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A juicio por asaltar y matar a una mujer arrojándola al vacío

Liliana Oubiña cayó desde el balcón de su departamento del tercer piso. Ocurrió en un edificio de la avenida Colón, en 2016. El acusado dijo que fue a robar y que ella se tiró sola. En caso de condena, recibiría perpetua.

30 de junio de 2017 a las 12:02 a. m.
A juicio por asaltar y matar a una mujer arrojándola al vacío
Víctima. Liliana Inés Oubiña era una psiquiatra de 58 años.

El estruendo resonó en el patio interno del edificio. Algunos vecinos pensaron que se trataba de un mueble que había caído desde el piso superior. Otros supusieron que a alguien se le había precipitado un televisor o un aparato. No faltó quien pensó en un accidente protagonizado por alguien que realizaba una reparación.

El espanto se apoderó, instantes después, de quienes acudieron finalmente al patio: allí yacía el cuerpo de una vecina del complejo. Tenía las muñecas semiatadas con una remera. Los médicos del Hospital de Urgencias no iban a poder salvarla.

Liliana Inés del Huerto Oubiña Bonacina tenía 58 años y era una psiquiatra santiagueña que vivía sola y que trabajaba en un departamento de ese edificio de avenida Colón 732, Alberdi, en la ciudad de Córdoba.

Su muerte estuvo lejos de ser un accidente o una autodeterminación: para la Justicia, un hombre la asaltó y, con el objetivo de lograr impunidad, la terminó arrojando desde su balcón.

Liliana cayó desde 15 metros.

Todo ocurrió el sábado 20 de agosto de 2016.

Diez meses después, el fiscal Guillermo González terminó enviando a juicio al único acusado.

Claudio Alejandro Allende (45), un albañil que había salido de la cárcel meses antes por un asalto, deberá responder como supuesto autor de robo y homicidio criminis causae . En caso de condena, la pena es de prisión perpetua.

Allende fue atrapado el mismo día. El hombre se había ocultado en el techo de un ascensor. Tenía las ropas con sangre y pertenencias de la mujer.

El acusado se defiende: dijo que fue a robar y que la mujer se arrojó tratando de escapar.

No era su paciente

Sobre el caso se tejió al principio toda clase de conjeturas. Que el hombre era un exnovio, que era un paciente, que era un depravado que atacaba a mujeres solas.

La investigación del fiscal permitió armar el rompecabezas.

Según la causa, aquel sábado a la mañana, Allende habría logrado entrar al edificio Orcon aprovechando que una persona acababa de salir a la calle.

El hombre conocía muy bien el edificio: es que allí vivían los padres de una exnovia de él (actualmente fallecida). Como Allende no tenía dinero, sus exsuegros le habían permitido que trabajara haciéndoles algunas reparaciones edilicias.

La pareja vivía precisamente en el piso de arriba del de la psiquiatra. El fiscal cree que, en algunas de sus visitas a lo de sus exsuegros, Allende habría conocido 
a la psiquiatra Oubiña en el ascensor.

Ataque sorpresa

La reconstrucción judicial permitió determinar que, tras ingresar en el edificio, Allende habría ido directo al departamento 3° B, el de la psiquiatra.

Se presume que la mujer estaba durmiendo cuando fue atacada.

El agresor tocó la puerta y, cuando ella abrió (no hay mirilla), la golpeó en la cara. Todo sucedió en breves instantes.

Vecinos declararían luego que se oyeron gritos y ruidos.

Al parecer, el agresor llevó por la fuerza a la mujer hasta el dormitorio y alcanzó a maniatarla. Llevaba un cuchillo.

Aun así, Oubiña no dejó de defenderse con todas sus fuerzas y, tras lograr zafar del delincuente, alcanzó la ventana para pedir ayuda en forma desesperada.

El fiscal está convencido de que, en esas circunstancias, el atacante terminó lanzándola al vacío.

Acto seguido, robó lo poco que encontró a mano.

Semanas atrás, Allende rompió el silencio y dio su versión ante el fiscal: insistió en que sólo fue a robar y en que la mujer, asustada, se lanzó por la ventana para escapar.

La estrategia defensiva es clara: una condena por homicidio en ocasión de robo (de 10 a 25 años de prisión) es muy distinta a la cárcel perpetua por un homicidio 
 criminis causae .

Hay un detalle para nada intrascendente: el caso, por ahora, no tiene testigos presenciales.