Polémica. Cómo es la carne de burro que genera debate en Argentina y en qué otros países la consumen

El tema se volvió tendencia tras un caso en Chubut, donde se agotó en pocos días. Entre curiosidad, rechazo y dudas legales, el consumo abre una discusión que trasciende lo gastronómico.

18 de abril de 2026 a las 07:41 a. m.
Cómo es la carne de burro que genera debate en Argentina y en qué otros países la consumen
Cómo es la carne de burro que genera debate en Argentina y en qué otros países la consumen.

La venta de carne de burro en Trelew desató una polémica inesperada en el país. En apenas tres días, el producto se agotó en una carnicería local, donde se ofrecía a $ 7.500 el kilo. El fenómeno no solo despertó curiosidad, sino también rechazo y una serie de interrogantes sobre su legalidad y su lugar en la alimentación argentina.

El caso puso sobre la mesa una discusión poco habitual: ¿es común consumir este tipo de carne? En Argentina, la respuesta es no. Aunque existe un marco normativo que permite la faena de equinos para consumo humano, el hábito cultural está lejos de incorporarla a la dieta cotidiana.

Lo que tenés que saber sobre el consumo de la carne de burro

Según el Senasa, los équidos pueden ser destinados a consumo siempre que cumplan con estrictos controles sanitarios e identificación individual. Sin embargo, una resolución oficial reciente establece que la producción de carne equina en el país está orientada principalmente a la exportación, lo que genera dudas cuando aparece en el mercado interno.

Más allá del debate legal, la pregunta que surge es cómo es esta carne. Estudios científicos la describen como una carne roja magra, con bajo contenido de grasa y alto valor proteico. Además, presenta un perfil de sabor particular, con fuerte presencia de umami, el llamado “quinto sabor”, que aporta intensidad y profundidad.

Desde el punto de vista nutricional, se la ubica cerca de la carne vacuna, aunque con menor cantidad de grasa y colesterol en comparación con cortes más grasos. Esto la vuelve atractiva para quienes buscan alternativas más livianas dentro de las carnes rojas.

A nivel global, su consumo no es extraño. En países como China, Italia y en distintas regiones de África, la carne de burro forma parte de la gastronomía local y tiene un mercado consolidado. En esos contextos, no genera controversia, aunque sí convive con regulaciones específicas.

Sin embargo, en muchas culturas, incluido Argentina, el principal obstáculo es simbólico. El burro es visto como un animal de trabajo, cercano a la vida rural y cotidiana, lo que dificulta su aceptación como alimento.

Organizaciones como The Donkey Sanctuary advierten además que el crecimiento del comercio global vinculado a este animal, especialmente por el uso de su piel en productos como el ejiao, plantea desafíos en términos de bienestar animal y trazabilidad.