Error. Por qué no hay que colgar el repasador en la puerta del horno (y dónde ponerlo)
Es una práctica común en los hogares, pero expertos en seguridad y salud advierten que combina dos riesgos, inflamabilidad y proliferación bacteriana.
Parece inofensivo. Está al alcance de la mano, es cómodo y casi todos lo hacen. Pero colgar el repasador en la puerta del horno no es tan buena idea.
Ese gesto cotidiano concentra dos problemas que los especialistas en seguridad doméstica e higiene señalan con insistencia: riesgo de incendio y acumulación de bacterias.
El calor puede encender las fibras

Los repasadores están fabricados, en su mayoría, con algodón u otros tejidos inflamables. Cuando se apoyan sobre la manija de un horno caliente, las fibras pueden quemarse. Si el contacto es con una llama directa u otra fuente de calor, el riesgo escala a incendio.
Aunque los casos extremos no son frecuentes, la posibilidad existe y basta para desaconsejar el hábito.
Bacterias y olores: el problema silencioso

El riesgo menos visible, pero más cotidiano, es el higiénico. Los repasadores acumulan grasa, restos de comida y humedad. Colocados frente a una fuente de calor, esas condiciones favorecen la reproducción de bacterias y la generación de olores.
El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 de España recomienda lavar los repasadores una vez al día o con mayor frecuencia si es necesario. Para quienes no cuentan con suficientes trapos limpios, la opción es reemplazarlos con papel de cocina.
El manual de seguridad en cocinas de Fremap aconseja separar los paños según su uso y evitar colocarlos en superficies calientes o grasosas.
El tercer riesgo: los accidentes físicos
Un repasador mal ubicado también puede caerse al piso. En una cocina con movimiento, especialmente cuando se manipulan recipientes calientes, una tela en el suelo es una causa directa de tropiezos y caídas.
Dónde sí ponerlo

El repasador debe estar en una zona ventilada, seca, limpia y alejada del calor.
Las opciones más seguras son ganchos o barras ubicados en los laterales de las alacenas o directamente sobre la pared. También puede colgarse cerca de la pileta, siempre que sea una zona sin vapor ni grasa.
Lo clave es que quede colgado, no arrugado sobre una superficie, lo que permite que se seque correctamente y reduce la acumulación de microorganismos.



