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Redacción La Voz
La vida de María Aguilar Halak, una bailarina argentina de 35 años, se transformó en una pesadilla meses después de haberse radicado en Marruecos por una oferta laboral. Lo que comenzó como una oportunidad profesional en el extranjero derivó en una grave lesión física, el abandono de sus empleadores y una serie de agresiones por violencia de género.
Aguilar Halak, oriunda de la provincia de Neuquén, recorrió más de 20 países gracias a su trayectoria en la danza antes de firmar un contrato en la ciudad de Agadir. Sin embargo, su situación se volvió crítica tras sufrir un accidente durante una presentación que le impidió continuar con sus tareas habituales.
Actualmente, la mujer se encuentra desamparada, sin recursos económicos tras haber sido estafada y con el temor constante por su integridad física. A través de sus redes sociales, inició una campaña de recaudación de fondos: "No quiero ser una menos", expresó.
El calvario de la bailarina comenzó en marzo pasado, cuando en medio de un espectáculo en la ciudad costera de Agadir, pisó un carbón encendido y cayó al suelo. El impacto le provocó una lesión severa en la columna vertebral que truncó su carrera.
“Se me desintegraron los últimos dos discos lumbares, el L5 y S1; me tuvieron que hacer infiltraciones y ahora necesito una cirugía para recuperarme”, relató Aguilar Halak en diálogo con LM Neuquén. A raíz de esta lesión traumática, la mujer se vio obligada a abandonar la danza y a iniciar un costoso tratamiento médico.
Según denunció la joven neuquina, la empresa que la contrató dejó de abonarle el salario correspondiente y no brindó asistencia ante el accidente laboral. Ante la falta de respuestas y la imposibilidad de trabajar, María decidió mudarse a la capital, Marrakech, buscando una nueva oportunidad para subsistir.
En la capital marroquí, la situación de vulnerabilidad de la argentina se agravó tras conocer a un hombre que la engañó sobre su verdadera identidad y profesión. El sujeto le aseguró inicialmente que era médico y anestesista, ganándose su confianza para solicitarle dinero bajo falsos relatos de enfermedades familiares.
La relación se tornó violenta cuando la mujer se negó a mantener relaciones sexuales sin protección, momento en el que recibió la primera agresión física. “Me dio una cachetada y me dijo que en Marruecos esas cosas eran normales, que el hombre era quien mandaba”, denunció la bailarina.

Tras el ataque, María descubrió que el hombre no era profesional de la salud, sino un boxeador que le sustrajo aproximadamente 4.000 euros.
La bailarina radicó la denuncia ante la Policía local, logrando que se dictara una medida de restricción de acercamiento contra el atacante. No obstante, el acusado incumplió la orden a los tres días, interceptándola y agrediéndola nuevamente en la vía pública, lo que la obligó a mudarse de ciudad por miedo.
A pesar de que la Embajada Argentina en Marruecos está al tanto del caso y realiza el seguimiento, los tiempos judiciales le impiden retornar de inmediato. La mujer admitió que ya no puede sostenerse más en silencio y que su vida estuvo en riesgo real durante su estadía en el extranjero.
“Casi me matan y casi me matan en otro país; lo único que quiero es volver a mi casa y reencontrarme con mi padre”, concluyó con angustia. Aguilar Halak apeló a la solidaridad de la comunidad argentina para poder salir del país africano antes de que su situación se torne irreversible.
Para poder concretar su regreso a la provincia de Neuquén, la bailarina necesita recaudar una cifra cercana a los $ 3 millones. Este monto cubriría el costo del pasaje aéreo y los gastos logísticos necesarios para su traslado dada su delicada condición de salud en la columna.

Debido a la estafa sufrida y a la vigencia de su licencia médica, María no cuenta con medios propios para financiar el ticket de salida. La mujer publicó sus datos bancarios en Instagram (@mariahalak) para facilitar las donaciones de quienes deseen colaborar con su repatriación urgente.
La joven lamentó tener que pedir ayuda económica, ya que su objetivo original al viajar era trabajar para ayudar a su padre jubilado.
