Estafas desde Bouwer. Por la denuncia de dos presos, desbaratan presunto call center tumbero en Córdoba
Se realizaron más de 50 allanamientos en la cárcel y se incautaron siete teléfonos de alta gama. La fiscalía espera que los técnicos forenses revelen el contenido de los equipos. Por el momento no hay imputados.
“Mis compañeros de celda tienen celulares y se dedican a cometer estafas telefónicas desde la cárcel de Bouwer a través de llamadas y mensajería de WhatsApp”.
La denuncia provocó un nuevo cimbronazo dentro del Complejo Penitenciario "Padre Luchesse", ubicado en la localidad de Bouwer, en Córdoba, y derivó en múltiples allanamientos que fueron ordenados por el fiscal José Mana, que actúa cada vez que se produce un presunto hecho delictivo intramuros.
La Dirección Coordinación de Brigadas Civiles allanó el pasado viernes, bajo las instrucciones del Ministerio Público Fiscal (MPF), tres módulos en Bouwer: dos de varones y uno de mujeres. Hubo 57 procedimientos en simultáneo.
Tras el operativo, las fuerzas lograron incautar ocho celulares, cuatro armas blancas de fabricación casera y ocho fuentes de alimentación, entre otros elementos vinculados a la causa.
Para los investigadores, los aparatos podrían haber sido utilizados para cometer estafas, aunque por el momento la fiscalía no resolvió imputaciones.
Un aparente call center tumbero bajo Investigación
La causa se inició cuando, a mediados de marzo, dos internos, un varón y una mujer, destaparon una olla que entró en ebullición rápidamente.

“Tienen celulares flip (con tapa rebatible) que son fáciles de esconder. Los usan para hacer llamadas y de esa manera estafan a la gente, haciéndose pasar por operarios de Epec o de Tarjeta Naranja”, comentaron que habrían denunciado los presos en estricta reserva.
Es más, los propios compañeros de celda explicaron a detalle donde guardaban los equipos y las armas que finalmente fueron halladas por los pesquisas.
“Llevábamos información, así que hubo sorpresa por parte de los perseguidos”, confían los investigadores.
En cambio, en la fiscalía de Mana se maneja un estricto secreto de sumario: “Los allanamientos se realizaron días atrás y en este momento la Justicia libró una orden para ‘abrir’ los teléfonos y cotejar la información que pudiera encontrarse con el contenido de la denuncia”, explicaron comisionados sin dar demasiados detalles.
Entre los grandes desafíos que tiene enfrente el fiscal, uno de ellos es que deberá actuar con rapidez para perseguir, si así lo hubiera, otros internos que podrían estar involucrados en las mismas maniobras.

Por ahora los verbos oficiales suenan todos en términos potenciales: habrían estafado, según la denuncia; serían una banda; usarían los celulares para hacerse pasar por terceros.
Ahora será crucial la tarea técnica forense para revelar si existían comunicaciones con propósitos delictivos y si, tras esos ardides criminales, se erigía, o no, una organización con funciones establecidas para llevar a cabo los engaños.
Lo cierto es que por ahora la fiscalía no asegura que pueda haber detenidos en las próximas horas, o si se van a replicar, en las próximas horas, nuevos allanamientos. Tampoco lo descarta.
De adentro hacia fuera
De acuerdo a los testimonios a los que habrían accedido los investigadores, dos denunciantes aseguraron que otros presos tenían bajo su poder al menos ocho equipos modelo Samsung Galaxy Flip 7. Y habrian dicho que accedieron a datos privilegiados para llamar a números telefónicos y robar a los incautos.
Otra hipótesis es que —de confirmarse este tipo de maniobras y la implicación de los presos investigados— habrían utilizado publicidad paga en redes sociales para atraer a clientes de empresas de energía y financieras y ofrecer descuentos inexistentes.
Luego, les habrían hecho el “cuento del tío” telefónico para abrir las billeteras virtuales, las cuentas bancarias, transferir dinero y solicitar préstamos que oscilarían entre los 200 y los 500 mil pesos.
El hecho cobró particular relevancia porque alguien se habría “resfriado” y habría empezado a correr la bola. “Estamos haciendo una re moneda con esto”, les habrían escuchado decir dentro de la prisión.
No obstante, vale aclarar que todo es materia de investigación y que por el momento no hay pruebas directas que comprometan a los sospechosos, hecho por el cual se reserva la identidad personal de cada uno.
Quienes presuntamente se cansaron de esta lógica alzaron su voz. No está claro, aún, si primero lo hicieron por una vía interna o si directamente hicieron una presentación formal.
Lo cierto es que con estos primeros señalamientos, Mana se movió rápido y logró extraer —según estiman— la gran mayoría de los celulares que se habrían utilizado con este fin.
Sobre los aparatos, fuentes del caso aseguran que se tratan de modelos “comprados recientemente”, con destacado poder de procesamiento y que estaban distribuídos en distintos puntos geográficos de la prisión.







