionen la inversión realizada para obtener un determinado beneficio.Así, la eficiencia será mayor mientras mayor sea el beneficio obtenido, dado un determinado nivel de inversión. Ejemplos de indicadores de eficiencia son el Rendimiento sobre los Activos (Return on Assets), la Inversión (Return on Investment), sobre el Patrimonio Neto (Return on Equity). ¡Pero cuidado! Al construir indicadores de eficiencia, siempre debe preservarse la coherencia y esto se logra relacionando los beneficios (numerador) que son el resultado generado por la inversión que se ubica en el denominador.Gestione la relación directa entre riesgo y rendimiento. Para entender este principio, recordemos las elevadas tasas de interés que devengaban los depósitos a plazo fijo en Argentina, pocos meses antes del "corralito financiero" que capturó los depósitos del sector privado. Financieramente deberíamos haber sabido que la opción de constituir dichas inversiones estaba reportando un altísimo rendimiento, pero que nunca viene aislado, sino que siempre está acompañado por un riesgo. Los depósitos que se constituían en el año 2001 tenían un rendimiento en dólares que no existía casi en ninguna parte del globo. Lógicamente el riesgo de la inversión, en una Argentina con una macroeconomía endeble, era eminentemente alto. Invertir en activos riesgosos no es bueno ni malo, sólo implica que a mayor nivel de riesgo, debemos exigir mayor rendimiento. Lo mismo ocurre con quienes practican paracaidismo, es innegable que la actividad es mucho más riesgosa como deporte que un partido de tenis. Simplemente debemos estar alertas del nivel de riesgo que estamos asumiendo, para poder administrarlo, y gestionarlo, y buscar opciones de inversión que se condigan con el riesgo que estamos tomando.Atienda cuidadosamente la relación entre la tipología de inversión y la fuente financiera. El tiempo es el desencadenante por excelencia de la problemática financiera, en especial porque la inversión genera salidas de efectivo que demoran en volver a ingresar a la caja de la empresa con los excedentes producidos por las utilidades. Corto y largo plazo. Dentro de las tipologías de inversión, es posible distinguir la inversión de corto plazo o capital de trabajo (principalmente inventarios y créditos a clientes) y la inversión de largo plazo o en activos fijos. Ambas tipologías aplican fondos y son necesarias para que la empresa pueda funcionar. Pero cada tipo de inversión tiene una fuente de financiación natural o "preferida". Así, al capital de trabajo que son los recursos necesarios para sostener el ciclo operativo de la empresa (denominado ciclo dinero mercadería dinero) debería financiarlo, en primer lugar, el pasivo de corto plazo operativo, integrado por la financiación de proveedores y anticipos de clientes.
La inversión de largo plazo debería ser financiada por capitales permanentes, es decir pasivos de largo plazo (en el mercado financiero o de capitales), como se ve en la figura. Por lo tanto es un error financiero severo exponer a financiación corriente una inversión inmovilizada (por citar un ejemplo absurdo, esto implicaría comprar una costosa línea de producción con cheques de pago diferido). Desconocer el equilibrio que debe existir entre los flujos de efectivo de la inversión y las fuentes de financiación, es omitir una norma financiera que pondría en juego la supervivencia de la organización, tanto en el corto como en el largo plazo.
En el próximo artículo emplearemos estos principios pero basándonos en herramientas concretas de la gestión financiera propiamente dicha.

