
La historia del policía tiktoker que pasó ocho meses preso en Brasil, fue detenido por Interpol y ahora lo condenaron
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Redacción La Voz
Apostados entre las altas malezas cercanas a la cárcel de Bouwer, la banda piloteaba intramuros drones cargados con cocaína y celulares bajo las órdenes de dos “plumas”. El aceitado negocio de la venta de estupefacientes a otros internos dio sus frutos y terminó por solidificar el ascenso social de algunos integrantes, que pasaron hasta disfrutar de ciertos lujos.
El fiscal del Tercer Turno de Lucha contra el Narcotráfico, Carlos Cornejo, solicitó al juez de Control enviar a juicio a Agustín Alejandro Díaz (25), Franco Amado José (36), Diego Omar Sigampa (44), Bianca Guadalupe Rojas (24), Meliana Yazmín Romero (23), Néstor Gabriel López (28), Joaquín Nicolás Romero (28) y Nicolás Emiliano Sanabria (27) por presunta tenencia de estupefacientes con fines de comercialización doblemente agravada. A los dos últimos, también se les sumó resistencia a la autoridad.
Siete de ellos, con excepción de Sigampa, negaron el hecho y se abstuvieron de declarar. Dijo que él había denunciado al Servicio Penitenciario de Córdoba (SPC) por presuntos abusos, y que esa fue la razón por la que el SPC tomó reprimendas, “acusándolo de algo que no pasó”.
A raíz de la importante cantidad de operativos con secuestros de drones para ingresar drogas y celulares a la cárcel, la noche del 22 de mayo de 2025 los efectivos de la Fuerza Policial Antinarcotráfico montaron un control y observaron a tres sospechosos en inmediaciones del penal.
Uno de los investigadores vio un Chevrolet Corsa blanco que intentó ingresar a la calle Campo Córdoba, pero retrocedió y se estacionó. Eso disparó las alarmas de los efectivos. Cuando intentaron controlarlo, el conductor del rodado aceleró e intentó embestir a uno de los uniformados.
Allí comenzó una persecución por la ruta 36, el Corsa atravesó por TelePase el peaje y en momentos en que quiso ingresar a Hogar III, perdió el control del rodado y chocó. Los tres sospechosos intentaron escapar, pero dos de ellos fueron capturados: Sanabria (el conductor del auto) y Joaquín Romero. El tercero fue identificado luego como Néstor López.
El dron hallado en poder de los detenidos permitió confirmar la existencia de una banda dedicada al ingreso de drogas a la cárcel.
Mediante el informe de Camino de las Sierras, el fiscal corroboró que el Corsa registraba viajes frecuentes por el peaje de la ruta 36 y que estaba registrado en la cuenta de TelePase con los datos de la novia de Sanabria (no imputada).
El sospechoso realizaba viajes asiduos a la cárcel para llevar a familiares de presos, lo que definió con precisión el lapso en que habría actuado la banda: entre agosto de 2024 y junio de 2025.
Para consumar las maniobras de ingreso de drogas y celulares a la prisión, la organización se habría valido de roles claros. Los “plumas” José y Díaz, presuntos líderes de los pabellones A2 (módulo MX2) y A3 (módulo MD1), respectivamente, habrían coordinado el ingreso de las drogas a la cárcel.
Para eso, habrían fijado el día y hora, generalmente entre las 21 y las 23, a fin de que Sanabria, Romero y López llegaran con los estupefacientes en proximidades de la prisión.
En la aceitada mecánica, Rojas (novia de Romero) y Meliana Romero (hermana de este) habrían hecho “la punta” o “el barrido” en un Prisma y en un Audi Q5 para verificar posibles controles policiales y, en ese caso, avisar no solo a Sanabria sino también a Joaquín Romero y a López.
Tanto Romero como López habrían sido los encargados de comandar los drones, hacerlos traspasar el perímetro del penal e ingresarlos a las celdas. Ya con la droga y los celulares en su poder, el “pluma” José habría acondicionado las drogas y ordenado su distribución, a través de otros presos, apodados despectivamente "perros", entre Sigampa (su supuesta mano derecha), hasta consumar las ventas.
José fue identificado como líder dentro del pabellón a raíz de un video enviado a Romero, desde la cárcel, en el que aparecía otro interno muy herido y golpeado (supuesto distribuidor de la droga dentro del penal), a quien José habría atacado por “batirle la yuta” (presuntamente informar del ilícito a los guardiacárceles).
Los investigadores identificaron la voz de José y constataron más comunicaciones telefónicas con Romero en las que se habría puesto al descubierto su preeminencia intramuros en el control de la llegada de la droga y la venta.
El otro “pluma”, Díaz (le secuestraron más de medio kilo de cocaína), habría copiado la mecánica, valiéndose de otros reos para distribuir las sustancias. Pero su campo “comercial” no solo se habría circunscripto al pabellón 3, sino también al D4.
Luego, los “plumas” habrían realizado pagos de entre $ 300 mil y $ 600 mil a los demás integrantes de la banda (los Romero, Rojas, Sanabria y López) por el “servicio” que habrían prestado al obtener la droga fuera de la cárcel, trasladarla e introducirla por aire. El dinero les era transferido desde cuentas de familiares o allegados de otros presos para evitar ser descubiertos.
Los investigadores recabaron datos de vecinos de Meliana Romero (novia de un preso de Bouwer) que revelaron el meteórico ascenso social en ocho meses. Pasó de vivir en un “ranchito” en General Savio a hacer nuevamente su casa, en un claro contraste con las construcciones de la zona.
No fue el único aspecto que levantó sospechas. También llamó la atención que Meliana se moviera en un llamativo y lujoso Audi Q 5 y que un Corsa blanco, con dos hombres, frecuentara permanentemente el domicilio.