Tras ser asesinada, María Eugenia fue enterrada con una campera de su hijo
La Fiscalía de Jesús María comparó la prenda con una que usó el únicoacusado en diferentes fotos. El cadáver estaba tapado con una colcha que también sería propiedad del joven.
En el centro de una media docena de nuevas pruebas que comprometen aún más la posición de Jeremías Sanz (21) en el escalofriante homicidio de su madre, María Eugenia “Maru” Cadamuro (46), las más relevantes que dio a conocer esta semana la Fiscalía de Instrucción de Jesús María tienen que ver con la aparición de una prenda de vestir y una manta de abrigo que eran propiedad del joven y que fueron halladas en la escena del crimen.
Según consta en una filmación del 15 de marzo, último día en que fue vista con vida, “Maru” salió con una musculosa, calzas y zapatillas deportivas en compañía de su hijo hacia alguna dirección rural del departamento Totoral.
La estación meteorológica más cercana al lugar donde pudo haber estado, en Pampa del Gato –próxima a Santa Catalina–, indica que ese día la temperatura bajó hasta poco menos de 15 grados.
No es de extrañar que “Maru”, una mujer muy friolenta, le haya pedido a su hijo que le prestara algún abrigo.
Cuando dos meses después, el 16 de junio, se halló el cadáver de la mujer enterrado en un campo de Villa Gutiérrez, se encontró que estaba tapado con una campera inflable de hombre, color borravino y talle L, que era propiedad de Jeremías, según se sostiene ahora en la causa.
La prenda de vestir tenía el orificio de entrada y los cinco orificios de salida que corresponden al disparo a quemarropa que la mujer recibió cerca del corazón con una escopeta calibre 16.
De hecho, en una foto de la red social Facebook Jeremías aparece con esa campera puesta en compañía de su tía Mabel, hermana de la mujer asesinada.
El cuerpo “Maru” fue puesto dentro de dos bolsas de consorcio, enterrado a 1,5 metros de profundidad y tapado con una manta reversible que de un lado era monocromática y del otro tenía rayas horizontales de dos colores.
Ese acolchado estaba en la cama del dormitorio de huéspedes de la casa que Jeremías compartía con su amigo Nicolás Rizzi, uno de los sospechosos de encubrimiento y falso testimonio que está en la mira de la Justicia provincial (aún no fue imputado).
La Fiscalía confirmó que esos datos fueron corroborados con el peritaje que se le hizo al dispositivo móvil iPhone de Jeremías, que fue secuestrado en uno de los tantos procedimientos ordenados dentro del marco de la investigación. Allí, tanto la manta como la campera aparecen en varias fotografías.
También se confirmó que de ese dispositivo móvil fueron borrados mensajes, registros de llamadas y conversaciones de redes sociales de los días 15 y 16 de marzo.
Según pudo corroborar la Fiscalía, el tráfico de mensajes de esa noche y de la madrugada fue intensísimo.
El arma, otra complicación
A través de testimonios nuevos, tomados tras el hallazgo del cadáver de Cadamuro, se confirmó que Jeremías fue tenedor de al menos cuatro armas de fuego, aunque ninguna de ellas con autorización del Renar.
Por sus manos pasaron un revolver calibre 22; un rifle fusil calibre 22; una escopeta antigua tipo caño recortado sin calibre especificado, y una escopeta calibre 16, idéntico calibre con el que asesinaron a “Maru”.
Además, en su camioneta Volkswagen Amarok, también secuestrada, se encontraron más municiones calibre 16.
Esa camioneta fue lavada el día posterior a la desaparición de la mujer, según corroboraron cuatro empleados de un lavadero, quienes señalaron que estaba completamente llena de barro en su exterior.
No se descartó que el interior de la camioneta haya sido lavado previo al envío al lavadero, el 16 de marzo.
Autoincriminado
En el voluminoso expediente, que ya lleva más de 2.500 fojas, la otra novedad que se incorporó recientemente tiene que ver con cuatro testimonios de terceros que, a su vez, se enteraron a través del círculo familiar íntimo sobre una supuesta admisión de Jeremías de la autoría del delito que le atribuyen: el homicidio doblemente calificado por el vínculo y por violencia de género.
En esta misma autoincriminación habría incurrido en los momentos inmediatos a la muerte de su madre, vía telefónica y en forma espontánea, a familiares e íntimos, llamadas en las que hubo testigos presentes, según se sostiene en el expediente.
Respecto de la imputación por violencia de género –femicidio–, la Fiscalía logró establecer que medió del hijo hacia su madre violencia psíquica, física, y económica, toda vez que trataba de impedir que la mujer disfrutara y dispusiera libremente de los bienes que le correspondían como heredera forzosa de su madre y sobre los que pretendía tomar el control, una vez que retornó de Miami.
Ninguna de las precauciones que tomó María Eugenia durante el tiempo en que duró esta violencia –colocar cerrojos, alarma, pensar en comprar gas pimienta y hasta un arma– logró impedir que se cumpliera el anuncio que le hizo Jeremías a su madre cuando la amenazaba de muerte, según la hipótesis que se persigue hasta ahora.
Al menos, esa es la certeza que tiene hoy la Fiscalía sobre el caso.
*Corrsponsalía

