En la Patagonia. Así es El Messidor, la residencia donde vivió Isabel Perón en 1976
Ubicado en Villa La Angostura, este edificio de estilo europeo fue escenario de siete meses de aislamiento tras el derrocamiento de la expresidenta.
En la Patagonia argentina, rodeado por bosques y con vista privilegiada al lago Nahuel Huapi, se levanta uno de los edificios más enigmáticos del país.
Se trata de El Messidor, una residencia ubicada en Villa La Angostura que, más allá de su valor arquitectónico, quedó marcada por un episodio clave de la historia argentina.

Cómo es El Messidor, el hogar de Isabel Perón
Aunque su aspecto remite a un castillo europeo, El Messidor no fue concebido con fines defensivos ni militares. Su origen está vinculado a la alta sociedad argentina de mediados del siglo XX. Fue diseñado por el arquitecto Alejandro Bustillo y construido entre 1940 y 1942 como una residencia privada de estilo inspirado en los manoirs franceses, con una fuerte impronta alpina.
La estructura combina piedra, madera y detalles que buscan integrarse con el entorno natural. Sus paredes de granito y sus techos inclinados le otorgan una estética distintiva, que con el paso del tiempo lo convirtió en uno de los edificios más reconocibles de la región.

Sin embargo, su historia dio un giro radical en marzo de 1976. Tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional, María Estela Martínez de Perón fue trasladada a este lugar bajo custodia militar. Durante siete meses, la residencia se convirtió en su lugar de detención, en un contexto de fuerte control y aislamiento.
El operativo de seguridad fue amplio y permanente. La exmandataria permaneció vigilada de manera constante, sin acceso a comunicaciones y con un contacto extremadamente limitado con el exterior. En ese entorno, su rutina se desarrolló en un clima de silencio y restricciones.

Las actividades cotidianas estaban marcadas por la falta de estímulos externos. Sin acceso inicial a medios de comunicación, el tiempo transcurría entre lecturas, momentos de introspección y caminatas dentro del predio, siempre bajo supervisión. La vida dentro de El Messidor se caracterizó por su austeridad y por la ausencia de interacción social.
El entorno natural, que hoy es uno de los principales atractivos del lugar, contrastaba con la situación que se vivía puertas adentro. El lago, los jardines y el paisaje cordillerano eran parte del escenario de un encierro que, si bien no se desarrollaba en una prisión convencional, implicaba un fuerte aislamiento.

Hacia fines de ese mismo año, Isabel Perón fue trasladada a otro destino, lo que marcó el final de su estadía en la residencia neuquina. A partir de entonces, El Messidor retomó su función como espacio institucional.
En la actualidad, el edificio es utilizado como residencia oficial y no se encuentra abierto al público. A lo largo de los años, ha alojado a distintas figuras internacionales y mantiene su carácter exclusivo.



