Justicia. Graves cargos a una joven acusada de engañar a su vecina y matarla durante un asalto en su vivienda de Córdoba
Con sólo 22 años, María Milagros Ledesma quedó presa por el crimen de Cristina Trejo (83). Filmaciones y rastreos cercaron a la sospechosa, de quien se cree que actuó sola. Fugó a Buenos Aires, donde cayó tras posteos en redes. Podrían agravar su situación.
Se llama María Milagros Ledesma, tiene 22 años y era una chica con fama de “conflictiva” allí en barrio Ameghino, en la franja oeste de la ciudad de Córdoba. Hay quienes dicen que esa fama se la había ganado por una supuesta adicción a drogas. Otros descartan adicciones y relatan ciertos trastornos.
Milagros pasó a convertirse ahora en una de las prisioneras más jóvenes de la Cárcel de Mujeres de Córdoba por una gravísima acusación como la de matar.
La joven está acusada de haber sido quien engañó, asaltó y terminó presuntamente causando la muerte de María Cristina Trejo, una querida vecina de 83 años, a comienzos de julio.
La víctima, jubilada, fue hallada sin vida en su casa a pocas cuadras de la casa de Milagros.
La mujer presentaba algunos golpes pero no graves heridas. Las hornallas de la cocina estaban abiertas. Se presume que quien la atacó, prendió todo para intentar causar un incendio o, cuanto menos, desviar las cosas. No pudo.
Fue dicho: María Milagros Ledesma vivía en la misma zona.

De la confianza a la traición
La sospecha es que, valiéndose de cierta confianza con la víctima, habría ingresado a su casa, tras sortear rejas y desconfianzas.
Los pesquisas señalan, por ahora, que habría actuado sola en el asalto fatal. De la casa de la víctima, desaparecieron un celular, algunas tarjetas bancarias y efectivo.
La joven fue capturada en las últimas horas en el barrio de Retiro, en Buenos Aires, a poco de salir de un hostel donde se encontraba parando.
Fue atrapada por efectivos del Departamento Homicidios de la Policía cordobesa que estaban tras sus pasos y que contaron con el necesario aporte de pesquisas de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires
Le encontraron un celular, una tablet, decenas de tarjetas y dinero de distintos países.
Hacía tiempo que los sabuesos estaban tras sus pasos luego de una ardua pesquisa basada en un complejo trabajo investigativo basado en rastreo de cámaras de seguridad y distintos análisis tecnológicos, además de testimonios varios.
Posteos en redes
¿Cómo supieron que estaba en Retiro? La joven, aseguran fuentes del caso, no dejaba de subir fotos a sus redes de distintos puntos de Buenos Aires como el barrio de Palermo.
Los sabuesos de Córdoba se contactaron con sus pares de Buenos Aires, pasaron datos y fotos, viajaron a la ciudad y la joven cayó presa.
“¿La tenemos? ¿Es ella? ¡Bien!”, escucharon decir al fiscal Luis Micheli, a cargo de la causa por el crimen de Cristina, apenas le avisaron sobre la captura de Milagros a pocas cuadras del Obelisco porteño.
El funcionario judicial la imputó por homicidio en ocasión de robo.

De todos modos, Micheli es cauto: espera los resultados finales del cuerpo de forenses de Córdoba (que ya le han pedido tiempo y paciencia) para terminar de realizar distintos estudios anatomopatológicos complementarios para determinar cómo y por qué murió la mujer.
En base a lo que demuestren esos estudios, será la imputación final. No se descarta que pueda agravarse a homicidio criminis causae, cuando se mata para buscar la impunidad ya que la víctima conoce al agresor. Ese delito prevé una prisión perpetua.
El homicidio en ocasión de robo tiene una escala de entre 10 y 25 años.

Se hizo pasar por la víctima cuando ya estaba muerta
El mes de julio acababa de arrancar y una hermana de María Cristina Trejo, desde Buenos Aires, tuvo el peor de los presentimientos.
Sobre todo cuando luego de hacerle unas consultas por celular, vio que desde Córdoba le respondían por escrito en WhatsApp.
Raro. Muy raro. Sobre todo, porque Cristina jamás respondía los mensajes con palabras, sino que lo hacía con audios o directamente con llamadas telefónicas.
Habría más. Sospechando lo peor, desde Buenos Aires, la hermana le hizo a propósito una consulta a Cristina sobre si había sido visitada por un supuesto familiar cuyo nombre inventó en el momento.
La respuesta por escrito terminó por despertar desesperación absoluta en la hermana, quien le pidió ayuda a un vecino y que fuera a averiguar qué estaba pasando.

El hombre fue, y tras ver que todo estaba cerrado, trepó un muro y constató que de la casa de Cristina emanaba un fuerte olor a gas desde la cocina.
El hombre llamó a policías, quienes convocaron a su vez a bomberos, quienes, tras la autorización de la unidad judicial de la zona, forzaron la puerta.
Tras cerrar las hornallas y la llave de gas, los uniformados fueron a la habitación: el cuerpo de Cristina yacía en el piso. Estaba bajo la cama. Llevaba varias horas muerta. Tenía golpes.
La vivienda, a su vez, presentaba el desorden típico de quien busca cosas para robar. El celular no estaba. Tampoco la billetera, ni las tarjetas que usaba para ir al banco ni el efectivo.
No tardó mucho la pesquisa en orientarse a la hipótesis de que alguien conocido de la víctima había entrado a la casa bajo engaño o aprovechando la confianza. Luego, sobrevino el asalto fatal y la intención de ocultarlo con el gas.

La pesquisa se basó en un prolífico análisis pericial basado en rastreo de celulares y análisis de filmaciones de cámaras de seguridad privadas y públicas, además de testimonios, que pronto posaron la lupa en la joven sospechosa quien vivía en la misma barriada. Cuando fueron a buscarla a su casa o donde solía parar, Milagros ya había desaparecido.
Era cuestión de tiempo y paciencia. Esa que suelen tener los investigadores. Bastó que siguieran atentamente sus redes para que tuvieran noticias suyas desde Buenos Aires.


