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El divorcio de hoy

Siempre la separación (o el divorcio) implica que cada integrante de la pareja cambia de posición y deja de ser un objeto privilegiado de la mirada y el afecto del otro.

23 de octubre de 2013 a las 12:03 a. m.
María Aurora Bello*
El divorcio de hoy

"… aunque me entierren a su lado, de sus cenizas a mis restos no habrá ningún pasadizo…". Simone de Beauvoir ("La ceremonia del adiós") Las variantes sociohistóricas que empezaron a hacerse visibles a partir del cambio de siglo, como la caída de los ideales de la modernidad, la declinación del patriarcado, el incremento del individualismo, los cambios en el lugar de la mujer, las nuevas organizaciones familiares, la frecuencia de los divorcios, las familias posdivorcio, las de un solo progenitor, las de parejas homosexuales, implican una novedad que atraviesa a la sociedad e interroga a las ciencias que se ocupan de las dinámicas entre los sujetos. El paradigma de pensamiento de la modernidad respecto de la familia elaboró lugares y funciones invariantes para esa institución, mientras que al divorcio y las nuevas construcciones los consideró una excepción. Hoy s e amplían los interrogantes y exigen una mayor complejidad en la mirada. La familia, si bien continúa siendo indispensable para el proceso de humanización del sujeto, comparte precozmente la producción de subjetividad con otras instituciones (jardines maternales, escuelas, etcétera) y con otras personas significativas no familiares, y aún con otros sin nombre a través de los medios de comunicación. Siempre la separación (o el divorcio) implica que cada integrante de la pareja cambia de posición y deja de ser un objeto privilegiado de la mirada y el afecto del otro. Siempre es una construcción vincular: amarse como desamarse. Aunque no se dé en el mismo momento para ambos miembros de la pareja. La separación es un proceso en el que se desenmascaran y actualizan los conflictos anteriores de la pareja. Por eso, separarse nunca es fácil. Muchas parejas no lo logran, y el costo es un sufrimiento intenso. Otras no pueden estar juntas ni separadas. Por eso, cuando en la pareja hay hijos, las cosas se vuelven más complejas, porque la crisis y la intención de separarse atraviesa a todos y los incluye en el dificultoso trabajo de duelo, de haber perdido la ilusión de que con el amor que los conformó en pareja, "se puede conjurar la vejez, la enfermedad y la muerte, proveniente de la conjunción de los anhelos de eternidad que el amor prometía", según escribió Janine Puget.Elina Aguiar analiza la crisis en la separación como una crisis de creencias, lo que genera desconfianza, desorientación y/o desesperación. Como un exilio, por no compartir los mismos códigos, por no ser reconocido, por perder la identidad social-conyugal, por perder el hábitat, los puntos de referencia y las certezas habituales, acompañando estas pérdidas de una gran angustia de no pertenencia. En este contexto los vínculos consanguíneos son altamente valorados, como aquellos que no se han de perder.

*Docente de la Asociación Psicoanalítica de las Configuraciones Vinculares de Córdoba y del posgrado en Psiquiatría Infanto-Juvenil de la Facultad de Medicina de la UCC